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El
escenario
La democracia bajo el "desencanto"
TEXTO: CÉSAR RODRÍGUEZ
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| Desde 1936 a
1975, Franco gobernó España a través de un régimen
autoritario y personal que no le sobrevivió. Tres años después
de su muerte, la democracia volvió a España en forma de
monarquía parlamentaria, a través de una transición modélica.
Sin embargo, aún habrían de pasar varios años y algunos
sobresaltos para que el nuevo régimen político se asentara. |
| 23
de febrero de 1981, la democracia, que tuvo que esperar
cuarenta años para reinar en España, se enfrentaba al
mayor de los peligros: un golpe de Estado militar.
Franco había muerto seis años atrás, pero el espíritu
de la dictadura seguía vivo. Vivo en aquéllos que habían
rechazado que el Rey, el sucesor nombrado por el
Caudillo, desmontará uno a uno los engranajes del
"antiguo régimen" y diera paso a un sistema
político democrático, renunciando a sus poderes. Vivo
para los militares que odiaban a Adolfo Suárez, el
presidente que legalizó al Partido Comunista, y al
proceso autonómico que iba a "partir España".
Vivo, en definitiva, para todos los nostálgicos de la
etapa iniciada el 18 de julio de 1936, cerrada el 6 de
diciembre de 1978 con la entrada en vigor de la
Constitución vigente. |

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo protagonizaron uno de
los momentos más calientes de la transición a la
monarquía parlamentaria, cuando el Partido Comunista
fue legalizado con la oposición del Ejército. |
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La nostalgia se daba de la
mano con la recesión económica. En España, los efectos de la
crisis petrolífera de 1973 se notaron más tarde por la acción
del Gobierno, pero fueron devastadores. La inflación se disparó,
aumentando los precios en general. Además, el desempleo crecía
día a día. Esta situación negativa contrastaba con la bonanza
vivida en los últimos tiempos del franquismo. Entonces, en una
coyuntura de crecimiento económico generalizado basado en el
turismo, la economía española batía récords.
Uno de las principales acusaciones que se le hacían al sistema
constitucional era el del terrorismo. La llegada de un régimen
democrático y la puesta en marcha de procesos de autonomía no
habían terminado con las acciones de bandas armadas como ETA o
el GRAPO. El goteo de sangre era muy frecuente y, con cada
crimen, el prestigio de la democracia mermaba. Aquélla era la
época del desencanto. La euforia desatada a la muerte del
dictador iba dejando paso a sensaciones que degeneraban en una
frase lapidaria: "Con Franco esto no pasaba".
El "desencanto" se había apoderado del país. Esta
palabra reflejaba a la perfección el estado de ánimo que
imperaba en la España de los primeros 80. La democracia había
dejado de ser un ideal, la panacea, para formar parte de una
vida cotidiana en la que los ciudadanos eran libres, pero no tenían
garantizada la felicidad.
Estábamos en 1981, en febrero, y a la mala situación económica,
al terrorismo y al ruido de sables en los cuarteles se le unió
la dimisión de Adolfo Suárez. Y en éstas llegó Tejero
pistola en mano.

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La
ultraderecha en la transición
Las urnas tumbaron a los restos del 'bunker'
TEXTO: E. FERNÁNDEZ
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| Las urnas fueron
letales para la ultraderecha durante la transición. Tan sólo
un diputado, Blas Piñar, en tres convocatorias electorales
(1977, 1979 y 1982). Su partido, Fuerza Nueva se disolvió tras
el 28-0 que llevó a los socialistas al poder. Otras fuerzas políticas,
encabezadas por ilustres del franquismo, apenas fueron
conocidos. |
| Fuerza
Nueva había sido creada en 1966 con la idea de «mantener
vivos los ideales del 18 de julio de 1936». Su líder,
el notario madrileño Blas Piñar, hijo de un militar
defensor del Alcázar de Toledo en los comienzos de la
Guerra Civil, siempre fue bien visto por el poderoso
almirante Carrero Blanco, aunque durante el régimen de
Franco sólo ocupase el cargo de director del Instituto
de Cultura Hispánica, del que fue cesado, tras la
publicación, en el Abc, de un virulento ataque contra
Estados Unidos, titulado «Hipócritas». |

Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva. En la foto, de
1978, realiza el saludo fascista en un mitín celebrado
en el Palacio de los Deportes de A Coruña. |
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Piñar siempre ha sido un
partidario decidido de la «democracia orgánica» y un crítico
de la monarquía parlamentaria y de la Constitución. No
obstante, y a pesar de manifestar después de su fracaso
electoral de junio del 77 que agradecía a Dios no haber salido
senador, cuando fue elegido diputado en el Congreso en marzo del
79, dijo: «La Providencia nos ha dado un escaño, y desde ahí
vamos a mover a España, a Europa y el mundo».
Los dos partidos acompañantes de Fuerza Nueva durante la
transición fueron la Confederación Nacional de
Ex-Combatientes, de José Antonio Girón, y Falange Española de
las JONS, de Raimundo Fernández-Cuesta. Respecto a ideólogos,
bueno será señalar, aparte los ya citados, a Gonzalo Fernández
de la Mora, autor, precisamente, del libro «El crepúsculo de
las ideologías», best-seller del franquismo, al que añadiría
«Los errores del cambio», a mediados de los ochenta. En las
elecciones de junio de 1977 se presentaron en coalición Fuerza
Nueva y Falange Española de las JONS, con la colaboración de
Acción Nacional y la Confederación de Ex-Combatientes,
adoptando el nombre de Alianza Nacional del 18 de Julio. Por su
cuenta se presentó la Falange Española Auténtica, seguidora
de Manuel Hedilla y que siempre hizo gala de mantener sensibles
diferencias con el partido liderado por Fernández-Cuesta. Los
resultados de las urnas fueron desalentadores, obteniendo la
Alianza en toda España 154.413 votos y la Falange Auténtica
40.978.
