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Con
mi recuerdo cariñoso a |
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Hilda
Guevara Gadea - Hildita |
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Esta página quiere ser un homenaje a la figura del Che,
a través de "Hildita",
su hija mayor, Hilda Guevara Gadea (1956 / 1995) , a quién
tuve la fortuna y satisfacción de conocer, mantener con ella
una corta pero estrecha amistad y compartir momentos
inolvidables, cargados de debates, reflexiones; llenos de
anécdotas, bromas, tabaco y ron, hasta poco tiempo antes de
su muerte, a los 39 años. |
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Víctor, Hilda y Paco Martos
en
La Habana |
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Hilda
y Víctor en Madrid |
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Hildita,
en una entrevista que se la realizara, decía de su padre:
"Era
un padre muy preocupado por el bienestar de sus hijos, no en
el sentido material, sino de que fuéramos niños alegres,
contentos, que disfrutáramos de la vida y a la vez nos
formáramos como nuevas personas. Por otro lado, muy
comprensivo, cariñoso y muy juguetón. Le gustaba mucho
sentarse a conversar con nosotros, conversaciones en las que
siempre había algo educativo al nivel de cada uno de nosotros
cinco, de distintas edades. Tenía muy poco tiempo, pero lo
buscaba y aprovechaba al máximo [...], los domingos íbamos
al trabajo voluntario.
En la casa se tiraba en el piso y nos poníamos a darle masaje
en la espalda y cosas de esas, a jugar con él. Existía mucho
cariño, comprensión y disciplina férrea, pero no más allá
de la que puede tener un niño a determinada edad. Quería
fuéramos niños iguales a los demás, con sus ocurrencias,
sus travesuras, pero a la vez disciplinados en ciertas cosas
de la vida.
Siempre
nos inculcó que estudiáramos, que ante todo había que
superarse porque sin conocimiento no se podía hacer nada, por
ser la base del dominio de la naturaleza. Cuando veíamos el
boxeo él siempre apostaba a quien iba ganando, cuando el
`suyo' iba perdiendo, empezaba a cambiar la bola para el
contrario, él siempre ganaba y nos divertíamos mucho".

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Última
carta conocida del
Che,
escrita a Hilda, el 15 de febrero de 1966
Hildita querida:
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Hilda
Guevara Gadea |
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Hoy
te escribo, aunque la carta te llegara bastante después;
pero quiero que sepas que me acuerdo de ti y espero que estés
pasando tu cumpleaños muy feliz. Ya eres casi una mujer, y
no se te puede escribir como a los niños, contándoles
boberías o mentiritas.
Has
de saber que sigo lejos y estaré mucho tiempo alejado de
ti, haciendo lo que pueda para luchar contra nuestros
enemigos. No es que sea gran cosa pero algo hago, y creo que
podrás estar siempre orgullosa de tu padre, como yo lo
estoy de ti.
Acuérdate
que todavía faltan muchos anos de lucha, y aun cuando seas
mujer tendrás que hacer tu parte en la lucha. Mientras, hay
que prepararse, ser muy revolucionaria, que a tu edad quiere
decir aprender mucho, lo más posible, y estar siempre lista
a apoyar las causas justas. Además, obedece a tu mamá y no
creerte de todo antes de tiempo. Ya llegara eso.
Debes luchar por ser de las mejores en la escuela. Mejor en
todo sentido, ya sabes lo que quiere decir: estudio y
actitud revolucionaria, vale decir: buena conducta,
seriedad, amor a la Revolución, compañerismo, etc. Yo no
era así cuando tenia tu edad, pero estaba en una sociedad
distinta, donde el hombre era el enemigo del hombre. Ahora
tu tienes el privilegio de vivir otra época y hay que ser
digno de ella.
No te olvides de dar una vuelta por la casa para vigilar a
los otros críos y aconsejarles que estudien y se porten
bien. Sobre todo Aleidita, que te hace mucho caso como
hermana mayor.
Bueno, vieja, otra vez, que lo pases muy feliz en tu
cumpleaños. Dale un abrazo a tu mama y a Gina, y recibe tu
uno grandote y fortísimo que valga por todo el tiempo que
no nos veremos, de tu
Papá

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Carta
entregada por Fidel Castro a Hildita, tras la muerte del Che
Queridos
Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:
Si
alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no
este entre Uds. Casi no se acordaran de mí y los más
chiquitos no recordarán nada.
Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y,
seguro ha sido leal a sus convicciones.
Crezcan como buenos revolucionarlos. Estudien mucho
para poder dominar la técnica que permite dominar la
naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante
y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada.
Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo
más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera
en cualquier parte del mundo. Es la cualidad mas linda de un
revolucionario.
Hasta
siempre hijitos, espero verlos todavía.
Un
beso grandote y un abrazo de papá

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Imágenes.
Hildita con su padre |
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Hilda Gadea con el Che |

Hildita con su padre |

El Che con Hilda Gadea e Hildita |
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El Che, Hildita y ... |
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Cumpleaños de Hildita
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El Che
y la familia |
| En Tepotzotlán, el 18 de agosto de 1955 se celebra el
matrimonio Guevara-Gadea. Numerosos documentos indican que el
joven Guevara decide casarse cuando su novia Hilda le informa
sobre la llegada de un hijo. En tal sentido, Jorge G.
Castañeda hace referencia, en su libro "La vida en rojo,
una biografía del Che Guevara", al testimonio aportado
en tal sentido por un funcionario soviético que entabló una
profunda relación de amistad con el Che. Castañeda relata:
"(...) Oleg Daroussenkov recuerda una conversación con
Guevara en Murmansk, a principio de los años setenta. Al
término de varios tragos de vodka para combatir el frío del
Ártico, el Che confesó que se había casado porque Hilda
estaba esperando un hijo. Se había tomado demasiados
tequilas, lo cual lo condujo a un gesto absurdo de
caballerosidad".
A las siete de la tarde del 15
de febrero del 1956, en México, nace Hilda Beatriz, hija
del matrimonio Guevara-Gadea. La llegada de la niña pone un
poco de tranquilidad en la ya desgastada relación de pareja
de sus padres.
En 1956, cuando Guevara es
detenido por la policía mexicana en el rancho "Santa
Rosa", ubicado en las afueras del Distrito Federal,
lugar éste que funcionaba como base de entrenamiento de los
revolucionarios cubanos que preparaban la expedición a
Cuba, su mujer Hilda y la pequeña hija del matrimonio son
detenidas por la policía en su domicilio. Ernesto había
mantenido en secreto sus actividades revolucionarias a sus
padres. Ante la inminencia de los hechos, relata en una
carta sus actividades y la situación por la que atraviesa
la pareja. En este escrito, Ernesto menciona su decisión de
correr la misma suerte que les toque a sus compañeros de
cautiverio y, por otro lado, confirma su separación de
Hilda, que "regresará a Perú" en cuanto él
salga de prisión en compañía de su hija Hilda Beatriz. El
matrimonio ha durado menos de un año.
En 1958, en el Escambray, a tres
meses del triunfo revolucionario en Cuba, Ernesto Guevara
conocerá a quien sería su segunda esposa y con quien
estará ligado afectivamente hasta el final de sus días. La
joven cubana sería con el tiempo la madre de cuatro de los
cinco hijos del guerrillero. Aleida March Torres con 22
años recién cumplidos se convirtió en poco tiempo en
asistente, amiga fiel, y en enero de 1959 en su esposa.
Compartirían los últimos meses de la guerra en Cuba antes
del triunfo revolucionario y entrarían juntos a La Habana
el día de la victoria rebelde.
El 17 de noviembre de 1960, de
gira por los países del Este en momentos en que se
preparaba a partir de Pekín a Moscú, Ernesto Guevara es
informado del nacimiento de su segunda hija, Aleida Guevara
March en La Habana, Cuba, donde nacerá el resto de sus
hermanos.
El 20 de mayo de 1962, mientras
se desempeñaba como ministro de Industrias de Cuba, nace su
primer hijo varón, al que los Guevara llamarán Camilo, en
homenaje al legendario amigo y compañero de las campañas
por las sierras del Che, Camilo Cienfuegos, quien perdiera
la vida trágicamente en un accidente aéreo.
