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20 años del 23-F

1.- El escenario
2.- Los protagonistas
3.- Los interrogantes del 23-F

Los misterios que aún rodean al golpe

4.- Veinte años atrás
5.- Las interpretaciones

El 23F en Wikipedia                   

El escenario

La democracia bajo el "desencanto"

TEXTO: CÉSAR RODRÍGUEZ

Desde 1936 a 1975, Franco gobernó España a través de un régimen autoritario y personal que no le sobrevivió. Tres años después de su muerte, la democracia volvió a España en forma de monarquía parlamentaria, a través de una transición modélica. Sin embargo, aún habrían de pasar varios años y algunos sobresaltos para que el nuevo régimen político se asentara.
23 de febrero de 1981, la democracia, que tuvo que esperar cuarenta años para reinar en España, se enfrentaba al mayor de los peligros: un golpe de Estado militar. Franco había muerto seis años atrás, pero el espíritu de la dictadura seguía vivo. Vivo en aquéllos que habían rechazado que el Rey, el sucesor nombrado por el Caudillo, desmontará uno a uno los engranajes del "antiguo régimen" y diera paso a un sistema político democrático, renunciando a sus poderes. Vivo para los militares que odiaban a Adolfo Suárez, el presidente que legalizó al Partido Comunista, y al proceso autonómico que iba a "partir España". Vivo, en definitiva, para todos los nostálgicos de la etapa iniciada el 18 de julio de 1936, cerrada el 6 de diciembre de 1978 con la entrada en vigor de la Constitución vigente.
Adolfo Suárez y Santiago Carrillo protagonizaron uno de los momentos más calientes de la transición a la monarquía parlamentaria, cuando el Partido Comunista fue legalizado con la oposición del Ejército.

La nostalgia se daba de la mano con la recesión económica. En España, los efectos de la crisis petrolífera de 1973 se notaron más tarde por la acción del Gobierno, pero fueron devastadores. La inflación se disparó, aumentando los precios en general. Además, el desempleo crecía día a día. Esta situación negativa contrastaba con la bonanza vivida en los últimos tiempos del franquismo. Entonces, en una coyuntura de crecimiento económico generalizado basado en el turismo, la economía española batía récords.
Uno de las principales acusaciones que se le hacían al sistema constitucional era el del terrorismo. La llegada de un régimen democrático y la puesta en marcha de procesos de autonomía no habían terminado con las acciones de bandas armadas como ETA o el GRAPO. El goteo de sangre era muy frecuente y, con cada crimen, el prestigio de la democracia mermaba. Aquélla era la época del desencanto. La euforia desatada a la muerte del dictador iba dejando paso a sensaciones que degeneraban en una frase lapidaria: "Con Franco esto no pasaba".
El "desencanto" se había apoderado del país. Esta palabra reflejaba a la perfección el estado de ánimo que imperaba en la España de los primeros 80. La democracia había dejado de ser un ideal, la panacea, para formar parte de una vida cotidiana en la que los ciudadanos eran libres, pero no tenían garantizada la felicidad.
Estábamos en 1981, en febrero, y a la mala situación económica, al terrorismo y al ruido de sables en los cuarteles se le unió la dimisión de Adolfo Suárez. Y en éstas llegó Tejero pistola en mano.

La ultraderecha en la transición

Las urnas tumbaron a los restos del 'bunker'

TEXTO: E. FERNÁNDEZ

Las urnas fueron letales para la ultraderecha durante la transición. Tan sólo un diputado, Blas Piñar, en tres convocatorias electorales (1977, 1979 y 1982). Su partido, Fuerza Nueva se disolvió tras el 28-0 que llevó a los socialistas al poder. Otras fuerzas políticas, encabezadas por ilustres del franquismo, apenas fueron conocidos.
Fuerza Nueva había sido creada en 1966 con la idea de «mantener vivos los ideales del 18 de julio de 1936». Su líder, el notario madrileño Blas Piñar, hijo de un militar defensor del Alcázar de Toledo en los comienzos de la Guerra Civil, siempre fue bien visto por el poderoso almirante Carrero Blanco, aunque durante el régimen de Franco sólo ocupase el cargo de director del Instituto de Cultura Hispánica, del que fue cesado, tras la publicación, en el Abc, de un virulento ataque contra Estados Unidos, titulado «Hipócritas».
Blas Piñar, líder de Fuerza Nueva. En la foto, de 1978, realiza el saludo fascista en un mitín celebrado en el Palacio de los Deportes de A Coruña.

Piñar siempre ha sido un partidario decidido de la «democracia orgánica» y un crítico de la monarquía parlamentaria y de la Constitución. No obstante, y a pesar de manifestar después de su fracaso electoral de junio del 77 que agradecía a Dios no haber salido senador, cuando fue elegido diputado en el Congreso en marzo del 79, dijo: «La Providencia nos ha dado un escaño, y desde ahí vamos a mover a España, a Europa y el mundo».