En
las elecciones generales de marzo de 1979 la
ultraderecha adoptó la denominación de Unión
Nacional, obteniendo un diputado en toda España, que
fue Blas Piñar, por Madrid, gracias a algo más de cien
mil votos (110.730), equivalentes a las personas que se
congregaban en la Plaza de Oriente cada 20-N, aunque la
prensa ultra escribiese que eran medio millón. La
Falange auténtica sufrió otro descalabro, por lo que
no volvió a presentarse, igual que el Partido Carlista.
En las elecciones generales de marzo de 1979 la
ultraderecha adoptó la denominación de Unión
Nacional. Los resultados siguieron siendo malos. |

La presencia política de la ultraderecha ha ido
menguando a medida que el 'antiguo régimen' quedaba más
lejano en el tiempo. Hoy las formaciones de este signo
son marginales. |
Obtuvieron un diputado en toda
España, que fue Blas Piñar, por Madrid, gracias a algo más de
cien mil votos (110.730), equivalentes a las personas que se
congregaban en la Plaza de Oriente cada 20-N, aunque la prensa
ultra escribiese que eran medio millón. La Falange auténtica
sufrió otro descalabro, por lo que no volvió a presentarse,
igual que el Partido Carlista.
Las elecciones del 28-10-82 presentaron una ultraderecha
disgregada. Por un lado, Fuerza Nueva; por otro, Falange Española
de las JONS, además de Solidaridad Española (partido liderado
desde la cárcel por el teniente coronel Tejero) y el Movimiento
Falangista. La Ley D'Hont los desintegró todavía más y FE de
las JONS, que fue el que más votos obtuvo en Madrid, sólo llegó
a los 31.635, quedandose Fuerza Nueva con 20.139.

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| La Casa del Rey |
Juan Carlos I: la actuación del Rey fue decisiva
para frenar la intentona como Capitán General y Jefe
Supremo de las fuerzas armadas reiterando su apoyo al
orden constitucional, sobre todo por su mensaje
televisado y sus conversaciones con la cúpula del Ejército.
Sin embargo, algunas teorías le implican en una operación
destinada a restaurar el prestigio de la democracia. |
Sabino
Fernández Campo: militar, fue subsecretario de
Información y Turismo en el primer Gobierno de Suárez.
En 1977 entró en la Casa del Rey como secretario
general, sustituyendo a Alfonso Armada. Su posterior
enfrentamiento con el general fue relevante para abortar
el golpe. La noche del 23-F fue el hombre de confianza
del monarca. |
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Los golpistas  |
Alfonso
Armada: antiguo preceptor de Don Juan Carlos, era el
candidato principal para ocupar la jefatura del Gobierno
tras el triunfo del golpe de Estado. La figura del
ex-general es la más polémica por su vinculación al
monarca, en cuyo nombre dijo actuar. Visitó a Tejero en
el Congreso aquella noche. Fue indultado en 1991. Hoy,
retirado en su pazo de Rivadulla, continúa proclamando
su inocencia. |
Jaime
Milans del Bosch: descendiente de una saga de
militares, era capitán general de Valencia la noche del
23-F. Allí mandó sacar los tanques a las calles y
publicar un bando en el que proclamaba la ley marcial.
Su acción de apoyo a Tejero hizo pensar que la
intentona podía triunfar. Retiró las tropas después
de hablar con el Rey. Fallecido hace cuatro años, había
salido de la cárcel en 1990. |
Antonio
Tejero: teniente coronel de la Guardia Civil, había
estado implicado en otra conspiración, la Operación
Galaxia, en 1978. Dirigió pistola en mano el asalto al
Congreso. Su agresividad hizo temer que la intentona
golpista acabara con una masacre. Condenado a 30 años,
obtuvo la libertad condicional en 1996. Antes, se le había
denegado el indulto por su negativa a reconocer la
Constitución. |
Ricardo
Pardo Zancada: comandante, actuó como enlace con
Milans del Bosch. Ocupaba un alto puesto en el Estado
Mayor de la Brigada acorazada, y fue el jefe de la única
unidad militar que se unió en el Parlamento a los
guardias de Tejero. Condenado a 12 años de cárcel, en
1998 publicó un libro donde implica a un gran número
de oficiales y a los dirigentes políticos de entonces. |
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Los políticos  |
Adolfo
Suárez: presidente de Gobierno desde 1976, dimitió
el 29 de enero de 1981 después de ser el "hombre
de la transición" y ganarse la enemistad de los
militares por la legalización del Partido Comunista.