El 14 de junio de 1963 nacerá
Celia -el nombre elegido por el Che representa un claro
homenaje y reconocimiento de Ernesto hacia su madre- cuarto
hijo del Che y tercero del matrimonio Guevara-March.
El 19 de marzo de 1964, de su
relación con Lidia Rosa López nace el único hijo
extramatrimonial que se conoce del Che. Omar Pérez, que
debe su nombre al autor de "Rubayat", Omar Khayan,
no llevará el apellido de su padre. Ernesto Guevara habría
regalado a Lidia un ejemplar del libro, lo que motivó el
nombre que llevaría su hijo.
Para determinar la relación que
Ernesto Guevara mantenía con sus hijos, el primer referente
para un análisis más o menos veraz, ya que poco ha
aportado Aleida de su relación con el Che, quien se ha
negado sistemáticamente a conceder cualquier tipo de
entrevistas, debe partir del momento en el cual nace cada
uno de ellos y el peso de las responsabilidades que el
guerrillero de origen argentino había asumido en el proceso
revolucionario de Cuba.
El reencuentro con Hilda
Beatriz, hija de su primer matrimonio con Hilda Gadea, que
se produce en enero de 1959, encuentra al Che inmerso en la
consolidación de la revolución, pero de todas maneras, el
jefe revolucionario se da tiempo, durante los fines de
semana o en las visitas que realiza a su ex esposa Hilda,
que reside desde ese año en La Habana, para intentar una
relación fluida con su primogénita. En el caso de Aleida,
Camilo, Celia, Ernesto y Omar, poco se ha dado a conocer.
Los hijos del matrimonio Guevara-March llegan al mundo en
momentos en que el Che se desempeña como ministro de
Industrias, realiza trabajo voluntario y participa de una u
otra manera en la construcción del nuevo Estado cubano.
Guevara, en pocas palabras, va
recibiendo a sus hijos cuando el horario en que desempeñaba
sus tareas revolucionarias ocupaba casi la totalidad de su
tiempo, quedándole libre apenas el domingo a la noche para
dedicárselo a sus hijos o cuando de vez en cuando los
llevaba al ministerio de Industrias para jugar con ellos o,
en el caso de Hildita, para que le leyera algún clásico de
la literatura mientras él descansaba tirado en el suelo de
su despacho. De lunes a sábado, incluyendo casi la
totalidad de las noches, Guevara atendía los problemas que
surgían en el Ministerio de Industrias, los domingos
realizaba trabajos voluntarios, entre otros, al que más
tiempo le dedicaba, en el corte de caña.
Además, los constantes viajes
que el Che realizaba como embajador de la revolución
cubana, de los cuales no participó nunca su familia, ya que
Guevara no permitía que la revolución tuviese gastos por
el traslado de sus familiares, lo mantuvo alejado durante
largos períodos de su mujer y sus hijos.
De la relación que el Che
mantuvo con Omar, su hijo extramatrimonial, que no llevará
su apellido, se sabe poco y nada. El comienzo de la relación
de Guevara con Lidia Rosa Pérez, se ubica en 1959. No se
sabe a ciencia cierta si Guevara mantuvo algún vínculo
afectivo con Omar o no, si lo visitó o si lo evitó. Se
conoce sí, sobre la relación que Hilda Beatriz mantuvo con
Omar, su medio hermano, que duraría hasta la muerte misma
de la primera hija del Che.
Guevara parece haber mantenido
una especial atención con su hija Hildita, a la que llevaba
a sus oficinas del Ministerio de Industrias para compartir
algún tiempo con ella. En momentos en que el Che se
encuentra en la embajada cubana en Dar Es Salaam,
recuperándose de la campaña en el Congo y a punto de
dirigirse a Praga, el guerrillero argentino escribe a su
hija Hildita para felicitarla por su décimo cumpleaños en
términos que delatan al ser revolucionario: "Ya eres
una mujer y no se te puede escribir como a los niños,
contándoles boberías y mentiritas. Has de saber que sigo
lejos y estaré mucho tiempo alejado de ti, haciendo lo que
pueda para luchar contra nuestros enemigos. No es que sea
gran cosa, pero algo hago y siempre podrás estar orgullosa
de tu padre".
A finales de octubre de 1966, días
antes de partir hacia Bolivia, en un lugar secreto en las
afueras de La Habana, irreconocible bajo su nueva identidad
de Adolfo Mena, con la cual actuaría a un trabajador social
uruguayo, el Che Guevara se despedirá de sus hijos. De la
reunión no participará su primogénita Hilda Beatriz, ya
que se temía que la pequeña de 10 años pudiera reconocer
al hombre oculto bajo el seudónimo de Ramón.
Aleida, su hija, que por
entonces contaba apenas 6 años, recordará el encuentro:
"El hombre me saluda. Dijo que era español, se
identificó como Ramón y dijo que era muy amigo de mi
papá". La niña, presintiendo quizás a su padre bajo
el disfraz, coloca a Guevara en una de las situaciones más
difíciles de su vida diciendo: "Chico, pero tú no
eres español, tú lo que pareces es argentino".
A lo largo de su vida, Ernesto
Guevara ha dedicado muy poco tiempo a sus hijos. Siempre a
dado prioridad a sus tareas revolucionarias frente a la
familia. Sin embargo, la carta de despedida que les dirige
poco antes de partir hacia Bolivia muestra con claridad el
afecto que sentía por ellos.
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Mi hijo el Che
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| En
este apartado, se incluyen fragmentos del texto del libro
"Mi hijo el Che", escrito por Ernesto Guevara Linch,
padre del Comandante, que tuve la suerte que Hilda me lo
obsequiara. (Editorial Arte y Literatura, Ciudad de la
Haba, 1968). Ernesto Guevara (padre) comienza con este
pensamiento |
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"Si
hubiera tenido la juventud
y el coraje necesarios
para empuñar el arma
que dejó mi hijo el Che,
este libro
jamás se hubiera escrito"
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Discursos
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«De todos los problemas candentes que deben
tratarse en esta Asamblea, uno de los que para nosotros
tiene particular significación y cuya definición
creemos debe hacerse en forma que no deje dudas a nadie,
es el de la coexistencia pacífica entre Estados de
diferentes regímenes económico-sociales. Mucho se ha
avanzado en el mundo en este campo; pero el imperialismo
—norteamericano sobre todo— ha pretendido hacer
creer que la coexistencia pacífica es de uso exclusivo
de las grandes potencias de la tierra.»
11 de diciembre de 1964
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«He nacido en la Argentina; no es un secreto
para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no
se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica,
me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier
país de Latinoamérica, como el que más y, en el
momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a
entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los
países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin
exigir nada, sin explotar a nadie.»
11 de diciembre de 1964
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Escritos y documentos
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«¿Qué es subdesarrollo? Un enano de cabeza
enorme y tórax enchido es "subdesarrollado"
en cuanto a que sus débiles piernas o sus cortos brazos
no articulan con el resto de su economía, es el
producto de un fenómeno teratológico que ha
distorsionado su desarrollo. Eso es lo que en realidad
somos nosotros, los suavemente llamados
"subdesarrollados", en verdad países
coloniales, semicoloniales o dependientes. Somos países
de economía distorsionada por la acción imperial, que
ha desarrollado anormalmente las ramas industriales o
agrícolas necesarias para complementar su compleja
economía.»
Revista Verde Olivo, 9
de abril de 1961 |
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«El burocratismo, evidentemente, no nace con la
sociedad socialista ni es un componente obligado de
ella. La burocracia estatal existía en la época de los
regímenes burgueses con su cortejo de prebendas y de
lacayismo, ya que a la sombra del presupuesto medraba un
gran número de aprovechados que constituían la
"corte" del político de turno. En una
sociedad capitalista, donde todo el aparato del Estado
está puesto al servicio de la burguesía, su
importancia como órgano dirigente es muy pequeña y lo
fundamental resulta hacerlo lo suficientemente permeable
como para permitir el tránsito de los aprovechados y lo
suficientemente hermético como para apresar en sus
mallas al pueblo.»
Revista Cuba Socialista,
La Habana, febrero de 1963, año 3, no. 18 |
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«El camino es largo y lleno de dificultades. A
veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras,
por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las
masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el
aliento cercano de los que nos pisan los talones. En
nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de
caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos,
pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que
ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos
con nuestro ejemplo.»