Los dos partidos acompañantes de Fuerza Nueva durante la transición fueron la Confederación Nacional de Ex-Combatientes, de José Antonio Girón, y Falange Española de las JONS, de Raimundo Fernández-Cuesta. Respecto a ideólogos, bueno será señalar, aparte los ya citados, a Gonzalo Fernández de la Mora, autor, precisamente, del libro «El crepúsculo de las ideologías», best-seller del franquismo, al que añadiría «Los errores del cambio», a mediados de los ochenta. En las elecciones de junio de 1977 se presentaron en coalición Fuerza Nueva y Falange Española de las JONS, con la colaboración de Acción Nacional y la Confederación de Ex-Combatientes, adoptando el nombre de Alianza Nacional del 18 de Julio. Por su cuenta se presentó la Falange Española Auténtica, seguidora de Manuel Hedilla y que siempre hizo gala de mantener sensibles diferencias con el partido liderado por Fernández-Cuesta. Los resultados de las urnas fueron desalentadores, obteniendo la Alianza en toda España 154.413 votos y la Falange Auténtica 40.978.

En las elecciones generales de marzo de 1979 la ultraderecha adoptó la denominación de Unión Nacional, obteniendo un diputado en toda España, que fue Blas Piñar, por Madrid, gracias a algo más de cien mil votos (110.730), equivalentes a las personas que se congregaban en la Plaza de Oriente cada 20-N, aunque la prensa ultra escribiese que eran medio millón. La Falange auténtica sufrió otro descalabro, por lo que no volvió a presentarse, igual que el Partido Carlista.
En las elecciones generales de marzo de 1979 la ultraderecha adoptó la denominación de Unión Nacional. Los resultados siguieron siendo malos.

La presencia política de la ultraderecha ha ido menguando a medida que el 'antiguo régimen' quedaba más lejano en el tiempo. Hoy las formaciones de este signo son marginales.

Obtuvieron un diputado en toda España, que fue Blas Piñar, por Madrid, gracias a algo más de cien mil votos (110.730), equivalentes a las personas que se congregaban en la Plaza de Oriente cada 20-N, aunque la prensa ultra escribiese que eran medio millón. La Falange auténtica sufrió otro descalabro, por lo que no volvió a presentarse, igual que el Partido Carlista.

Las elecciones del 28-10-82 presentaron una ultraderecha disgregada. Por un lado, Fuerza Nueva; por otro, Falange Española de las JONS, además de Solidaridad Española (partido liderado desde la cárcel por el teniente coronel Tejero) y el Movimiento Falangista. La Ley D'Hont los desintegró todavía más y FE de las JONS, que fue el que más votos obtuvo en Madrid, sólo llegó a los 31.635, quedandose Fuerza Nueva con 20.139.

Los protagonistas

La Casa del Rey
Juan Carlos I: la actuación del Rey fue decisiva para frenar la intentona como Capitán General y Jefe Supremo de las fuerzas armadas reiterando su apoyo al orden constitucional, sobre todo por su mensaje televisado y sus conversaciones con la cúpula del Ejército. Sin embargo, algunas teorías le implican en una operación destinada a restaurar el prestigio de la democracia. Sabino Fernández Campo: militar, fue subsecretario de Información y Turismo en el primer Gobierno de Suárez. En 1977 entró en la Casa del Rey como secretario general, sustituyendo a Alfonso Armada. Su posterior enfrentamiento con el general fue relevante para abortar el golpe. La noche del 23-F fue el hombre de confianza del monarca.
Los golpistas
Alfonso Armada: antiguo preceptor de Don Juan Carlos, era el candidato principal para ocupar la jefatura del Gobierno tras el triunfo del golpe de Estado. La figura del ex-general es la más polémica por su vinculación al monarca, en cuyo nombre dijo actuar. Visitó a Tejero en el Congreso aquella noche. Fue indultado en 1991. Hoy, retirado en su pazo de Rivadulla, continúa proclamando su inocencia. Jaime Milans del Bosch: descendiente de una saga de militares, era capitán general de Valencia la noche del 23-F. Allí mandó sacar los tanques a las calles y publicar un bando en el que proclamaba la ley marcial. Su acción de apoyo a Tejero hizo pensar que la intentona podía triunfar. Retiró las tropas después de hablar con el Rey. Fallecido hace cuatro años, había salido de la cárcel en 1990.
Antonio Tejero: teniente coronel de la Guardia Civil, había estado implicado en otra conspiración, la Operación Galaxia, en 1978. Dirigió pistola en mano el asalto al Congreso. Su agresividad hizo temer que la intentona golpista acabara con una masacre. Condenado a 30 años, obtuvo la libertad condicional en 1996. Antes, se le había denegado el indulto por su negativa a reconocer la Constitución. Ricardo Pardo Zancada: comandante, actuó como enlace con Milans del Bosch. Ocupaba un alto puesto en el Estado Mayor de la Brigada acorazada, y fue el jefe de la única unidad militar que se unió en el Parlamento a los guardias de Tejero. Condenado a 12 años de cárcel, en 1998 publicó un libro donde implica a un gran número de oficiales y a los dirigentes políticos de entonces.
Los políticos
Adolfo Suárez: presidente de Gobierno desde 1976, dimitió el 29 de enero de 1981 después de ser el "hombre de la transición" y ganarse la enemistad de los militares por la legalización del Partido Comunista. Varias fuentes vieron en su renuncia un intento de frenar una conspiración castrense. Otros, sin embargo la atribuyen a las dificultades para gobernar. Abandonó UCD para fundar el CDS. Leopoldo Calvo Sotelo: segundo primer ministro bajo la democracia, la noche del "tejerazo" se votaba su investidura. Reanudada la sesión unos días después, sustituyó a Suárez al frente del Gobierno en minoría de UCD. Su ejecutivo recurrió ante el Tribunal Supremo para pedir un aumento de las penas para los golpistas.
Manuel Gutiérrez Mellado: teniente general y vicepresidente del Gobierno Suárez, se enfrentó a Tejero en el Congreso y fue zarandeado por los guardias civiles a quienes intentó dominar. Hombre clave en la transformación del Ejército franquista, su actuación fue un ejemplo de compromiso con la democracia y la Constitución. Murió en 1995, homenajeado por toda la clase política. Santiago Carrillo: secretario general del Partido Comunista, fue uno de los protagonistas de la transición pactada al reconocer a la monarquía y renunciar a reclamar la república. Enemigo número uno de los grupos de ultraderecha, su figura fue demonizada por los elementos más reaccionarios del Ejército. Durante el asalto se temió especialmente por su vida.