Varias fuentes vieron en su renuncia un intento de
frenar una conspiración castrense. Otros, sin embargo
la atribuyen a las dificultades para gobernar. Abandonó
UCD para fundar el CDS. |
Leopoldo
Calvo Sotelo: segundo primer ministro bajo la
democracia, la noche del "tejerazo" se votaba
su investidura. Reanudada la sesión unos días después,
sustituyó a Suárez al frente del Gobierno en minoría
de UCD. Su ejecutivo recurrió ante el Tribunal Supremo
para pedir un aumento de las penas para los golpistas. |
Manuel
Gutiérrez Mellado: teniente general y
vicepresidente del Gobierno Suárez, se enfrentó a
Tejero en el Congreso y fue zarandeado por los guardias
civiles a quienes intentó dominar. Hombre clave en la
transformación del Ejército franquista, su actuación
fue un ejemplo de compromiso con la democracia y la
Constitución. Murió en 1995, homenajeado por toda la
clase política. |
Santiago
Carrillo: secretario general del Partido Comunista,
fue uno de los protagonistas de la transición pactada
al reconocer a la monarquía y renunciar a reclamar la
república. Enemigo número uno de los grupos de
ultraderecha, su figura fue demonizada por los elementos
más reaccionarios del Ejército. Durante el asalto se
temió especialmente por su vida. |
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Los
interrogantes del 23-F
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| El
23-F generó un cúmulo de interrogantes que sólo el tiempo
-auténtico bálsamo de la historia- podrá ir respondiendo. Fue
un episodio que se quiso dejar atrás cuando antes. Pero muchas
de estas preguntas encierran la respuesta. |
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1.-¿Por
qué todavía no se ha investigado la frase que el presidente Adolfo
Suárez pronunció en su despedida, tras su extraña
dimisión: «No quiero que la democracia sea, una vez más,
un paréntesis en la historia de España»?
2.-El diario
ultraderechista El Alcázar publicó el día anterior al
23-F, en su primera página, una fotografía con el Parlamento
vacío, una flecha blanca y grande que entraba por el ángulo
superior izquierdo de aquella y dentro de la flecha esta frase:
«Todo dispuesto para la sesión del lunes». Casualmente, o no,
una línea imaginariamente trazada en horizontal desde la punta
final de la flecha hasta la columna de texto, a la derecha, que
firmaba el director Antonio Izquierdo, coincidía con estas
palabras: «Antes de que suenen las 18.30 horas del próximo
lunes» (que fue cuando Tejero tenía pensado entrar en el
Congreso). ¿Por qué nadie investigó esta posible contraseña?
3.-.-¿Por
qué nadie investigó lo aparecido en la revista «Spic»
del mes de febrero, donde un tal Otis escribía en el penúltimo
párrafo de su columna: «No es cierto que yo pretenda dar un
golpe militar el lunes 23 de febrero por la tarde... ¡Además,
no sé!»?
4.-¿Por qué
el capitán Sánchez Valiente, «el hombre del
maletín», que se marchó al extranjero tras fracasar el 23-F y
no volvió hasta varios años después, sólo fue juzgado por «abandono
de destino» y no por colaborador del golpe?
5.-.-¿Por qué
no se investigó la frase del coronel San Martín en el
juicio de Campamento: «Por una confidencia supe que más gente
estaba enterada e implicada... más de los que aquí
comparecemos. ¡Allá ellos y sus conciencias!»?
6.-¿Por qué
el Rey, en su telex a Milans del Bosch, dijo: «... después
de este mensaje ya no puedo volverme atrás»?
7.-¿Por qué
el Rey tuvo que decir aquello de: «Ni abdico, ni me voy.
Tendréis que fusilarme»?
8.-¿Por qué
de los numerosos militares a los que se les dijo que el
Rey respaldaba el golpe, a ninguno se le ocurrió comprobarlo
llamando a la Casa Real?
9.-.-¿Por qué
no se reveló el nombre del «portavoz parlamentario»
que iba a servir de interlocutor entre los golpistas y los
diputados?
10.-.-¿Por
qué el Gobierno de la UCD giró radicalmente a la
derecha tras el fracaso del golpe?
11.-¿Por
qué el golpe aceleró nuestra integración en la OTAN?
12.-¿Por
qué no se quiso identificar, con lo fácil que era, a los
tenientes y guardias que agredieron al vicepresidente del
Gobierno Manuel Gutiérrez Mellado?
13.-¿Por qué
dijo Armada a Aramburu (director de la Guardia Civil),
nada más llegar al Hotel Palace en la medianoche del 23-F: «Vengo
porque me has llamado tú»?
14.-¿Por qué
se impidió a Armada revelar en el juicio el contenido de su audiencia
con el Rey (que duró hora y media) en la Zarzuela, diez días
antes del 23-F?
15.--¿Por
qué el Consejo de Guerra que juzgó a los implicados en
el golpe condenó al general Armada a seis años de prisión y
luego el Supremo elevó la pena a 30 años, la misma pena que a
Tejero y Milans?
16.-¿Por qué
no se investigó debidamente el asalto al Gobierno Militar de
Madrid con intervención de elementos ultraderechistas?
17.-¿Por qué
no se investigó quién era la autoridad, «militar por supuesto»,
que anunció el capitán Muñecas desde la tribuna del
Congreso que iba a llegar en breve para hacerse cargo de la
situación?
18.-¿Por qué
Quintana Lacaci, capitán general de la I Región,
manifestó posteriormente que si el Rey le hubiese ordenado el
23-F sacar sus tropas a la calle y ocupar Madrid le hubiese
obedecido? ¿Es que no sabía Quintana que ello era contrario a
la Constitución? ¿Es que ignoraba que ésta confería al Rey
la jefatura de las Fuerzas Armadas sólo a título
representativo y no ejecutivo, pues ello es potestativo del
poder civil?
19.-¿Por qué
no se investigó y llamó al orden al teniente general
Ignacio Alfaro, presidente de la JUJEM, quien, tras ver el
mensaje del Rey por TVE, se fue a dormir («echar una cabezadita»,
según su ayudante)?