Marcha, Montevideo, 12
de marzo de 1965 |
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«Toda nuestra acción es un grito de guerra
contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los
pueblos contra el gran enemigo del género humano: los
Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que
nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que
ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído
receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras
armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos
luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos
de guerra y de victoria.»
Tricontinental,
Suplemento especial, 16 de abril de 1967. |
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Biografía
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He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy
cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas
señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de
Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el
que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría
dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera
de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie,
sin exigir nada, sin explotar a nadie.
Ernesto Guevara de la Serna nace el 14
de junio de 1928 en Rosario, Argentina. A los dos años de
edad sufre su primer ataque de asma. La familia se muda en
1932 a la ciudad de Altagracia por recomendación médica.
En diciembre de 1947 ingresa a la
Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Durante 1952 viaja por Argentina, Chile, Perú, Colombia y
Venezuela en compañía de Alberto Granados. El 12 de junio de
1953 recibe el título de médico. El 6 de julio parte rumbo a
Venezuela, pero la situación que encuentra en Bolivia y su
posterior contacto con exiliados latinoamericanos en Perú le
hace cambiar de idea.
En diciembre de 1953 llega a
Guatemala. En enero de 1954 conoce a Antonio Ñico López,
participante del asalto al Cuartel Moncada, con el que entabla
amistad. Después del golpe de Estado que culmina con el
derrocamiento del gobierno democrático de Jacobo Arbenz, el
Che parte rumbo a México.
En julio de 1955 conoce a Fidel
Castro y se enlista como médico de la futura expedición del Granma.
El 25 de noviembre de 1956 los combatientes revolucionarios
parten del puerto de Tuxpan con rumbo a Cuba. El desembarco se
produce el 2 de diciembre y los rebeldes son sorprendidos
pocos días después en Alegría de Pío por el ejército de
Batista.
El 17 de enero de 1957 participa en
el primer combate victorioso de los rebeldes en La Plata. El
28 de mayo se obtiene una importante victoria en el ataque al
cuartel del Uvero. Según el Che, este combate marca la mayoría
de edad del Ejército Rebelde.
El 5 de junio, es nombrado jefe de la
cuarta columna rebelde (en realidad, la segunda). Entre julio
y diciembre fija su campamento en la zona de El Hombrito. Ahí
instala una escuela, una fábrica de zapatos, una talabartería,
una armería, una hojalatería, una herrería y un horno para
hacer pan.
El 21 de agosto de 1958, el Che
recibe la orden de marchar con destino a la provincia de Las
Villas para ponerse al frente de las unidades del Movimiento
26 de julio que operaban en esa zona. La columna invasora 8
"Ciro Redondo" parte el 31 de agosto desde El Jíbaro.
El 8 de septiembre llega a Camagüey. El 15 de octubre, después
de recorrer más de 500 Km, llega a la sierra de El Escambray.
El Che instala su comandancia en Caballete de Casa.
El 28 de diciembre, como parte de la
ofensiva final del Ejército Rebelde, inicia el ataque a la
ciudad de Santa Clara. El 31 de diciembre se consuma la toma
de la ciudad y el triunfo de la Revolución. El 2 de enero de
1959 se traslada a La Habana. El 7 de febrero es declarado
ciudadano cubano por nacimiento.
El 26 de noviembre de 1959 es
nombrado presidente del Banco Nacional de Cuba.
El 4 de marzo de 1960 acude al lugar
dónde estalló el barco francés La Coubre. Al día
siguiente, durante la despedida de duelo de las víctimas del
sabotaje, su imagen queda plasmada en una memorable fotografía.
El 21 de octubre parte en un viaje
hacia los países de la comunidad socialista. Visita
Checoslovaquia, la Unión Soviética, Alemania Oriental, Hungría,
China y Corea del Norte. El 6 de enero de 1961 informa en
televisión los resultados de su viaje.
El 23 de febrero es nombrado Ministro
de Industrias.
El 9 de abril publica en la revista Verde
Olivo un artículo titulado "Cuba, ¿excepción histórica
o vanguardia en la lucha contra el colonialismo?".
El 16 de abril se translada a la
comandancia de occidente en Consolación del Sur, Pinar del Río,
pues la inteligencia cubana piensa que habrá una invasión
por esa zona, la más cercana al continente. El Che sufre un
accidente con su pistola. El desembarco mercenario finalmente
se produce en Playa Girón y es derrotado en tan solo 72
horas.
El 2 de agosto viaja al frente de la
delegación cubana rumbo a Punta del Este, Uruguay, para
participar en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico
Social. El día 8 interviene en la quinta sesión plenaria y
fustiga la denominada Alianza para el Progreso. El 17
pronuncia un discurso en la Universidad Nacional de
Montevideo. El 19, tras concluir su visita a Uruguay, viaja a
Argentina y Brasil. El 23 informa en televisión al pueblo de
Cuba los resultados de la Conferencia de Punta del Este.
El 22 de octubre de 1962, al
desencadenarse la Crisis de Octubre, se le asigna la defensa
de la parte occidental del territorio cubano. El Che instala
su comandancia en la cordillera de los Organos, Pinar del Río.
El 30 de junio de 1963 viaja a
Argelia para participar en las actividades por el aniversario
de la independencia.
El 17 de marzo de 1964 parte con
rumbo a Ginebra para participar en la Conferencia Mundial de
Comercio y Desarrollo.
El 12 de marzo de 1965 el semanario
uruguayo Marcha publica el artículo del Che titulado "El
socialismo y el hombre en Cuba".
El 3 de octubre, en el acto de
constitución del Comité Central del Partido Comunista de
Cuba, Fidel lee la carta de despedida del Che.
El 3 de noviembre de 1966 llega a La
Paz, Bolivia, con el nombre de Adolfo Mena González y
pasaporte uruguayo. El 7 de noviembre se incorpora a la
guerrilla.
El 18 de abril de 1967 se publica en
Cuba su "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la
Tricontinental".
El 8 de octubre es herido en
combate en la Quebrada del Yuro.
El 9 de octubre es asesinado en el
pueblo de Higuera.
El 28 de junio de 1997 un grupo de
expertos cubanos y argentinos descubre una fosa común en
Vallegrande con los restos del Che y de otros 6 guerrilleros.
El 12 de julio es recibido en el
aeropuerto de San Antonio de los Baños por su familia y compañeros.
Los restos del Che descansan en el mausoleo de la Plaza Ernesto
Che Guevara en Santa Clara.
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El cubano,
agente de la CIA Operación 40,
Félix Rodríguez,
con el Che Guevara, prisionero en
La Higuera (Bolivia)
9 de octubre de 1967
Fotografía de la CIA |
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El
Che es expuesto a la prensa tras su asesinato
en Bolivia |
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Lavandería
donde se expuso el cuerpo del
Che Guevara sin vida.
Vallegrande (Bolivia). |
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Historia
de una foto
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Ésta es, sin lugar a dudas, la foto más famosa del mundo. Fue tomada por
el cubano Alberto Korda el 5 de marzo de 1960, durante el acto de despedida del
duelo de las víctimas del sabotaje al barco francés La Coubre.
A continuación un texto de Ciro Bianchi Ross que cuenta la
historia
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Ni
un centavo
Alberto Korda tomó la clásica foto del Che con su vieja cámara
Leica, provista de un lente de 90 milímetros, un semitelefoto de potencia
regular, rayado por el uso en la superficie. Se hallaba a unos siete metros —¿o
eran diez?— de distancia del comandante guerrillero y, precisa, sí, que era
una tarde opaca, invernal. Eso explica, dice ahora, que la imagen no sea
supernítida, que parezca envuelta en una aureola, que algunos crean verla como
una nube en el ambiente: la cabeza solitaria del Che se difumina en una luz
pareja y suave.
No hubo ninguna elaboración intelectual en eso. La luz solar,
escasa, y el desgaste del lente imprimieron al retrato su atmósfera. ¿Y la
composición? "Bueno, ya eso es otra cosa. Es eternamente mía",
afirma. "Si yo le hubiera dado un poco más de negro en el hombro a la
imagen, la foto se me hubiera caído". Llevé el negativo a la ampliadora,
enderecé la figura y le di aire alrededor. Creo que el público exige esos
detalles del encuadre. Por eso, al verla, encuentra una belleza y una armonía
que no sabe de dónde salió, pero que es responsabilidad del artista, y eso es
lo que hace que una foto pueda ser única.