Los interrogantes del 23-F

El 23-F generó un cúmulo de interrogantes que sólo el tiempo -auténtico bálsamo de la historia- podrá ir respondiendo. Fue un episodio que se quiso dejar atrás cuando antes. Pero muchas de estas preguntas encierran la respuesta.
 

1.-¿Por qué todavía no se ha investigado la frase que el presidente Adolfo Suárez pronunció en su despedida, tras su extraña dimisión: «No quiero que la democracia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España»?

2.-El diario ultraderechista El Alcázar publicó el día anterior al 23-F, en su primera página, una fotografía con el Parlamento vacío, una flecha blanca y grande que entraba por el ángulo superior izquierdo de aquella y dentro de la flecha esta frase: «Todo dispuesto para la sesión del lunes». Casualmente, o no, una línea imaginariamente trazada en horizontal desde la punta final de la flecha hasta la columna de texto, a la derecha, que firmaba el director Antonio Izquierdo, coincidía con estas palabras: «Antes de que suenen las 18.30 horas del próximo lunes» (que fue cuando Tejero tenía pensado entrar en el Congreso). ¿Por qué nadie investigó esta posible contraseña?
 
3.-.-¿Por qué nadie investigó lo aparecido en la revista «Spic» del mes de febrero, donde un tal Otis escribía en el penúltimo párrafo de su columna: «No es cierto que yo pretenda dar un golpe militar el lunes 23 de febrero por la tarde... ¡Además, no sé!»?

4.-¿Por qué el capitán Sánchez Valiente, «el hombre del maletín», que se marchó al extranjero tras fracasar el 23-F y no volvió hasta varios años después, sólo fue juzgado por «abandono de destino» y no por colaborador del golpe?

5.-.-¿Por qué no se investigó la frase del coronel San Martín en el juicio de Campamento: «Por una confidencia supe que más gente estaba enterada e implicada... más de los que aquí comparecemos. ¡Allá ellos y sus conciencias!»?

6.-¿Por qué el Rey, en su telex a Milans del Bosch, dijo: «... después de este mensaje ya no puedo volverme atrás»?

7.-¿Por qué el Rey tuvo que decir aquello de: «Ni abdico, ni me voy. Tendréis que fusilarme»?

8.-¿Por qué de los numerosos militares a los que se les dijo que el Rey respaldaba el golpe, a ninguno se le ocurrió comprobarlo llamando a la Casa Real?

9.-.-¿Por qué no se reveló el nombre del «portavoz parlamentario» que iba a servir de interlocutor entre los golpistas y los diputados?

10.-.-¿Por qué el Gobierno de la UCD giró radicalmente a la derecha tras el fracaso del golpe?

11.-¿Por qué el golpe aceleró nuestra integración en la OTAN?

12.-¿Por qué no se quiso identificar, con lo fácil que era, a los tenientes y guardias que agredieron al vicepresidente del Gobierno Manuel Gutiérrez Mellado?

13.-¿Por qué dijo Armada a Aramburu (director de la Guardia Civil), nada más llegar al Hotel Palace en la medianoche del 23-F: «Vengo porque me has llamado tú»?

14.-¿Por qué se impidió a Armada revelar en el juicio el contenido de su audiencia con el Rey (que duró hora y media) en la Zarzuela, diez días antes del 23-F?

 15.--¿Por qué el Consejo de Guerra que juzgó a los implicados en el golpe condenó al general Armada a seis años de prisión y luego el Supremo elevó la pena a 30 años, la misma pena que a Tejero y Milans?

16.-¿Por qué no se investigó debidamente el asalto al Gobierno Militar de Madrid con intervención de elementos ultraderechistas?

17.-¿Por qué no se investigó quién era la autoridad, «militar por supuesto», que anunció el capitán Muñecas desde la tribuna del Congreso que iba a llegar en breve para hacerse cargo de la situación?

18.-¿Por qué Quintana Lacaci, capitán general de la I Región, manifestó posteriormente que si el Rey le hubiese ordenado el 23-F sacar sus tropas a la calle y ocupar Madrid le hubiese obedecido? ¿Es que no sabía Quintana que ello era contrario a la Constitución? ¿Es que ignoraba que ésta confería al Rey la jefatura de las Fuerzas Armadas sólo a título representativo y no ejecutivo, pues ello es potestativo del poder civil?