20.-¿Por qué
no se detuvo a Torres Rojas en la propia Acorazada «Brunete»
cuando, a pesar de ordenarle su capitán general, Manuel Fernández
Posse, que regresara a A Coruña, continuó varias horas más en
la División?
21.-Si la RTVE
estuvo controlada por una pequeña columna militar en las
primeras horas, no fue así con las radios privadas, que
siempre estuvieron libres. De ahí surge la pregunta: ¿Por qué
el Rey no utilizó una de ellas, la SER por ejemplo, para
dirigirse por sus ondas, aunque fuese brevemente, para dar
tranquilidad al país?
22.--¿Por qué
el Gobierno español no protestó ante el de Estados Unidos
por la frase despectiva de su secretario de Estado, Alexander
Haig, al conocer la invasión del Congreso («Es un asunto
interno de los españoles»), cuando lo normal hubiese sido
solidarizarse con el mantenimiento de la democracia en España y
el rechazo al militarismo golpista?
23.-.Carmen
Echave, doctora distinguida con el lazo de Isabel la Católica
por su labor humanitaria en el Parlamento el 23-F, declaró lo
siguiente («El Correo Español», 24-2-91): «Cuando aquella
noche me condujeron los guardias al despacho del vicepresidente
del Congreso, Modesto Fraile, me prohibieron encender la luz. «Es
por su seguridad. No le conviene ver quiénes están ahí», me
dijeron. Allí dentro había civiles. Sugerí al ministro Rosón
que mandase analizar una botella de coñac francés que habían
regalado días antes al vicepresidente y que las personas allí
reunidas se estaban bebiendo. Tenía que estar llena de huellas
dactilares. Pero a nadie le interesó investigar». ¿Por qué?

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Alfonso
Armada, 20 años después del golpe
"Aún
no sé por qué me condenaron por el 23-F"
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ENTREVISTA:
CARLOS FERNÁNDEZ
FOTOS: XURXO LOBATO
Veinte
años después de la noche que puso en peligro a la democracia
española, el ex-general Alfonso Armada continúa defendiendo su
inocencia. Considerado como uno de los principales responsables
del golpe, ahora responde a diez preguntas sobre aspectos clave
del 23-F. Ha contestado sin pensarlo mucho, aunque hay
historiadores que titulan el capítulo dedicado a él como
"Las dudas de un general".
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-¿Usted
le ofreció a Tejero 600 millones de pesetas y un avión en la
base de Getafe para salir de España?
-Si yo le ofrezco a Tejero 600 millones para irse de España me
da un tortazo. Lo que si le dije, sin mucho hincapié, es que
estaba un avión preparado por si quería salir del país.
-Cuando Gabeiras, su jefe inmediato, se
despidió de usted para ir al Congreso el 23-F, alguien aseguró
que le dijo: «Mucha suerte, presidente, y a tus órdenes». ¿Qué
hay de cierto?
-Radicalmente falso. Además del propio Gabeiras,
tengo como testigo a su ayudante, el coronel Sierra, que lo
desmintió rotundamente.
-Pero, realmente, ¿qué le propuso a
Tejero cuando fue a verle al Congreso?
-Que me permitiese entrar en el hemiciclo para hablar a los
diputados. Pero que antes tenía que retirar a la tropa de allí.
No me admitió ni una cosa ni otra.
-¿Y la lista del futuro Gobierno que
llevaba en un papel, donde aparecía Felipe González como
vicepresidente y Manuel Fraga de ministro de Defensa?
-Yo no llevaba ninguna lista de Gobierno ni nada que se le
pareciese. El único papel que llevaba era uno con el teletipo
de Milans en la Capitanía de Valencia. Cuando se corrió ese
bulo, casi me dio la risa y ni lo desmentí. No soy tonto y sé
cual es el procedimiento que existe para nombrar un Gobierno. Sé
que el Rey propone un candidato y que luego hay una sesión de
investidura en el Parlamento y una o varias votaciones.
-Hablando del Rey, ¿es verdad que se
le impidió ir a la Zarzuela?
-Nadie me impidió que fuese a la Zarzuela y si hubiese querido
ir hubiese ido. Las dos conversaciones que tuve el 23-F con Su
Majestad fueron cordiales.
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"Fui
al Congreso a buscar una solución"
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-Hasta
ahora, usted no había contado a nadie su conversación con el
Rey el 13-2-81, cuando se fue a presentar como segundo Jefe del
Estado Mayor. Pidió luego, en el juicio, permiso por escrito a
la Zarzuela para poder contar dicha conversación (que duró
hora y media), pero no se lo dieron. ¿Por qué la ha contado
ahora en el libro de Cuenca Toribio?
-Yo he hablado mucho con el catedrático
Cuenca Toribio sobre estos hechos. El vino a verme un día y me
dijo: «La historia hay que contarla lo más fielmente posible y
yo quiero hacerlo con el 23-F, por lo que creo que es
conveniente que hablemos». Y me pareció un hombre honesto y le
comenté muchas cosas, incluyendo esa conversación con el Rey,
porque el día de mañana, cuando yo falte, bueno será que
estas cosas se sepan de primera mano y no por rumores o informes
parciales.
-Por cierto, ¿era usted el «elefante
blanco» que esperaban los asaltantes al Congreso?
-No. Mire, Tejero dijo varias veces que esperaba un militar de
alta graduación en 20 minutos y yo tardé más de cinco horas.