La fecha: el 5 de marzo de 1960. Cubría como fotorreportero de
Revolución la despedida del duelo de las víctimas del sabotaje, perpetrado por
la CIA, al barco francés La Coubre —dinamitado en el puerto habanero—, y
metido entre la muchedumbre paneaba con su cámara, de izquierda a derecha, el
entarimado donde se emplazó la tribuna. De pronto, el Che avanzó hacia la
primera fila para mirar la escena. Korda alcanzó a hacer uno, dos o tal vez
tres disparos seguidos; un minuto, minuto y medio después, volvía a perderse
el Che en el fondo de la tarima. Pero ya había captado la imagen, la misma que
siete años después, a la muerte del guerrillero argentino, el editor italiano
Feltrinelli (utilizando precisamente esa foto que le regalara en ese mismo 1967
el propio Korda a su paso por Cuba) difundiera en millones de carteles. Alberto
Korda, dice, nunca cobró un centavo por dicha fotografía.
Foto de Korda: Granma Internacional
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El diario de Bolivia |
1966
Una introducción necesaria
Tomado de:
Granma Internacional,
Edición digital, La Habana, 1997. |

Portada de la primera edición cubana
de El diario del Che
en Bolivia
(26 de junio de 1968)
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Una introducción necesaria
Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en
un Diario personal sus observaciones de cada día. En las largas marchas
por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos,
cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las
mochilas, las municiones y las armas, se detenían un instante a
descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final
de fatigosa jornada, se veía al Che —como cariñosamente lo
bautizaron desde el principio los cubanos— extraer una pequeña
libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus
notas.
Lo que pudo conservar de esos apuntes le sirvió luego para escribir
sus magníficas narraciones históricas de la guerra revolucionaria en
Cuba, llenas de contenido revolucionario, pedagógico y humano.
Esta vez, gracias a aquel invariable hábito suyo de ir anotando los
principales hechos de cada día, podemos disponer de una información
pormenorizada, rigurosamente exacta e inapreciable de aquellos heroicos
meses finales de su vida en Bolivia.
Esas anotaciones, no escritas propiamente para la publicación, le
servían como instrumento de trabajo para la evaluación constante de
los hechos, las situaciones y los hombres, a la vez que daban cauce a
las expresiones, de su espíritu profundamente observador, analítico, y
muchas veces matizado de fino humorismo. Están sobriamente redactadas y
poseen ininterrumpida coherencia desde el principio hasta el fin.
Téngase en cuenta que fueron escritas en los ratos escasísimos de
descanso, en medio de épico y sobrehumano esfuerzo físico y de sus
agotadoras obligaciones como jefe de un destacamento guerrillero en la
difícil etapa de los comienzos de una lucha de esta naturaleza, que se
desenvolvía en condiciones materiales increíblemente duras, lo que
revela una vez más su estilo de trabajo y su voluntad de hierro.
En este Diario, al analizar en detalle los incidentes de cada día,
se hacen constar faltas, críticas y recriminaciones que son propias e
inevitables en el desarrollo de una guerrilla revolucionaria.
En el seno de un destacamento guerrillero esas críticas se tienen
que producir incesantemente, sobre todo en la etapa en que está
constituido sólo por un pequeño núcleo, enfrentados a condiciones
materiales sumamente adversas y a un enemigo infinitamente superior en número,
cuando el menor descuido o la más insignificante falta pueden resultar
fatales y el jefe debe ser exhaustivamente exigente, a la vez que
utilizar cada hecho o episodio, por insignificante que parezca, para
educar a los combatientes y futuros cuadros de los nuevos destacamentos
guerrilleros.
El proceso de formación de la guerrilla es un incesante llamado a la
conciencia y al honor de cada hombre. El Che sabía tocar las fibras más
sensibles de los revolucionarios. Cuando Marcos, reiteradamente
amonestado por el Che, fue advertido de que podía ser expulsado
deshonrosamente de la guerrilla, respondió:
“¡Antes fusilado!” Más adelante dio su vida heroicamente.
Similar fue el comportamiento de todos los hombres en los que puso su
confianza y a los cuales se vio en la necesidad de amonestar por alguna
u otra causa en el transcurso de la lucha. Jefe fraternal y humano sabía
también ser exigente y en ocasiones severo; pero lo era en primer lugar
y en mayor grado que con los demás, consigo mismo. Che basaba la
disciplina en la conciencia moral del guerrillero y en la fuerza
tremenda de su propio ejemplo.
El Diario contiene también numerosas referencias a Debray y
evidencian la enorme preocupación que suscitó en el Che el arresto y
encarcelamiento del escritor revolucionario a quien había encomendado
una misión en Europa, aunque en el fondo habría deseado que aquél
permaneciera en la guerrilla. Por eso manifiesta cierta inconformidad, y
en ocasiones algunas dudas, sobre su comportamiento.
Che no tuvo posibilidad de conocer la odisea vivida por Debray en las
garras de los cuerpos represivos y la actitud firme y valerosa mantenida
por éste ante sus captores y torturadores.
Destacó, sin embargo, la enorme importancia política del proceso,
y, el 3 de octubre, seis días antes de su muerte, en medio de amargos y
tensos sucesos, consigna: “Se escuchó una entrevista de Debray muy
valiente frente a un estudiante provocador”, siendo ésta su última
referencia al escritor.
Como en este Diario la Revolución Cubana y sus relaciones con el
movimiento guerrillero aparecen reiteradamente señaladas, algunos
pudieran interpretar que su publicación por nuestra parte constituye un
acto de provocación que dará argumentos a los enemigos de la Revolución
y a los imperialistas yanquis y sus aliados, los oligarcas de América
Latina, para redoblar sus planes de bloqueo, aislamiento y agresión a
Cuba.
A los que así juzgan los hechos, es bueno recordarles que el
imperialismo yanqui no ha necesitado nunca de pretextos para perpetrar
sus fechorías en cualquier lugar del mundo y que sus esfuerzos para
aplastar la Revolución Cubana se iniciaron desde la primera ley
revolucionaria promulgada en nuestro país, por el obvio y conocido
hecho de que ese imperialismo es el gendarme de la reacción mundial,
promotor sistemático de la contrarrevolución y protector de las
estructuras sociales más retrógadas e inhumanas que subsisten en el
mundo.
La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como
pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la
solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz,
que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las
revoluciones sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el
movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino solidarizarse
de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y
esclavización del mundo.
Cuba es un pequeño país de economía subdesarrollada, como todos
los que fueron durante siglos dominados y explotados por el colonialismo
y el imperialismo, situada sólo a 90 millas de las costas de Estados
Unidos, con una base naval yanqui en su propio territorio, que se
enfrenta a numerosos obstáculos por llevar a cabo su desarrollo económico-social.
Grandes peligros se han cernido sobre nuestra Patria desde el triunfo de
la Revolución, pero no por ello conseguirá el imperialismo doblegarla,
sin que deban importarnos las dificultades que una línea revolucionaria
consecuente pueda conllevar.
Desde el punto de vista revolucionario la publicación del Diario del
Che en Bolivia no admite alternativa. El Diario del Che quedó en poder
de Barrientos, que de inmediato entregó copia a la CIA, al Pentágono y
al gobierno de Estados Unidos. Periodistas allegados a la CIA tuvieron
acceso al documento en la propia Bolivia y sacaron copias fotostáticas
del mismo, aunque con el compromiso de abstenerse, por el momento, de
publicarlo.
El gobierno de Barrientos y los más altos jefes militares tienen
sobradas razones para no publicar el Diario, donde se puede constatar la
inmensa incapacidad de su ejército y las incontables derrotas que
sufrieron en manos de un puñado de guerrilleros decididos que en unas
pocas semanas le arrebató en combate cerca de doscientas armas.
Che describe además a Barrientos y su régimen en los términos a
que es acreedor con palabras que no podrán borrarse de la historia.
