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Algo por lo que merece la pena luchar


El director de este Diario Progresista, reflexionaba en su carta diaria sobre “La vida atribulada de un militante de base” socialista y terminaba diciendo que la función hace al militante, pague o no sus cuotas, sea afiliado, simpatizante, votante o simplemente desencantado, haciendo una pregunta ¿Qué función tienes tú? Yo abandoné la militancia en el Partido hace unos años; aunque nunca la militancia socialista por la igualdad, la justicia social y la solidaridad.

Desde que conocí estas ideas, enseguida me di cuenta que era algo por lo que merecía la pena luchar, como dijo Orwell. La justicia social, la desigualdad y la solidaridad, fueron demandas del Partido de Pablo Iglesias y transcurridos más de cien años, en lo esencial, siguen siendo hoy; proclamas y reivindicaciones vigentes, para el mayor bienestar y dignidad de las personas.

Por aquel entonces se consideraba que la sociedad era injusta, porque dividía a sus miembros en clases desiguales y antagónicas: los dominantes y los dominados. Los que lo tienen todo, recursos, dinero y poder; y los que nada tienen, salvo su fuerza vital para trabajar. Los privilegios de la burguesía estaban garantizados por el poder político y económico, del cual se valía para dominar a los trabajadores. Por superar estas contradicciones comenzó la lucha de los socialistas decimonónicos. Aquel análisis, vale para hoy, y la lucha sigue siendo necesaria para conseguir los mismos objetivos.

Cuando todo iba consiguiéndose y superándose lentamente, durante la Segunda República, llegó la guerra y con ella, la oscura noche de la dictadura. Muerte, dolor, exilio y sufrimiento para tantos compañeros y compañeras, que posiblemente no entenderían hoy, la situación por la que atraviesa el Partido; sin un norte ideológico claro ¿o sí lo tiene?, que sería aun peor.

La historia del PSOE es larga y rica en debates sobre ideas, estrategias y objetivos. Recuperar la memoria es importante para conocer y superar, lo superable. En el Congreso de Suresnes (1974) comenzó el cambio de orientación política e ideológica, de la edad moderna del Partido; donde se acordó adaptar la idea y la acción a la lucha por la democracia y las libertades desde el interior. En el XVIII Congreso, allá por el año 1979, con aquel “hay que ser socialistas antes que marxistas” de Felipe González (y su maniobra de dimisión como secretario general), continuó la revisión ideológica, y ya no se ha parado. Aquel día, que por cierto yo estaba en el servicio de orden del congreso, entendí lo que significaba aquel discurso: vaciarse, soltar lastre, entregar el método, la forma de la acción y algunos objetivos históricos, por el reconocimiento internacional.

Con la etapa de Transición a la democracia, el Partido y su siempre leal y responsable política de Estado, entendió que lo primero era lo primero y por tanto prioritario. Con ello se volvió a perder algún que otro principio ideológico y seña de identidad: hay que ser socialista antes que marxista y además sin República y con monarquía parlamentaria.

Con los primeros gobiernos socialistas, todo fue diferente. Desaparecida supuestamente la lucha de clases, comenzó el avance hacia el bienestar: educación para todos, sanidad universal, prestaciones y derechos sociales; cultura, inversiones, hospitales, carreteras,… Parece que podíamos convivir con el “capitalismo”; construíamos un estado social democrático y de derecho; ese era el objetivo. Después, poco a poco, todo se fue frustrando. El bienestar con democracia, no era lo mismo que el socialismo democrático; el capitalismo estaba intacto y la ideología socialista en venta. Siendo Rodríguez Zapatero, secretario general, la ideología se fue a “los cerros de Ubeda” y desde allí, su política de derechas.

Y llegamos al estado actual. La ciudadanía se aleja de la política y entiende que los políticos son su problema. Los votos han dado el poder a la derecha más reaccionaria. Los electores han dado la espalda al partido socialista, o “ha sido el partido quien ha dado la espalda a sus votantes” de siempre (Arsenio Escolar en 20 Minutos). La derecha tiene todo el poder y hace uso de él para acometer reformas estructurales que desvirtúan al propio Estado Social y Democrático de Derecho.

Y ante esta realidad calamitosa cuál es la alternativa del Partido Socialista Obrero Español. ¿Hacer una política corta, a la zaga de la política de la derecha, enmendando, proponiendo pactos y acuerdos por responsabilidad? La crisis económica y financiera actual, no puede ser la coartada para hacer lo que los mercados y el poder económico nacional e internacional demandan, como se ha estado haciendo en los últimos gobiernos socialistas. Nueva excusa, para no moverse o seguir retrocediendo. Ya no vale.

Algunos líderes del Partido dicen que el pueblo ha hablado y que se ha entendido su mensaje. Eso ya lo he escuchado yo en otras ocasiones, pero bien venido sea, si lo que se quiere decir es que se van a hacer las cosas de otra manera; pero no es cuestión de renovación. Ha habido demasiada renovación en la historia reciente del partido. Es algo más que eso: es recuperar señas de identidad. Los socialistas tienen que enfrentarse con su realidad ideológica y política; enfrentarse con las políticas hechas, reconocer, si esas políticas, han sido las causas del alejamiento y el descenso del apoyo electoral y el rechazo social; y rectificar en el modo de ser y actuar para el futuro.

A mi entender, los socialistas tienen que hacer una oposición seria y contundente, en un frente amplio de izquierdas; enfrentarse y dar respuestas a los nuevos retos que la sociedad demanda; dotarse de una organización fuerte, sólida y participativa, en la que la opinión de las bases sean tenidas en cuenta; leal con las ideas, principios y valores socialistas de siempre; representar los intereses de quienes tienen que trabajar para poder vivir y a los más necesitados socialmente; presentar un modelo social diferente y alternativo, por una sociedad justa, en la que la igualdad sea una realidad y la solidaridad una forma de ser y actuar. Tiene que recuperar la ideología socialista, con todas las consecuencias, como fondo y forma de hacer política.

Hoy no milito en el Partido (ni en ningún otro), pero mi función, autoimpuesta, como socialista es: luchar y difundir los valores y principios que identifican la justicia social, la igualdad y solidaridad. Hoy, como ayer, la lucha sigue siendo necesaria para conseguir los mismos objetivos.

 

Se publicó en Diario Progresista el 29 de octubre de 2012 

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Víctor Arrogante
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