Y después, no sólo no me hizo caso, sino que me dijo que no
volviese.
-¿Y qué le dijo Aramburu (el director
de la Guardia Civil) cuando le llamó para que fuese al
Congreso, pues a él Tejero no quería ni verle?
-Pues, más o menos, en lenguaje coloquial, me dijo: «Mira
Alfonso, aquí se va a organizar algo muy gordo, pues Tejero
tiene encañonados a los diputados y se puede cargar a Carrillo,
o a quien sea». A mí, desde la Zarzuela, Sabino me dijo: «Vete,
pero a título personal».
-El coronel Martínez-Inglés, en un
libro reciente, transcribe un testimonio del capellán de la
prisión de Alcalá, Mariano del Cid, en el que dice que usted
le comentó que el Rey, en 1980, le propuso ser presidente de un
Gobierno de concentración nacional para salvar a España, la
democracia y la corona, ¿qué tiene que decir?
-Totalmente falso. Ni conozco a ese coronel ni he
dicho nunca nada de eso. Es como una sirvienta mía que me decía
que habían robado el pazo, pero lo había visto en sueños,
porque luego despertaba y nadie había robado nada.
-Dos
días después del 23-F, usted envió una nota al Jefe del
Cuarto Militar del Rey y a Gabeiras explicándoles su actuación
en el Congreso, ¿recibió contestación?
-La estoy esperando todavía.
-En resumen, ¿a qué fue usted al
Congreso el 23-F?
-Fui a buscar una solución que permitiese salir de aquel
embrollo, que no hubiese sangre y que se liberase a los
diputados. Es falso que esa solución fuese un Gobierno de
coalición presidido por mí. No he tenido ni tengo ambiciones
políticas. Sólo he querido servir a España y al régimen monárquico
que la encarna.

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Santiago
Carrillo, 20 años después del golpe
"El
23–F fue un espectáculo bochornoso"
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ENTREVISTA:
JACINTO RUIZ
FOTOS: SERGIO PÉREZ
Santiago
Carrillo fue, junto a otros muchos, protagonista de excepción
del 23-F. Él estuvo allí y se mantuvo erguido, sin tirarse al
suelo, mientras Tejero y sus hombres disparaban y amenazaban al
Congreso. Ahora lo recuerda todo con la tranquilidad que da el
tiempo.
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-¿Ha
acabado ya la transición?
-Lo que se llama la transición española sí que ha
acabado, lo que pasa es que quizás estemos viviendo un
periodo de transición en el mundo. Están cambiando
muchas cosas.
-¿No siguen las mismas familias de poder del franquismo
que hace 20 años?
-Es muy difícil negar que no siguen las mismas familias
del franquismo. En Galicia está el señor Fraga, como
presidente de la Xunta y en el Gobierno están algunos
de los nietos, hijos o sobrinos que gobernaron con el régimen
pasado. Su imagen ahora no es la del falangista, sino la
del hombre de partido que quiere ajustarse a la
democracia, aunque se les ve el pelo de la dehesa.
-¿Ha acabado ya la transición?
-Lo que se llama la transición española sí que ha
acabado, lo que pasa es que quizás estemos viviendo un
periodo de transición en el mundo. Están cambiando
muchas cosas.
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| Es
un hombre difícil de sorprender. A la pregunta de si la
España de ahora se parece a la de 1981, afirma: «Hombre,
evidentemente se parece, lo que no quiere decir que sea
lo mismo. Estos años transcurridos han servido para
suavizar la hostilidad a la democracia de ciertos
grupos. La edad les ha llevado a un tránsito más
tranquilo» |
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-¿Qué
recuerda de aquella tarde-noche, tan llena de tensión?
-Muchas cosas, y con tantos libros sobre el tema es difícil de
olvidarlo. No es bueno que eso ocurra. De aquella tarde
recuerdo, en primer lugar, la sorpresa de la entrada de un
comando disparando y poniendo al Congreso en el suelo. Fue un
espectáculo bochornoso.
-¿Se ha preguntado alguna vez por qué fue el único que no se
agachó de los que estaban en los escaños?
-Creo que porque tuve más reflejos y sensibilidad política
que otros colegas. En milésimas de segundo me di cuenta que era
Tejero quien entraba y que si triunfaba, para mí iba a ser muy
peligroso y, además, yo era un elegido por el pueblo y tenía
que evitar que aquella banda se burlara.
-¿Temió el triunfo del golpe?
-A pesar de que luego hubo quien dijo que no podía triunfar
de ninguna manera, el golpe estuvo muy cerca de conseguir el éxito.
De hecho, para evitarlo hubo que estar horas y horas hablando
con militares cuya predisposición era sublevarse. La gente
pregunta por qué el Rey tardó en salir a la televisión. Se
han dado diversas explicaciones, pero la más clara es que
estuvo convenciendo a los militares, porque era muy dificil
imponer la autoridad.
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"Los
años desactivaron el golpismo"
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-¿Qué
cree que fue, realmente, lo que anuló el golpe: que no
apareciese «la autoridad militar, por supuesto»
anunciada, que los españoles se movilizaran en la
llamada noche de los transistores o que el Rey mandase
parar al Ejército?
-Lo que fue decisivo, esa noche, fue la la gestión que
hizo desde la Zarzuela el general Sabino Fernández
Campos, con el apoyo del Rey para convencer y en algún
caso imponer la obediencia a la Constitución. El golpe
estaba mal preparado, pero era algo de lo que se hablaba
y todo el mundo intuía en aquellos tiempos.