19.-¿Por qué no se investigó y llamó al orden al teniente general Ignacio Alfaro, presidente de la JUJEM, quien, tras ver el mensaje del Rey por TVE, se fue a dormir («echar una cabezadita», según su ayudante)?

20.-¿Por qué no se detuvo a Torres Rojas en la propia Acorazada «Brunete» cuando, a pesar de ordenarle su capitán general, Manuel Fernández Posse, que regresara a A Coruña, continuó varias horas más en la División?

21.-Si la RTVE estuvo controlada por una pequeña columna militar en las primeras horas, no fue así con las radios privadas, que siempre estuvieron libres. De ahí surge la pregunta: ¿Por qué el Rey no utilizó una de ellas, la SER por ejemplo, para dirigirse por sus ondas, aunque fuese brevemente, para dar tranquilidad al país?

22.--¿Por qué el Gobierno español no protestó ante el de Estados Unidos por la frase despectiva de su secretario de Estado, Alexander Haig, al conocer la invasión del Congreso («Es un asunto interno de los españoles»), cuando lo normal hubiese sido solidarizarse con el mantenimiento de la democracia en España y el rechazo al militarismo golpista?

23.-.Carmen Echave, doctora distinguida con el lazo de Isabel la Católica por su labor humanitaria en el Parlamento el 23-F, declaró lo siguiente («El Correo Español», 24-2-91): «Cuando aquella noche me condujeron los guardias al despacho del vicepresidente del Congreso, Modesto Fraile, me prohibieron encender la luz. «Es por su seguridad. No le conviene ver quiénes están ahí», me dijeron. Allí dentro había civiles. Sugerí al ministro Rosón que mandase analizar una botella de coñac francés que habían regalado días antes al vicepresidente y que las personas allí reunidas se estaban bebiendo. Tenía que estar llena de huellas dactilares. Pero a nadie le interesó investigar». ¿Por qué?

Alfonso Armada, 20 años después del golpe

"Aún no sé por qué me condenaron por el 23-F"

ENTREVISTA: CARLOS FERNÁNDEZ
FOTOS: XURXO LOBATO

Veinte años después de la noche que puso en peligro a la democracia española, el ex-general Alfonso Armada continúa defendiendo su inocencia. Considerado como uno de los principales responsables del golpe, ahora responde a diez preguntas sobre aspectos clave del 23-F. Ha contestado sin pensarlo mucho, aunque hay historiadores que titulan el capítulo dedicado a él como "Las dudas de un general".

-¿Usted le ofreció a Tejero 600 millones de pesetas y un avión en la base de Getafe para salir de España?
-Si yo le ofrezco a Tejero 600 millones para irse de España me da un tortazo. Lo que si le dije, sin mucho hincapié, es que estaba un avión preparado por si quería salir del país.
-Cuando Gabeiras, su jefe inmediato, se despidió de usted para ir al Congreso el 23-F, alguien aseguró que le dijo: «Mucha suerte, presidente, y a tus órdenes». ¿Qué hay de cierto?
-Radicalmente falso. Además del propio Gabeiras, tengo como testigo a su ayudante, el coronel Sierra, que lo desmintió rotundamente.
-Pero, realmente, ¿qué le propuso a Tejero cuando fue a verle al Congreso?
-Que me permitiese entrar en el hemiciclo para hablar a los diputados. Pero que antes tenía que retirar a la tropa de allí. No me admitió ni una cosa ni otra.
-¿Y la lista del futuro Gobierno que llevaba en un papel, donde aparecía Felipe González como vicepresidente y Manuel Fraga de ministro de Defensa?
-Yo no llevaba ninguna lista de Gobierno ni nada que se le pareciese. El único papel que llevaba era uno con el teletipo de Milans en la Capitanía de Valencia. Cuando se corrió ese bulo, casi me dio la risa y ni lo desmentí. No soy tonto y sé cual es el procedimiento que existe para nombrar un Gobierno. Sé que el Rey propone un candidato y que luego hay una sesión de investidura en el Parlamento y una o varias votaciones.
-Hablando del Rey, ¿es verdad que se le impidió ir a la Zarzuela?
-Nadie me impidió que fuese a la Zarzuela y si hubiese querido ir hubiese ido. Las dos conversaciones que tuve el 23-F con Su Majestad fueron cordiales.

"Fui al Congreso a buscar una solución"