Por otro lado, el imperialismo tenía también sus razones: Che y su
ejemplo extraordinario cobran fuerza cada vez mayor en el mundo. Sus
ideas, su retrato, su nombre, son banderas de lucha contra las
injusticias entre los oprimidos y los explotados y suscitan interés
apasionado entre los estudiantes y los intelectuales de todo el mundo.
En los propios Estados Unidos el movimiento negro y los estudiantes
progresistas, que son cada vez más numerosos, han convertido en algo
suyo la figura del Che. En las manifestaciones más combativas por los
derechos civiles y contra la agresión a Vietnam, sus retratos son
esgrimidos como emblemas de lucha. Pocas veces en la historia, o tal vez
nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal
celeridad y apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma más
pura y desinteresada el espíritu internacionalista que caracteriza al
mundo de hoy y cada vez al de mañana.
De un continente oprimido ayer por las potencias coloniales,
explotado hoy y mantenido en el retraso y en el subdesarrollo más
inicuo por el imperialismo yanqui, surge esa singular figura que se
convierte en aliento universal de lucha revolucionaria hasta en las
propias metrópolis imperialistas y colonialistas.
Los imperialistas yanquis temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo
que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario,
expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera
escrita al calor y la tensión de cada día, pólvora inflamable,
demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente
frente a los esclavizadores de pueblos y sus ejércitos mercenarios, lo
que les ha impedido hasta hoy darlo a la publicidad.
Pudieran estar también interesados en que este Diario no se
conociera nunca. Los seudorrevolucionarios, oportunistas y charlatanes
de toda laya, que autoconceptuándose marxistas, comunistas y otros títulos
por el estilo, no han vacilado en calificar al Che de equivocado,
aventurero, y cuando más begnignamente, idealista, cuya muerte es el
canto de cisne de la lucha armada revolucionaria en América Latina. “¡Si
el Che —exclaman—, máximo exponente de esas ideas y experimentado
guerrillero, fue muerto en las guerrillas y su movimiento no liberó a
Bolivia, eso demuestra cuán equivocado estaba...!” ¡Cuántos de
estos miserables se habrán alegrado de la muerte del Che, sin
sonrojarse siquiera de pensar que sus posiciones y razonamientos
coinciden por entero con los de los oligarcas más reaccionarios y el
imperialismo!
De este modo se justifican a sí mismos, o justifican a dirigentes
traidores que en determinado momento no vacilaron en jugar a la lucha
armada con el verdadero propósito —según se pudo ver luego— de
destruir a los destacamentos guerrilleros, frenar la acción
revolucionaria e imponer sus vergonzosas y ridículas componendas políticas,
porque eran absolutamente incapaces de ninguna otra línea; o a los que
no quieren combatir, ni combatirán jamás, por el pueblo y su liberación
y han caricaturizado las ideas revolucionarias haciendo de ellas opio
dogmático sin contenido ni mensaje a las masas, y convertido las
organizaciones de lucha del pueblo en instrumentos de conciliación con
los explotadores internos y externos, y propugnadoras de políticas que
no tienen nada que ver con los intereses reales de los pueblos
explotados en este continente.
Che contemplaba su muerte como algo natural y probable en el proceso
y se esforzó en recalcar, muy especialmente en sus últimos documentos,
que esa eventualidad no impediría la marcha inevitable de la revolución
en América Latina. En su mensaje a la Tricontinental reiteró ese
pensamiento: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el
imperialismo... En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte,
bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado
hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras
armas”.
Se consideró a sí mismo soldado de esa revolución, sin preocuparle
en absoluto sobrevivir a ella. Los que ven en el desenlace de su lucha
en Bolivia el fracaso de sus ideas, con el mismo simplismo pudieran
negar la validez de las ideas y las luchas de todos los grandes
precursores y pensadores revolucionarios, incluidos los fundadores del
marxismo, que no pudieron culminar la obra y contemplar en vida los
frutos de sus nobles esfuerzos.
En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a las que
siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra
de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas,
ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como
Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del imperialismo,
pudieron impedir a la larga el triunfo de un proceso que comenzó hace
cien años, y nadie en absoluto podría poner en duda la profunda
justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la
vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los
revolucionarios cubanos.
En el Diario del Che se pueden apreciar cuán reales eran sus
posibilidades de éxito y cuán extraordinario el poder catalizador de
la guerrilla, como él consigna en sus apuntes. En cierta ocasión, ante
los evidentes síntomas de debilidad y rápido deterioro del régimen
boliviano, expresó: “El gobierno se desintegra rápidamente, lástima
no tener cien hombres más en este momento”.
Che conocía por su experiencia en Cuba cuántas veces nuestro pequeño
destacamento guerrillero estuvo a punto de ser exterminado. Pudo ocurrir
así en dependencia casi absoluta de los azares e imponderables de la
guerra, mas, tal eventualidad, ¿habría dado a nadie el derecho a
considerar errónea nuestra línea y tomarla además como ejemplo para
desalentar a la revolución e inculcar en los pueblos la impotencia? ¡Muchas
veces en la historia los procesos revolucionarios estuvieron precedidos
de episodios adversos! Nosotros en Cuba, ¿no tuvimos acaso la
experiencia del Moncada apenas seis años antes del triunfo definitivo
de la lucha armada del pueblo?
Para muchos, entre el 26 de julio de 1953, ataque al Cuartel Moncada
en Santiago de Cuba, y el 2 de diciembre de 1956, desembarco del
“Granma”, la lucha revolucionaria en Cuba frente a un ejército
moderno y bien armado carecía de toda perspectiva y la acción de un puñado
de luchadores era vista como quimera de idealistas e ilusos “que
estaban profundamente equivocados”. La derrota aplastante y la
dispersión total del inexperto destacamento guerrillero el 5 de
diciembre de 1956 pareció confirmar por entero los pesimistas
augurios... Pero, sólo 25 meses después, los restos de aquella
guerrilla habían desarrollado ya la fuerza y experiencia necesarias
para aniquilar aquel ejército.
Para no luchar habrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas
y en todas las circunstancias, pero será el único camino de no obtener
jamás la libertad. El Che no sobrevivió a sus ideas, pero supo
fecundarlas con su sangre. Con toda seguridad sus críticos
seudorrevolucionarios, con su cobardía política y su eterna falta de
acción, sobrevivirán a la evidencia de su propia estupidez.
Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes
revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario
Monje, esgrimiendo el título de Secretario del Partido Comunista de
Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar
del movimiento. Y puesto que alegó, además, el propósito de renunciar
previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto,
le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa.
Mario Monje, por supuesto, no tenía ninguna experiencia guerrillera
ni había librado jamás un combate, sin que por otro lado su
autoconceptuación de comunista lo obligase siquiera a prescindir del
grosero y mundano chovinismo que ya habían logrado superar los próceres
que lucharon por la primera independencia.
Con semejante concepto de lo que debe ser la lucha antimperialista en
este continente, tales “jefes comunistas” no han rebasado siquiera
el nivel internacionalista de las tribus aborígenes que sojuzgaron los
colonizadores europeos en la época de la conquista.
Así, el jefe del Partido Comunista de un país que se llama Bolivia,
y su capital histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores
que eran venezolanos uno y otro, que tuvo la posibilidad de contar para
la definitiva liberación de su pueblo con la cooperación del talento
político, organizador y militar de un verdadero titán revolucionario,
cuya causa por demás no se limitaba a las fronteras estrechas,
artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra cosa que
entrar en vergonzosos, ridículos e inmerecidos reclamos de mando.
Bolivia, por no tener salida al mar necesita más que ningún otro país,
para su propia liberación, sin tener que exponerse a un atroz bloqueo,
del triunfo revolucionario de los vecinos. Che era, además, por su
prestigio enorme, su capacidad y su experiencia, el hombre que habría
podido acelerar ese proceso.