-¿Quien era la autoridad militar que esperaban?
-Ningún libro lo ha desvelado, pero yo creo que la
autoridad militar era el general Armada que tenía, según
el plan, que presentarse a unas Cortes acobardadas bajo
las metralletas de la Guardia Civil para arrancarles por
la fuerza un voto de confianza que le permitiera formar
lo que llamaban un gobierno de salvación nacional. Lo
que pasa es que cuando Tejero se enteró de que el
Gobierno iba a formar Armada, él, que era un ultra en
estado puro, le dijo: no, no, aquí no pasa usted, me he
sublevado y he corrido un riesgo para establecer una
junta militar pero no para lo que usted propone. Yo creo
que eso fue, junto con la actuación del general Sabino
y el Rey, además de horas de negociación, lo que
desmontó de una vez el golpe de Estado.
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-¿Por
qué la consolidación de la democracia se hizo a costa
de gente como usted?
- Creo que se ha hecho también a costa de figuras como
Adolfo Suárez. Probablemente los que intervienen en un
momento crítico como aquel pagan un precio y se queman.
Quizás me haya quemado y además tenía otros
problemas, ya que desde la URSS se hacía campaña
contra mí, pero bueno, yo doy por bien empleado el
sacrificio a la existencia de un régimen democrático
en este país. |
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-Es curioso que un golpista frenase a la
conspiración.
-Las auténticas cabezas del golpe subestimaron la personalidad
de Tejero, un tío echado pa alante, pero con sus ideas:
dictadura militar y lo que aparentemente proponía Armada, algo
así como una ficción de gobierno constitucional. Pero Tejero,
en su simplicidad ultra, no entendía eso.
-¿Hay algo que todavía no se ha dicho?
-Se ha dicho casi todo, lo que pasa es que ese casi todo no
estuvo en el proceso. Pero en los últimos libros se ha
explicado todo.
-¿La trama civil también ha quedado esclarecida?
-La trama civil, no y ademas pienso que era muy confusa: antes
del golpe yo tuve que desautorizar dos veces públicamente a Ramón
Tamames, que entonces era miembro del Partido Comunista y que
pedía la presencia de un general.
-¿Es qué habían contado con Tamames?
-No lo sé. También se habló de negociaciones con el PSOE.
Recuerdo la frase de Tarradellas de que era necesario dar un
golpe de timón. Todo ello sin citar a Carrés, el falangista, o
a otros muchos como él.
-¿Cuándo desaparece, tras el 23-F, la sensación de que no
habrá ya más ataques militares a la democracia?
-Años despues, cuando hubo una mutación biológica y muchas más
cosas. Mire, siempre he sido adversario de la OTAN, y sigo siéndolo,
pero en realidad la participación en la organización
atlantista ha dado otros intereses y vías a los oficiales españoles.
-¿Quién desactivó el golpismo?
-Los años, más que otra cosa. No estoy seguro de que haya sido
ningún Gobierno. Creo que Suárez y el general Gutierrez
Mellado tomaron medidas sobre algunos mandos que provocaron una
gran reacción.
-González llegó al poder un año después ¿No jugó ningún
papel positivo?
-Felipe llega con un voto popular tan enorme que provoca un
encogimiento y un retroceso de los elementos golpistas dentro
del Ejército, pero que hubiese una política concreta
encaminada a desmontar el golpismo y a cambiar la actitud y
mentalidad de nuestros militares, no lo creo.
-¿Los militares que estuvieron contra la acción de fuerza
lo hicieron por convencimiento democrático o por promoción
profesional?
-Quizás sea muy triste decirlo, pero mi opinión es que muchos
militares cumplieron su deber porque Franco, al morir, en su
testamento les indicaba que debían obedecer al Rey y lo
respetaron. Es una realidad que jugó, en ese momento, de una
manera favorable para el país.
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| 1981Tejero
no comprendía la España de 1981. Mientras el teniente coronel
asaltaba el Congreso, el país pagaba las letras de su Renault 5
nuevo, se pasmaba con la maldad del televisivo J. R. de «Dallas»
o escuchaba el «De niña a a mujer» de Julio Iglesias. |
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tELEVISION
La
industria estadounidense vio el filón en las seriés.
Las desventuras de la familia Channing hicieron las
delicias de todas las generaciones. TVE la estrenó en
1981. Las producciones patrias también despegaban y
Verano Azul se convertía ese año en el gran éxito de
la temporada.
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El
Piraña, chanquete y Julia, se conviertieron en modelo
de referencia de la época.
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jUEGOS
Novedades
ochenteras: Hundir la flota -el juego de los barquitos
modernizado- lideraba la clasificación de los juguetes
más comprados.
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mUNDO ROSA
Los
españoles dirigían su atención a uno de los idilios más
polémicos de la historia. El príncipe Carlos, heredero
al trono inglés, y Diana contraían matrimonio el 29 de
julio en la londinense catedral de San Pablo.
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Lady
Di se convirtió en ídolo de cientos de jovencitas.
Una figura geométrica dominaba las mentes.
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dEPORTES
Los
aficionados gallegos tenían que conformarse con la
Segunda División en la temporada 80-81. Tanto Celta
como Deportivo militaban en la plata del balompié
hispano, aunque el combo vigués ascendería en la
81-82. Más felices eran los inquilinos del estadio de
Anoeta, ya que la Real Sociedad se proclamaba campeón
de liga.
Además de festejos, los futbolistas también
protagonizaron su primera huelga de la historia y
sufrieron el secuestro del barcelonista Quini.