-Hasta ahora, usted no había contado a nadie su conversación con el Rey el 13-2-81, cuando se fue a presentar como segundo Jefe del Estado Mayor. Pidió luego, en el juicio, permiso por escrito a la Zarzuela para poder contar dicha conversación (que duró hora y media), pero no se lo dieron. ¿Por qué la ha contado ahora en el libro de Cuenca Toribio?
-Yo he hablado mucho con el catedrático Cuenca Toribio sobre estos hechos. El vino a verme un día y me dijo: «La historia hay que contarla lo más fielmente posible y yo quiero hacerlo con el 23-F, por lo que creo que es conveniente que hablemos». Y me pareció un hombre honesto y le comenté muchas cosas, incluyendo esa conversación con el Rey, porque el día de mañana, cuando yo falte, bueno será que estas cosas se sepan de primera mano y no por rumores o informes parciales.
-Por cierto, ¿era usted el «elefante blanco» que esperaban los asaltantes al Congreso?
-No. Mire, Tejero dijo varias veces que esperaba un militar de alta graduación en 20 minutos y yo tardé más de cinco horas. Y después, no sólo no me hizo caso, sino que me dijo que no volviese.
-¿Y qué le dijo Aramburu (el director de la Guardia Civil) cuando le llamó para que fuese al Congreso, pues a él Tejero no quería ni verle?
-Pues, más o menos, en lenguaje coloquial, me dijo: «Mira Alfonso, aquí se va a organizar algo muy gordo, pues Tejero tiene encañonados a los diputados y se puede cargar a Carrillo, o a quien sea». A mí, desde la Zarzuela, Sabino me dijo: «Vete, pero a título personal».
-El coronel Martínez-Inglés, en un libro reciente, transcribe un testimonio del capellán de la prisión de Alcalá, Mariano del Cid, en el que dice que usted le comentó que el Rey, en 1980, le propuso ser presidente de un Gobierno de concentración nacional para salvar a España, la democracia y la corona, ¿qué tiene que decir?
-Totalmente falso. Ni conozco a ese coronel ni he dicho nunca nada de eso. Es como una sirvienta mía que me decía que habían robado el pazo, pero lo había visto en sueños, porque luego despertaba y nadie había robado nada.
-Dos días después del 23-F, usted envió una nota al Jefe del Cuarto Militar del Rey y a Gabeiras explicándoles su actuación en el Congreso, ¿recibió contestación?
-La estoy esperando todavía.
-En resumen, ¿a qué fue usted al Congreso el 23-F?
-Fui a buscar una solución que permitiese salir de aquel embrollo, que no hubiese sangre y que se liberase a los diputados. Es falso que esa solución fuese un Gobierno de coalición presidido por mí. No he tenido ni tengo ambiciones políticas. Sólo he querido servir a España y al régimen monárquico que la encarna.

Santiago Carrillo, 20 años después del golpe

"El 23–F fue un espectáculo bochornoso"

ENTREVISTA: JACINTO RUIZ
FOTOS: SERGIO PÉREZ

Santiago Carrillo fue, junto a otros muchos, protagonista de excepción del 23-F. Él estuvo allí y se mantuvo erguido, sin tirarse al suelo, mientras Tejero y sus hombres disparaban y amenazaban al Congreso. Ahora lo recuerda todo con la tranquilidad que da el tiempo.

-¿Ha acabado ya la transición?
-Lo que se llama la transición española sí que ha acabado, lo que pasa es que quizás estemos viviendo un periodo de transición en el mundo. Están cambiando muchas cosas.
-¿No siguen las mismas familias de poder del franquismo que hace 20 años?

-Es muy difícil negar que no siguen las mismas familias del franquismo. En Galicia está el señor Fraga, como presidente de la Xunta y en el Gobierno están algunos de los nietos, hijos o sobrinos que gobernaron con el régimen pasado. Su imagen ahora no es la del falangista, sino la del hombre de partido que quiere ajustarse a la democracia, aunque se les ve el pelo de la dehesa.
-¿Ha acabado ya la transición?
-Lo que se llama la transición española sí que ha acabado, lo que pasa es que quizás estemos viviendo un periodo de transición en el mundo. Están cambiando muchas cosas.
Es un hombre difícil de sorprender. A la pregunta de si la España de ahora se parece a la de 1981, afirma: «Hombre, evidentemente se parece, lo que no quiere decir que sea lo mismo. Estos años transcurridos han servido para suavizar la hostilidad a la democracia de ciertos grupos. La edad les ha llevado a un tránsito más tranquilo»

-¿Qué recuerda de aquella tarde-noche, tan llena de tensión?
-Muchas cosas, y con tantos libros sobre el tema es difícil de olvidarlo. No es bueno que eso ocurra. De aquella tarde recuerdo, en primer lugar, la sorpresa de la entrada de un comando disparando y poniendo al Congreso en el suelo. Fue un espectáculo bochornoso.
-¿Se ha preguntado alguna vez por qué fue el único que no se agachó de los que estaban en los escaños?
-Creo que porque tuve más reflejos y sensibilidad política que otros colegas. En milésimas de segundo me di cuenta que era Tejero quien entraba y que si triunfaba, para mí iba a ser muy peligroso y, además, yo era un elegido por el pueblo y tenía que evitar que aquella banda se burlara.
-¿Temió el triunfo del golpe?
-A pesar de que luego hubo quien dijo que no podía triunfar de ninguna manera, el golpe estuvo muy cerca de conseguir el éxito. De hecho, para evitarlo hubo que estar horas y horas hablando con militares cuya predisposición era sublevarse. La gente pregunta por qué el Rey tardó en salir a la televisión. Se han dado diversas explicaciones, pero la más clara es que estuvo convenciendo a los militares, porque era muy dificil imponer la autoridad.