Che había establecido relaciones con dirigentes y militantes del
Partido Comunista boliviano, desde antes de producirse en el mismo la
escisión, recabando de ellos la ayuda para el movimiento revolucionario
en América del Sur. Algunos de esos militantes, autorizados por el
Partido, trabajaron con él durante años en diversas tareas. Al
producirse la escisión en dicho Partido, se creó una situación
especial puesto que varios militantes de los que habían estado
trabajando con él quedaron ubicados en uno u otro grupo. Pero Che no
concebía la lucha en Bolivia como un hecho aislado sino como parte de
un movimiento revolucionario de liberación que no tardaría en
extenderse a otros países de América del Sur. Era su propósito
organizar un movimiento sin espíritu sectario, para que a él se
incorporasen todos los que quisieran luchar por la liberación de
Bolivia y demás pueblos sojuzgados por el imperialismo en América
Latina. Pero en la fase inicial de preparación de la base guerrillera
venía dependiendo fundamentalmente de la ayuda de un grupo de valiosos
y discretos colaboradores que al producirse la escisión habían
permanecido en el Partido de Monje. Fue por deferencia con ellos que
invitó, en primer término, a éste, a visitar su campamento, aunque
ciertamente no experimentaba hacia él ninguna simpatía. Después invitó
a Moisés Guevara, líder minero y político que se había separado de
aquel Partido para cooperar en la formación de otra organización, y
que luego también se había marginado de ella inconforme con Oscar
Zamora, otro Monje que hacía algún tiempo se había comprometido con
el Che a trabajar en la organización de la lucha armada guerrillera en
Bolivia, rehuyendo después los compromisos y cruzándose cobardemente
de brazos a la hora de la acción, para convertirse con posterioridad a
su muerte en uno de sus más venenosos críticos, en nombre del
“marxismo-leninismo”. Moisés Guevara se unió sin vacilación al
Che, como le había ofrecido desde mucho antes de que éste llegara a
Bolivia, le brindó su apoyo y entregó su vida heroicamente a la causa
revolucionaria.
Otro tanto hizo el grupo de guerrilleros bolivianos que había
permanecido hasta entonces en la organización de Monje. Dirigidos por
Inti y Coco Peredo, que después demostraron ser valerosos y destacados
combatientes, se apartaron de aquél y respaldaron decididamente al Che.
Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el
movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien
entrenados que iban a unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo
existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas las
condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente
frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros.
Che fue hombre al que nunca le interesaron personalmente cargos,
mandos ni honores, pero estaba firmemente convencido de que en la lucha
revolucionara guerrillera —fundamental forma de acción para la
liberación de los pueblos de América Latina, partiendo de la situación
económica, política y social de casi todos los países
latinoamericanos— el mando militar y político de la guerrilla debía
estar unificado y que la lucha sólo podía ser dirigida desde la
guerrilla y no desde cómodas y burocráticas oficinas urbanas. Y en
este punto no estaba dispuesto a transigir, ni a entregarle a un
inexperto seso-hueco de estrechas miras chovinistas el mando de un núcleo
guerrillero destinado a desenvolver en su ulterior desarrollo una lucha
de amplia dimensión en América del Sur. Che consideraba que ese
chovinismo, que muchas veces infecta a los propios elementos
revolucionarios de los diversos países de América Latina, debía ser
combatido como un sentimiento reaccionario ridículo y estéril. “Que
se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario —dijo en su
mensaje a la Tricontinental—... la bandera bajo la que se luche sea la
causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir
bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de
Guinea, de Colombia, de Bolivia..., para citar sólo los escenarios
actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y deseable para un
americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo. Cada gota de
sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es
experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego a la lucha
por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere es
una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha
ganado”.
Che pensaba igualmente que en el destacamento guerrillero
participasen combatientes de distintos países latinoamericanos y que la
guerrilla en Bolivia fuese escuela de revolucionarios que harían su
aprendizaje en los combates. A su lado quiso tener para ayudarlo en esa
tarea, junto a los bolivianos, un pequeño núcleo de guerrilleros con
experiencia, que habían sido casi todos compañeros suyos en la Sierra
Maestra, durante la lucha revolucionaria en Cuba, cuya capacidad, valor
y espíritu de sacrificio conocía. De esos hombres ninguno vaciló en
responder a su solicitud, ninguno lo abandonó y ninguno se rindió.
Che actuó en su campaña de Bolivia con el tesón, la maestría, el
estoicismo y la ejemplar actitud que eran proverbiales en él. Puede
decirse que impregnado de la importancia de la misión que se había
asignado a sí mismo, procedió en todo instante con un espíritu de
responsabilidad irreprochable. En aquellas ocasiones en que la guerrilla
cometía algún descuido, se apresuraba en advertirlo y enmendarlo,
consignándolo en su Diario.
Factores adversos se combinaron increíblemente en su contra. La
separación —que debía ser por unos breves días— de una parte de
la guerrilla, donde se encontraba un grupo valioso de hombres, algunos
de ellos enfermos o convalecientes, al perderse el contacto entre ambos
en un terreno sumamente accidentado, se prolongó durante interminables
meses, que ocuparon el esfuerzo de Che en su búsqueda. En ese período
el asma —una dolencia que solía dominar fácilmente con sencillos
medicamentos, pero que faltando éstos se convertía para él en un
terrible enemigo— lo atacó despiadadamente, deviniendo esto en un
problema serio por el hecho de que las medicinas que previsoriamente había
acumulado para la guerrilla fueron descubiertas y ocupadas por el
enemigo. Este hecho, unido al aniquilamiento a fines de agosto de la
parte de la guerrilla con la que había perdido el contacto, fueron
factores que gravitaron considerablemente en el desarrollo de los
acontecimientos. Pero Che, con voluntad de acero, se sobrepuso al
malestar físico y en ningún instante su acción aminoró, ni decayó
su ánimo.
Fueron numerosos sus contactos con los campesinos bolivianos. El carácter
de éstos, sumamente desconfiados y cautelosos, no podía sorprender al
Che, que conocía perfectamente bien su mentalidad por haberlos tratado
en otras ocasiones, y sabía que para ganarlos a su causa se requería
una labor prolongada, ardua y paciente, pero no albergaba ninguna duda
de que a la larga lo obtendría.
Si se sigue con cuidado el hilo de los acontecimientos se verá que
aun cuando el número de hombres con que contaba en el mes de
septiembre, algunas semanas antes de su muerte, era muy reducido, todavía
la guerrilla mantenía su capacidad de desarrollo y algunos cuadros
bolivianos, como los hermanos Inti y Coco Peredo, se iban ya destacando
con magníficas perspectivas de jefes. Fue la emboscada de Higueras, única
acción exitosa del ejército contra el destacamento que mandaba el Che,
matándole la vanguardia e hiriéndole varios hombres más en pleno día,
cuando se trasladaban a una zona campesina de mayor desarrollo político
—objetivo este que no aparece consignado en el Diario, pero que se
sabe por los sobrevivientes—, lo que les creó una situación
insuperable. Ese avance de día por la misma ruta que venían siguiendo
durante varias jornadas en inevitablemente amplio contacto con los
moradores de aquella zona que cruzaban por primera vez, y la obvia
certeza de que el ejército debería interceptarlos en algún punto, era
sin duda peligroso. Pero el Che, plenamente consciente de esto, decidió
correr el riesgo para ayudar al médico que venía en muy mal estado físico.
El día anterior a la emboscada, escribe: “Llegamos a Pujio, pero
allí había gente que nos había visto abajo el día anterior, vale
decir: estamos siendo previstos por Radio Bemba...” “El caminar en
mulo se hace peligroso, pero trato que el médico vaya lo mejor posible
pues viene muy débil”.
Al día siguiente escribió: “A las 13 salió la vanguardia para
tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre las mulas y
el médico”. Es decir, buscaba una solución para el enfermo, a fin de
abandonar aquella ruta y tomar las precauciones necesarias. Pero aquella
misma tarde, antes de que la vanguardia llegara a Jagüey se produjo la
fatal emboscada que llevó al destacamento a una situación
insostenible.
Días después, cercado en la quebrada del Yuro, libró su último
combate.
Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de
revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que
desenvolvían su acción constituye una insuperable página de heroísmo.
Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una
tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa
capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser
despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se
entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres.
Che dijo un día a los guerrilleros en Bolivia: “Este tipo de lucha
nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más
alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de
hombres; los que no puedan alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben
decirlo y dejar la lucha”.
Los que con él lucharon hasta el final se hicieron acreedores a
estos honrosos calificativos. Ellos simbolizan el tipo de
revolucionarios y de hombres a quienes la historia en esta hora convoca
para una tarea verdaderamente dura y difícil: la transformación
revolucionaria de América Latina.