Pero no sólo de porterías vivía el deporte español.
Ángel Nieto obtenía ese año su décimo campeonato
mundial de motociclismo en la categoría de 125 cc. y
Ricardo Tormo se imponía en 50 cc.
España
estuvo 25 días pendiente de Quini. El futbolista
permaneció secuestrado 25 días en un taller de
Zaragoza.

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eSPAÑA
NEGRA
Cerca
de la muerte estuvieron Ronald Reagan, presidente de EE
UU, y el Papa Juan Pablo II, que sufrieron en sus carnes
los disparos de sendos dementes.
Otros crímenes afectaron más directamente a los
habitantes de la piel de toro. El primero fue una
intoxicación alimentaria: el síndrome del aceite de
colza. El segundo delito fue el asalto al Banco Central
de Barcelona,un grupo de delincuente llegó a exigir la
liberación de los implicados en el 23-F. Ellos tampoco
entendían que España no paraba de cambiar.
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aRTES
Y LETRAS
Regresó
del Guernica de Picasso. El cuadro permanecía desde
1939 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y en
septiembre fue instalado en el Casón del Buen Retiro.
Menos alegres fueron las noticias del fallecimiento de
dos monstruos de la literatura: el gallego Álvaro
Cunqueiro y el catalán Josep Pla. |
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cIENCIA

El
mismo éxito hertziano obtuvo la transmisión del
lanzamiento del primer transbordador espacial de la
historia. Respondía por el nombre de Columbia, y fue la
primera aeronave en salir al espacio, aterrizar
exactamente en un lugar prefijado y volver a ser
reutilizada en nuevos viajes.

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¿Qué
papel cumplió el CESID?
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MANUEL
ANGEL MENÉNDEZ. TEXTO
El
libro «23-F: la conjura de los necios», acaba de aparecer en
el mercado. En estas páginas se desvelan otros intentos de
golpe de Estado y por primera vez sale a la luz de forma íntegra
el «Informe Jáudenes» sobre la participación del CESID en el
23-F.
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Hoy,
veinte años después, la opinión pública ya puede conocer, en
rigurosa exclusiva, el contenido completo del Informe Jáudenes,
un documento elaborado por los servicios secretos españoles
sobre el grado de implicación del CESID en el golpe del 81.
Las
sospechas sobre posibles connivencias de
miembros
del CESID con los golpistas fueron tan fuertes después del
23-F, que el entonces secretario general de los servicios
secretos, Javier Calderón, con el beneplácito del director
general interino en esa fecha, el coronel Narciso de Carreras, y
presionado sobre todo por dos oficiales de la Casa, Santiago
Bastos, del área de Involución, y Vicente Mateo Canalejo, tuvo
que encargar, el 31 de marzo de aquel año, un informe interno
acerca de la conducta de los elementos del Centro sobre los que
más sospechas recaían.
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El informe
Lo realizó el coronel Juan Jáudenes, jefe de la División de
Interior, fallecido pocos años después. Recibida la orden, Jáudenes
interrogó, investigó y acabó elaborando un informe, al que se
puso su nombre, que jamás hasta hoy salió completo a la luz.
Aunque no concluyente, el informe Jáudenes recoge importantes
testimonios de personal del Centro de marcado carácter democrático,
como los capitanes Diego Camacho y Rubio Luengo -actualmente
destinado en Roma- y el sargento Juan Rando, quienes pusieron en
conocimiento de sus superiores los datos que poseían sobre la
posible implicación directa en los hechos de diverso personal
de la Casa, especialmente del entonces cabo Rafael Monge Segura
-capitán en la actualidad y con destino en un país
sudamericano. Según los testimonios recogidos en el informe Jáudenes,
Monge Segura fue quien condujo a uno de los autocares de los
guardias civiles asaltantes hasta el Congreso de los Diputados y
quien les dijo personalmente -aunque luego lo desmintió ante el
instructor- que había sido por orden del segundo jefe de la
Agrupación Operativa de Medios Especiales del CESID, capitán
Francisco García-Almenta (general en la actualidad) con
conocimiento del jefe de la Unidad, comandante José Luis
Cortina Prieto -expedientado años después por la filtración a
un diario madrileño de los planes secretos sobre la participación
española en el conflicto del Golfo Pérsico.
La
«Operación Míster»
Ante las noticias que advertían de la participación de
agentes secretos en la asonada golpista, desde el CESID se
argumentó que el hecho de que el cabo Monge estuviera con los
autobuses asaltantes del Congreso había sido casual, ya que
Monge se hallaba en esos momentos realizando un seguimiento al
número dos de la CIA en España, Vicent Shields, dentro de la
conocida en argot como Operación Míster.
Desde la Casa se dijo que Shields estaba espiando al rey Don
Juan Carlos, afirmación que originó una fuerte queja diplomática
por parte de la Administración norteamericana. Pero ahora,
veinte años después, se ha tenido acceso a los estadillos de
operaciones del CESID de esas fechas, y en ninguno aparece la
llamada Operación Míster. Es decir, según esos estadillos
internos, la operación no existió.
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23-F:
un desfile de libros
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TEXTO:
CARLOS FERNÁNDEZ.
Aguilar,
Busquets y Puche fueron los primeros con su libro conjunto «El
golpe», publicado al mes siguiente del 23-F. Nadie sabe cual
puede ser el último, pues sólo en esta semana se anuncian seis
sobre el mismo tema.