"Los años desactivaron el golpismo"

-¿Qué cree que fue, realmente, lo que anuló el golpe: que no apareciese «la autoridad militar, por supuesto» anunciada, que los españoles se movilizaran en la llamada noche de los transistores o que el Rey mandase parar al Ejército?
-Lo que fue decisivo, esa noche, fue la la gestión que hizo desde la Zarzuela el general Sabino Fernández Campos, con el apoyo del Rey para convencer y en algún caso imponer la obediencia a la Constitución. El golpe estaba mal preparado, pero era algo de lo que se hablaba y todo el mundo intuía en aquellos tiempos.
-¿Quien era la autoridad militar que esperaban?
-Ningún libro lo ha desvelado, pero yo creo que la autoridad militar era el general Armada que tenía, según el plan, que presentarse a unas Cortes acobardadas bajo las metralletas de la Guardia Civil para arrancarles por la fuerza un voto de confianza que le permitiera formar lo que llamaban un gobierno de salvación nacional. Lo que pasa es que cuando Tejero se enteró de que el Gobierno iba a formar Armada, él, que era un ultra en estado puro, le dijo: no, no, aquí no pasa usted, me he sublevado y he corrido un riesgo para establecer una junta militar pero no para lo que usted propone. Yo creo que eso fue, junto con la actuación del general Sabino y el Rey, además de horas de negociación, lo que desmontó de una vez el golpe de Estado.

-¿Por qué la consolidación de la democracia se hizo a costa de gente como usted?
- Creo que se ha hecho también a costa de figuras como Adolfo Suárez. Probablemente los que intervienen en un momento crítico como aquel pagan un precio y se queman. Quizás me haya quemado y además tenía otros problemas, ya que desde la URSS se hacía campaña contra mí, pero bueno, yo doy por bien empleado el sacrificio a la existencia de un régimen democrático en este país.

-Es curioso que un golpista frenase a la conspiración.
-Las auténticas cabezas del golpe subestimaron la personalidad de Tejero, un tío echado pa alante, pero con sus ideas: dictadura militar y lo que aparentemente proponía Armada, algo así como una ficción de gobierno constitucional. Pero Tejero, en su simplicidad ultra, no entendía eso.
-¿Hay algo que todavía no se ha dicho?
-Se ha dicho casi todo, lo que pasa es que ese casi todo no estuvo en el proceso. Pero en los últimos libros se ha explicado todo.
-¿La trama civil también ha quedado esclarecida?
-La trama civil, no y ademas pienso que era muy confusa: antes del golpe yo tuve que desautorizar dos veces públicamente a Ramón Tamames, que entonces era miembro del Partido Comunista y que pedía la presencia de un general.
-¿Es qué habían contado con Tamames?
-No lo sé. También se habló de negociaciones con el PSOE. Recuerdo la frase de Tarradellas de que era necesario dar un golpe de timón. Todo ello sin citar a Carrés, el falangista, o a otros muchos como él.
-¿Cuándo desaparece, tras el 23-F, la sensación de que no habrá ya más ataques militares a la democracia?
-Años despues, cuando hubo una mutación biológica y muchas más cosas. Mire, siempre he sido adversario de la OTAN, y sigo siéndolo, pero en realidad la participación en la organización atlantista ha dado otros intereses y vías a los oficiales españoles.
-¿Quién desactivó el golpismo?
-Los años, más que otra cosa. No estoy seguro de que haya sido ningún Gobierno. Creo que Suárez y el general Gutierrez Mellado tomaron medidas sobre algunos mandos que provocaron una gran reacción.
-González llegó al poder un año después ¿No jugó ningún papel positivo?
-Felipe llega con un voto popular tan enorme que provoca un encogimiento y un retroceso de los elementos golpistas dentro del Ejército, pero que hubiese una política concreta encaminada a desmontar el golpismo y a cambiar la actitud y mentalidad de nuestros militares, no lo creo.
-¿Los militares que estuvieron contra la acción de fuerza lo hicieron por convencimiento democrático o por promoción profesional?
-Quizás sea muy triste decirlo, pero mi opinión es que muchos militares cumplieron su deber porque Franco, al morir, en su testamento les indicaba que debían obedecer al Rey y lo respetaron. Es una realidad que jugó, en ese momento, de una manera favorable para el país.

La España de entonces
1981Tejero no comprendía la España de 1981. Mientras el teniente coronel asaltaba el Congreso, el país pagaba las letras de su Renault 5 nuevo, se pasmaba con la maldad del televisivo J. R. de «Dallas» o escuchaba el «De niña a a mujer» de Julio Iglesias.

tELEVISION
La industria estadounidense vio el filón en las seriés. Las desventuras de la familia Channing hicieron las delicias de todas las generaciones. TVE la estrenó en 1981. Las producciones patrias también despegaban y Verano Azul se convertía ese año en el gran éxito de la temporada.

El Piraña, chanquete y Julia, se conviertieron en modelo de referencia de la época.



jUEGOS
Novedades ochenteras: Hundir la flota -el juego de los barquitos modernizado- lideraba la clasificación de los juguetes más comprados.

mUNDO ROSA
Los españoles dirigían su atención a uno de los idilios más polémicos de la historia. El príncipe Carlos, heredero al trono inglés, y Diana contraían matrimonio el 29 de julio en la londinense catedral de San Pablo.

Lady Di se convirtió en ídolo de cientos de jovencitas. Una figura geométrica dominaba las mentes.

dEPORTES
Los aficionados gallegos tenían que conformarse con la Segunda División en la temporada 80-81. Tanto Celta como Deportivo militaban en la plata del balompié hispano, aunque el combo vigués ascendería en la 81-82. Más felices eran los inquilinos del estadio de Anoeta, ya que la Real Sociedad se proclamaba campeón de liga.
Además de festejos, los futbolistas también protagonizaron su primera huelga de la historia y sufrieron el secuestro del barcelonista Quini.
Pero no sólo de porterías vivía el deporte español. Ángel Nieto obtenía ese año su décimo campeonato mundial de motociclismo en la categoría de 125 cc. y Ricardo Tormo se imponía en 50 cc.