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Curiosamente,
casi todos han sido escritos por periodistas, maestros en el
reflejo rápido de lo cotidiano, pero no tanto en el análisis
frío de un hecho histórico que ya ha cumplido 20 años. El
primer libro sobre el golpe de Estado de febrero de 1981 que
puede ser calificado como importante fue el de Pilar Urbano, «Con
la venia, yo indagué el 23-F», publicado por Argos Vergara
en junio de 1982, dentro de su colección Primera Plana. La
pugnaz periodista investigaba con acierto, en plan «thriller»,
sobre los puntos oscuros de la intentona militar. A veces
erraba, como cuando daba los nombres de los asistentes a la
famosa reunión conspiratoria de la calle General Cabrera, pero
otras acertaba. El
general Armada le envió a Pilar Urbano una respuesta de 32
páginas, con correcciones y matizaciones a lo que en el libro
se decía, pero la periodista se la guardó, cuando pudo haberla
publicado en las ediciones posteriores que se hicieron de la
obra. D
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Después del libro de la Urbano, pueden destacarse tres: «23-F.
Crónica fiel de un golpe anunciado» (Fuerza Nueva
Editorial), de Juan Blanco, ex-subdirector de «El Alcázar»,
donde, a pesar de la manifiesta simpatía del autor por los
golpistas (excepto Armada, claro), se dan interesantes datos
sobre el planeamiento y desarrollo de la intentona; «El 23-F
sin máscaras» (Editorial Fénix), de Ricardo de la Cierva,
en el que el ex-ministro de Suárez y polémico historiador
desentraña algunos hechos no menos polémicos, como la intención
de la JUJEM de hacerse, provisionalmente, con el poder tras
producirse la irrupción de Tejero en el Congreso; y «La pieza
que falta» (Plaza Janés), de Ricardo Pardo Zancada, el
comandante de la Brunete que llegó al Congreso con su tropa
para solidarizarse con su amigo Tejero.
Pardo, militar de corte cesarista, respira por la herida de su
«honor mancillado» y ataca bastante a Armada (y de refilón al
Rey), pero revela nombres y movimientos importantes en torno al
golpe.
De los publicados en la última semana, destacan dos por encima
de todos: «Conversaciones con Alfonso Armada»
(Editorial Actas), de José Manuel Cuenca Toribio, y «El
golpe que nunca existió» (Editorial Foca), de Amadeo Martínez
Inglés.
El de Cuenca, catedrático de Historia Contemporánea, es una
larga conversación con el hombre clave del 23-F. Tras un breve
recorrido por su vida militar anterior, donde aparece su Galicia
adoptiva, entra en el estudio del golpe, sorprendiendo la
revelación de lo que el general aristócrata había tratado con
el Rey en su audiencia del 13-2-81. Fue una reunión, de hora y
media, en la Zarzuela, que nunca había sido revelada, ni en el
juicio de Campamento, pues había pedido permiso a la Casa Real
para hacerlo y le fue denegado.
Sin embargo, ahora lo hace, exponiendo la inquietud militar que
transmitió a Su Majestad por la situación política del país
y su sospecha de que algún hecho grave podía ocurrir próximamente.
El Rey le envió a hablar con el vicepresidente Gutiérrez
Mellado y éste le abroncó por inquietar a don Juan Carlos. El
libro del coronel Martínez Inglés es endeble por su contenido
general, pero transcendente por sus capítulos finales, que
incluyen dos conversaciones con Milans del Bosch en la prisión
donde ambos cumplían condena y, sobre todo, por otro testimonio
del el capellán Mariano del Cid, que realizaba su servicio en
la cárcel de Alcalá, donde estuvo largo tiempo el general
Armada. Según el religioso, Armada le dijo que el Rey, a
mediados de 1980, le había propuesto ser presidente de un
Gobierno de concentración nacional que salvase la crisis
continua en la que se debatía el país. El propio Armada se ha
encargado de desmentirlo rotundamente.
Además de estos libros hay que citar los también recientes «Los
cabos sueltos» (Temas de Hoy), de Diego Carcedo; «Hablan
los militares» (Planeta), de Miguel Platón; «La
conjura de los necios» (Foca), de Fernando Jáuregui, Pilar
Cernuda y Manuel Angel Menéndez, y «23-F: el golpe del
Cesid» (Planeta), de Jesus Palacios. Este último, quizás,
haya sido el más jaleado, aunque tras su lectura se ve que hay
más elucubración y recopilación que datos nuevos y, sobre
todo, probados. Su autor asegura que detrás de la intentona
estaba el Cesid, lo cual equivale a calificar a tan alto
organismo militar como chapucero, centrando en la figura de
Javier Calderón, entonces secretario general del Cesid, la
responsabilidad de la operación.
Cernuda, Jáuregui y Menéndez, los tres periodistas, hacen
algunas revelaciones, como el aporte del llamado «informe Jáudenes»,
e indagan sobre el destino actual de los procesados en el golpe.
Diego Carcedo, otro periodista, hace una semblanza del teniente
Tejero, con alguna alusión sarcástica, e investiga el por qué
de la tardanza en emitir el mensaje real y, sobre todo, en
grabarlo.
Al libro de Miguel Platón ofrece el punto de vista de la
institución militar sobre el 23-F y la transformación de las
fuerzas armadas, incluyendo varios testimonios inéditos.
A estos libros hay que añadirle 'Diecisiete horas y media:
El enirgma del 23-F', de Javier Fernández (Taurus),
publicado a finales del año pasado.
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