España estuvo 25 días pendiente de Quini. El futbolista permaneció secuestrado 25 días en un taller de Zaragoza.


eSPAÑA NEGRA
Cerca de la muerte estuvieron Ronald Reagan, presidente de EE UU, y el Papa Juan Pablo II, que sufrieron en sus carnes los disparos de sendos dementes.
Otros crímenes afectaron más directamente a los habitantes de la piel de toro. El primero fue una intoxicación alimentaria: el síndrome del aceite de colza. El segundo delito fue el asalto al Banco Central de Barcelona,un grupo de delincuente llegó a exigir la liberación de los implicados en el 23-F. Ellos tampoco entendían que España no paraba de cambiar.

aRTES Y LETRAS
Regresó del Guernica de Picasso. El cuadro permanecía desde 1939 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y en septiembre fue instalado en el Casón del Buen Retiro.
Menos alegres fueron las noticias del fallecimiento de dos monstruos de la literatura: el gallego Álvaro Cunqueiro y el catalán Josep Pla.


c
IENCIA

El mismo éxito hertziano obtuvo la transmisión del lanzamiento del primer transbordador espacial de la historia. Respondía por el nombre de Columbia, y fue la primera aeronave en salir al espacio, aterrizar exactamente en un lugar prefijado y volver a ser reutilizada en nuevos viajes.

¿Qué papel cumplió el CESID?

MANUEL ANGEL MENÉNDEZ. TEXTO

El libro «23-F: la conjura de los necios», acaba de aparecer en el mercado. En estas páginas se desvelan otros intentos de golpe de Estado y por primera vez sale a la luz de forma íntegra el «Informe Jáudenes» sobre la participación del CESID en el 23-F.

 Hoy, veinte años después, la opinión pública ya puede conocer, en rigurosa exclusiva, el contenido completo del Informe Jáudenes, un documento elaborado por los servicios secretos españoles sobre el grado de implicación del CESID en el golpe del 81.
  Las sospechas sobre posibles connivencias de

miembros del CESID con los golpistas fueron tan fuertes después del 23-F, que el entonces secretario general de los servicios secretos, Javier Calderón, con el beneplácito del director general interino en esa fecha, el coronel Narciso de Carreras, y presionado sobre todo por dos oficiales de la Casa, Santiago Bastos, del área de Involución, y Vicente Mateo Canalejo, tuvo que encargar, el 31 de marzo de aquel año, un informe interno acerca de la conducta de los elementos del Centro sobre los que más sospechas recaían.


El informe

Lo realizó el coronel Juan Jáudenes, jefe de la División de Interior, fallecido pocos años después. Recibida la orden, Jáudenes interrogó, investigó y acabó elaborando un informe, al que se puso su nombre, que jamás hasta hoy salió completo a la luz.
Aunque no concluyente, el informe Jáudenes recoge importantes testimonios de personal del Centro de marcado carácter democrático, como los capitanes Diego Camacho y Rubio Luengo -actualmente destinado en Roma- y el sargento Juan Rando, quienes pusieron en conocimiento de sus superiores los datos que poseían sobre la posible implicación directa en los hechos de diverso personal de la Casa, especialmente del entonces cabo Rafael Monge Segura -capitán en la actualidad y con destino en un país sudamericano. Según los testimonios recogidos en el informe Jáudenes, Monge Segura fue quien condujo a uno de los autocares de los guardias civiles asaltantes hasta el Congreso de los Diputados y quien les dijo personalmente -aunque luego lo desmintió ante el instructor- que había sido por orden del segundo jefe de la Agrupación Operativa de Medios Especiales del CESID, capitán Francisco García-Almenta (general en la actualidad) con conocimiento del jefe de la Unidad, comandante José Luis Cortina Prieto -expedientado años después por la filtración a un diario madrileño de los planes secretos sobre la participación española en el conflicto del Golfo Pérsico.

La «Operación Míster»
Ante las noticias que advertían de la participación de agentes secretos en la asonada golpista, desde el CESID se argumentó que el hecho de que el cabo Monge estuviera con los autobuses asaltantes del Congreso había sido casual, ya que Monge se hallaba en esos momentos realizando un seguimiento al número dos de la CIA en España, Vicent Shields, dentro de la conocida en argot como Operación Míster.
Desde la Casa se dijo que Shields estaba espiando al rey Don Juan Carlos, afirmación que originó una fuerte queja diplomática por parte de la Administración norteamericana. Pero ahora, veinte años después, se ha tenido acceso a los estadillos de operaciones del CESID de esas fechas, y en ninguno aparece la llamada Operación Míster. Es decir, según esos estadillos internos, la operación no existió.

23-F: un desfile de libros

TEXTO: CARLOS FERNÁNDEZ.

Aguilar, Busquets y Puche fueron los primeros con su libro conjunto «El golpe», publicado al mes siguiente del 23-F. Nadie sabe cual puede ser el último, pues sólo en esta semana se anuncian seis sobre el mismo tema.

 Curiosamente, casi todos han sido escritos por periodistas, maestros en el reflejo rápido de lo cotidiano, pero no tanto en el análisis frío de un hecho histórico que ya ha cumplido 20 años. El primer libro sobre el golpe de Estado de febrero de 1981 que puede ser calificado como importante fue el de Pilar Urbano, «Con la venia, yo indagué el 23-F», publicado por Argos Vergara en junio de 1982, dentro de su colección Primera Plana. La pugnaz periodista investigaba con acierto, en plan «thriller», sobre los puntos oscuros de la intentona militar. A veces erraba, como cuando daba los nombres de los asistentes a la famosa reunión conspiratoria de la calle General Cabrera, pero otras acertaba. El general Armada le envió a Pilar Urbano una respuesta de 32 páginas, con correcciones y matizaciones a lo que en el libro se decía, pero la periodista se la guardó, cuando pudo haberla publicado en las ediciones posteriores que se hicieron de la obra. D


Después del libro de la Urbano, pueden destacarse tres: «23-F. Crónica fiel de un golpe anunciado» (Fuerza Nueva Editorial), de Juan Blanco, ex-subdirector de «El Alcázar», donde, a pesar de la manifiesta simpatía del autor por los golpistas (excepto Armada, claro), se dan interesantes datos sobre el planeamiento y desarrollo de la intentona; «El 23-F sin máscaras» (Editorial Fénix), de Ricardo de la Cierva, en el que el ex-ministro de Suárez y polémico historiador desentraña algunos hechos no menos polémicos, como la intención de la JUJEM de hacerse, provisionalmente, con el poder tras producirse la irrupción de Tejero en el Congreso; y «La pieza que falta» (Plaza Janés), de Ricardo Pardo Zancada, el comandante de la Brunete que llegó al Congreso con su tropa para solidarizarse con su amigo Tejero.
Pardo, militar de corte cesarista, respira por la herida de su «honor mancillado» y ataca bastante a Armada (y de refilón al Rey), pero revela nombres y movimientos importantes en torno al golpe.
De los publicados en la última semana, destacan dos por encima de todos: «Conversaciones con Alfonso Armada» (Editorial Actas), de José Manuel Cuenca Toribio, y «El golpe que nunca existió» (Editorial Foca), de Amadeo Martínez Inglés.
El de Cuenca, catedrático de Historia Contemporánea, es una larga conversación con el hombre clave del 23-F. Tras un breve recorrido por su vida militar anterior, donde aparece su Galicia adoptiva, entra en el estudio del golpe, sorprendiendo la revelación de lo que el general aristócrata había tratado con el Rey en su audiencia del 13-2-81. Fue una reunión, de hora y media, en la Zarzuela, que nunca había sido revelada, ni en el juicio de Campamento, pues había pedido permiso a la Casa Real para hacerlo y le fue denegado.
Sin embargo, ahora lo hace, exponiendo la inquietud militar que transmitió a Su Majestad por la situación política del país y su sospecha de que algún hecho grave podía ocurrir próximamente. El Rey le envió a hablar con el vicepresidente Gutiérrez Mellado y éste le abroncó por inquietar a don Juan Carlos. El libro del coronel Martínez Inglés es endeble por su contenido general, pero transcendente por sus capítulos finales, que incluyen dos conversaciones con Milans del Bosch en la prisión donde ambos cumplían condena y, sobre todo, por otro testimonio del el capellán Mariano del Cid, que realizaba su servicio en la cárcel de Alcalá, donde estuvo largo tiempo el general Armada. Según el religioso, Armada le dijo que el Rey, a mediados de 1980, le había propuesto ser presidente de un Gobierno de concentración nacional que salvase la crisis continua en la que se debatía el país. El propio Armada se ha encargado de desmentirlo rotundamente.
Además de estos libros hay que citar los también recientes «Los cabos sueltos» (Temas de Hoy), de Diego Carcedo; «Hablan los militares» (Planeta), de Miguel Platón; «La conjura de los necios» (Foca), de Fernando Jáuregui, Pilar Cernuda y Manuel Angel Menéndez, y «23-F: el golpe del Cesid» (Planeta), de Jesus Palacios. Este último, quizás, haya sido el más jaleado, aunque tras su lectura se ve que hay más elucubración y recopilación que datos nuevos y, sobre todo, probados. Su autor asegura que detrás de la intentona estaba el Cesid, lo cual equivale a calificar a tan alto organismo militar como chapucero, centrando en la figura de Javier Calderón, entonces secretario general del Cesid, la responsabilidad de la operación.
Cernuda, Jáuregui y Menéndez, los tres periodistas, hacen algunas revelaciones, como el aporte del llamado «informe Jáudenes», e indagan sobre el destino actual de los procesados en el golpe.
Diego Carcedo, otro periodista, hace una semblanza del teniente Tejero, con alguna alusión sarcástica, e investiga el por qué de la tardanza en emitir el mensaje real y, sobre todo, en grabarlo.
Al libro de Miguel Platón ofrece el punto de vista de la institución militar sobre el 23-F y la transformación de las fuerzas armadas, incluyendo varios testimonios inéditos.
A estos libros hay que añadirle 'Diecisiete horas y media: El enirgma del 23-F', de Javier Fernández (Taurus), publicado a finales del año pasado.

Ddel extinguido 

 
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