El enemigo que enfrentaron los próceres de la primera lucha por la
independencia, era un poder colonial decadente. Los revolucionarios de
hoy tienen por enemigo al baluarte más poderoso del campo imperialista,
equipado con la técnica y la industria más moderna. Ese enemigo no sólo
organizó y equipó de nuevo un ejército en Bolivia, donde el pueblo
había destruido la anterior fuerza militar represiva y le brindó
inmediatamente el auxilio de sus armas y asistentes militares para la
lucha contra la guerrilla, sino que brinda su aporte militar y técnico
en la misma medida a todas las fuerzas represivas de este continente. Y
cuando no bastan esas medidas, interviene directamente con sus tropas,
como hizo en Santo Domingo.
Para luchar contra ese enemigo se requiere el tipo de revolucionarios
y de hombres de que habló el Che. Sin ese tipo de revolucionarios y de
hombres, dispuestos a hacer lo que ellos hicieron; sin el ánimo de
enfrentarse a enormes obstáculos que ellos tuvieron; sin la decisión
de morir que a ellos los acompañó en todo instante; sin la convicción
profunda de la justicia de su causa y la fe inconmovible en la fuerza
invencible de los pueblos que ellos albergaron, frente a un poder como
el imperialismo yanqui, cuyos recursos militares, técnicos y económicos,
se hacen sentir en todo el mundo, la liberación de los pueblos de este
continente no sería alcanzada.
El propio pueblo norteamericano, que empieza a tomar conciencia de
que la monstruosa superestructura política que rige su país no es ya
hace mucho rato la idílica república burguesa que sus fundadores
establecieron hace casi doscientos años, está sufriendo en un grado
cada vez más alto la barbarie moral de un sistema irracional,
enajenante, deshumanizado y brutal, que cobra en el pueblo
norteamericano cada vez más víctimas de sus guerras agresivas, sus crímenes
políticos, sus aberraciones raciales, su mezquina jerarquización del
ser humano y el repugnante derroche de recursos económicos, científicos
y humanos de su desmesurado aparato militar, reaccionario y represivo,
en medio de un mundo en sus tres cuartas partes subdesarrollado y
hambriento.
Pero sólo la transformación revolucionaria de América Latina
permitiría al pueblo de Estados Unidos ajustar sus propias cuentas con
ese mismo imperialismo, a la vez que en la misma medida la lucha
creciente del pueblo norteamericano contra la política imperialista
podría convertirlo en aliado decisivo del movimiento revolucionario en
América Latina.
Y si esta parte del hemisferio no sufre una profunda transformación
revolucionaria, la enorme diferencia y desequilibrio que se produjo a
principios de este siglo entre la pujante nación que se industrializaba
rápidamente, al mismo paso que marchaba por la propia ley de su dinámica
social y económica hacia cumbres imperiales, y el haz de países débiles
y estancados, sometidos a la coyunda de oligarquías feudales y sus ejércitos
reaccionarios, en el balcanizado resto del continente americano, será
apenas un pálido reflejo no ya del enorme desnivel actual en la economía,
en la ciencia y en la técnica, sino del espantoso desequilibrio que, a
pasos cada vez más acelerados, en veinte años más, la superestructura
imperialista impondrá a los pueblos de América Latina.
Por ese camino estamos llamados a ser cada vez más pobres, más débiles,
más dependientes y más esclavos de ese imperialismo. Esta sombría
perspectiva afecta en grado igual a los pueblos subdesarrollados de
<199>frica y Asia.
Si las naciones industrializadas e instruidas de Europa, con su
Mercado Común y sus instituciones científicas supranacionales, se
inquietan ante las posibilidades de quedarse rezagadas y contemplan con
temor la perspectiva de convertirse en colonias económicas del
imperialismo yanqui, ¿qué le depara el futuro a los pueblos de América
Latina?
Si frente al cuadro de esta situación real e incuestionable, que
decisivamente afecta al destino de nuestros pueblos, algún liberal o
reformista burgués, o seudorrevolucionario charlatán, incapaz de la
acción, tiene una respuesta que no sea una profunda y urgente
transformación revolucionaria que pueda hacer acopio de todas las
fuerzas morales, materiales y humanas de esta parte del mundo y
lanzarlas hacia adelante, para recuperar el atraso económico y científico-técnico
de siglos, cada vez mayor, con el mundo industrializado, del que somos
tributarios y lo seremos cada vez más, y en especial de Estados Unidos;
y además de la fórmula, el camino mágico de llevarla a cabo,
diferente a la concebida por el Che, que barra oligarquías, déspotas,
politicastros, es decir: criados, y a monopolios yanquis, es decir:
amos, y lo haga con toda la urgencia que las circunstancias requieren,
que levante entonces la mano para impugnar al Che.
Como realmente ninguno tiene respuesta honrada ni acción consecuente
que implique una esperanza real a los casi 300 millones de seres humanos
que componen la población de América Latina, desoladoramente pobres en
su abrumadora mayoría, que serán 600 millones a la vuelta de 25 años,
y que tienen derecho a la vida material, la cultura y la civilización,
entonces lo más decoroso sería el silencio ante el gesto del Che y los
que con él cayeron defendiendo sus ideas con coraje, porque la hazaña
que este puñado de hombres realizó, guiados por el noble ideal de
redimir un continente, quedará como la prueba más alta de lo que
pueden la voluntad, el heroísmo y la grandeza humanas. Ejemplo que
iluminará las conciencias y presidirá la lucha de los pueblos de América
Latina, porque el grito heroico del Che llegará hasta el oído
receptivo de los pobres y explotados por los que él dio su vida, y
muchos brazos se tenderán para empuñar las armas y conquistar su
definitiva liberación.
El 7 de octubre escribió el Che sus últimas líneas. Al día
siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada donde se proponía
esperar la noche para romper el cerco, una numerosa tropa enemiga hizo
contacto con ellos. El reducido grupo de hombres que componían en esa
fecha el destacamento, combatió heroicamente hasta el anochecer desde
posiciones individuales ubicadas en el lecho de la quebrada y en los
bordes superiores de la misma contra la masa de soldados que los
rodeaban y atacaban. No hay ningún sobreviviente de los que combatieron
en las posiciones más próximas al Che. Como junto a él estaban el médico,
cuyo grave estado de salud se ha señalado antes y un guerrillero
peruano también en muy malas condiciones físicas, todo parece indicar
que el Che hizo el máximo para proteger la retirada a lugar más
seguro, de esos compañeros, hasta caer herido. El médico no fue muerto
en ese mismo combate, sino varios días más tarde, en un punto no
distante de la quebrada del Yuro. Lo abrupto del terreno rocoso e
irregular hacía muy difícil y a veces imposible el contacto visual de
los guerrilleros entre sí. Los que defendían la posición por la otra
entrada de la quebrada a varios cientos de metros del Che, entre ellos
Inti Peredo, resistieron el ataque hasta el oscurecer en que lograron
despegarse del enemigo y dirigirse hacia el punto previamente acordado
de concentración.
Se ha podido precisar que el Che estuvo combatiendo herido hasta que
el cañón de su fusil M-2 fue destruido por un disparo, inutilizándolo
totalmente. La pistola que portaba estaba sin “magazine”. Estas
increíbles circunstancias explican que lo hubiesen podido capturar
vivo. Las heridas de las piernas le impedían caminar sin ayuda, pero no
eran mortales.
Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24
horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un
oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno
rostro.
Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares,
tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los
detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en
la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel
Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al
sub-oficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste,
completamente embriagado, penetró en el recinto, Che —que había
escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero
boliviano y otro peruano— viendo que el verdugo vacilaba le dijo con
entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Éste se retiró, y de
nuevo fue necesario que los superiores Ayoroa y Selnich le repitieran la
orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo
una ráfaga del metralleta. Ya había sido dada la versión de que el
Che había muerto varias horas después del combate y por eso los
ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la
cabeza, para no producir heridas fulminantes. Esto prolongó cruelmente
la agonía del Che, hasta que un sargento —también ebrio— con un
disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder
contrasta brutalmente con el respeto del Che, sin un sola excepción,
hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército
boliviano que hizo prisioneros.
Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables
enemigos tienen que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre
mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba.
La forma en que llegó a nuestras manos este Diario no puede ser
ahora divulgada; baste decir que fue sin mediar remuneración económica
alguna. Contiene todas las notas que escribió desde el 7 de noviembre
de 1966, día en que el Che llegó a Ñancahuazú, hasta el 7 de octubre
de 1967, vísperas del combate de la quebrada del Yuro. Faltan sólo
unas pocas páginas que no han llegado todavía a nuestro poder, pero
que por corresponder a fechas en que no tuvieron lugar hechos de
importancia, no altera en absoluto el contenido del mismo.
Aunque el documento por sí mismo no ofrecía la menor duda acerca de
su autenticidad, todas las copias fotostáticas fueron sometidas a un
riguroso examen a fin de comprobar no sólo dicha autenticidad sino
incluso cualquier posible alteración, por pequeña que fuese. Los datos
fueron además cotejados con el Diario de unos de los guerrilleros
sobrevivientes, coincidiendo ambos documentos en todos los aspectos. El
testimonio pormenorizado de los demás guerrilleros sobrevivientes que
fueron testigos de cada uno de los acontecimientos, contribuyó asimismo
a la comprobación. Se llegó a la más absoluta certeza de que todas
las fotografías eran copia fiel del Diario del Che.
Constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil
de la escritura, lo que se realizó con la participación laboriosa de
su compañera Aleida March de Guevara.
El Diario será publicado en forma aproximadamente simultánea en:
Francia, por Editorial Francois Maspero; Italia, Editorial Feltrinelli;
RFA, Trikont Verlag; EUA, Revista Ramparts; Francia, en español,
Ediciones Ruedo Ibérico; Chile, Revista Punto Final; México, Editorial
Siglo XXI; y en otros países.
¡Hasta la victoria siempre!
Al Pueblo Boliviano
Comunicado n° 1
Frente a la mentira reaccionaria, la verdad
revolucionaria
El grupo de gorilas usurpadores, tras asesinar a
obreros y preparar el terreno para la entrega total de nuestras riquezas
al imperialismo norteamericano, se burló del pueblo en una farsa
comicial. Cuando llega la hora de la verdad y el pueblo se alza en
armas, respondiendo a la usurpación armada con la lucha armada, pretende
seguir su torneo de mentiras.
En la madrugada del 23/3, fuerzas de la 4ª división,
con acantonamiento en Camiri, en número aproximado de 35 hombres al
mando del mayor Hernán Plata Ríos se internaron en territorio
guerrillero por el cauce del río Ñacaguaso. El grupo íntegro cayó en una
emboscada tendida por nuestras fuerzas. Como resultado de la acción,
quedaron en nuestro poder 25 armas de todo tipo, incluyendo 3 morteros
de 60 mm. con su dotación de obuses, abundante parque y equipo. Las
bajas enemigas fueron: 7 muertos, entre ellos un teniente, y 14
prisioneros, 5 de los cuales resultaron heridos en el choque, siendo
atendidos por nuestro servicio sanitario con la mayor eficiencia que
permiten nuestros medios.
Todos los prisioneros fueron puestos en libertad
previa explicación de los ideales de nuestro movimiento.
La lista de bajas enemigas es la siguiente:
Muertos: Pedro Romero, Rubén Amenazaga, Juan Alvarado,
Cecilio Márquez, Amador Almasán, Santiago Gallardo y el delator y guía
del Ejército, apellidado Vargas.
Prisioneros: Mayor Hernán Plata Ríos, cap. Eugenio
Silva, soldados Edgar Torrico Panoso, Lido Machicado Toledo, Gabriel
Durán Escobar, Armando Martínez Sánchez, Felipe Bravo Siles, Juan Ramón
Martínez, Leoncio Espinosa Posada, Miguel Rivero, Eleuterio Sánchez,
Adalberto Martínez, Eduardo Rivera y Guido Terceros. Los cinco
últimamente nombrados resultaron heridos.
Al hacer pública la primera acción de guerra
establecemos lo que será norma de nuestro Ejército: la verdad
revolucionaria. Nuestros hechos demostraron la justeza de nuestras
palabras. Lamentamos la sangre inocente derramada por los soldados
caídos, pero con morteros y ametralladoras no se hacen pacíficos
viaductos como afirman los fantoches de uniformes galonados,
pretendiendo crearnos la leyenda de vulgares asesinos. Tampoco hubo ni
habrá un solo campesino que pueda quejarse de nuestro trato y de la
forma de obtener abastecimiento salvo los que, traicionando su clase, se
presten a servir de guías o delatores.
Están abiertas las hostilidades. En comunicados
futuros fijaremos nítidamente nuestra posición revolucionaria, hoy
hacemos un llamado a obreros, campesinos, intelectuales; a todos los que
sientan que ha llegado la hora de responder a la violencia con la
violencia y de rescatar un país vendido en tajadas a los monopolios
yanquis y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo, cada día más
hambreado.
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia
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Al Pueblo Boliviano
Comunicado n° 2
Frente a la mentira reaccionaria, la verdad
revolucionaria
El día 10/4/67 en horas de la mañana cayó en una
emboscada la patrulla enemiga conducida por el Teniente Luis Saavedra
Arombal e integrada en su mayoría por soldados del CITE. En el encuentro
murió el citado oficial y los soldados Angel Flores y Zenón Prada
Mendieta y resultó herido el guía Ignacio Husarima del regimiento
Boquerón, hecho prisionero junto con otros 5 soldados y un suboficial. 4
soldados lograron escapar, llevando la noticia a la base de la compañía
del Mayor Sánchez Castro, el que, reforzado con 60 hombres de una unidad
vecina, avanzó en auxilio de sus compañeros, siendo sorprendido por otra
emboscada que costó la vida al Tte. Hugo Ayala, al suboficial Raúl
Camejo y a los soldados José Vijabriel, Marcelo Maldonado, Jaime
Sanabria y dos más no identificados por nosotros.
En esta acción fueron heridos los soldados Armando
Quiroga, Alberto Carvajal, Fredy Alove, Justo Cervantes y Bernabé
Mandejara, aprisionados junto con el Comandante de la Compañía, Mayor
Rubén Sánchez Castro y 16 soldados más.
Siguiendo una norma del E.L.N., curamos los heridos,
con nuestros escasos medios y pusimos en libertad a todos los
prisioneros, previa explicación de los objetivos de nuestra lucha
revolucionaria.
Las pérdidas del ejército enemigo se resumen así: 10
muertos, entre ellos dos tenientes, y 30 prisioneros, incluyendo al
Mayor Sánchez Castro, de los cuales 6 resultaron heridos. El botín de
guerra es proporcional a las bajas enemigas e incluye un mortero de 60
mm., fusiles ametralladoras, fusiles y carabinas M-1, y
subametralladoras. Todas las armas con su munición.
En nuestro campo debemos lamentar una baja, disparidad
de pérdidas comprensible si se tiene en cuenta que en todos los combates
hemos elegido el momento y lugar de desencadenarlo y que los jerarcas
del Ejército boliviano están enviando soldados bisoños, casi niños, al
matadero, mientras ellos inventan partes en La Paz y luego se dan golpes
de pecho en funerales demagógicos, ocultando el que son los verdaderos
culpables de que la sangre corra en Bolivia. Ahora se quitan la máscara
y comienzan a llamar «asesores» norteamericanos; así se inició la guerra
de Viet Nam que desangra a ese pueblo heroico y pone en peligro la paz
del mundo. No sabemos cuántos «asesores» enviarán contra nosotros
(sabremos hacerles frente), pero alertamos al pueblo sobre los peligros
de esa acción iniciada por los militares entreguistas.
Hacemos un llamado a los jóvenes reclutas para que
sigan las siguientes instrucciones: al iniciarse el combate tiren el
arma a un lado y llévense las manos a la cabeza permaneciendo quietos en
el punto donde el fuego los sorprendiera; nunca avancen al frente de la
columna en marchas de aproximación a zonas de combate; obliguen a los
oficiales que los incitan a combatir a que ocupen esta posición de
extremo peligro. Contra la vanguardia tiraremos siempre a matar. Por
mucho que nos duela ver correr la sangre de inocentes reclutas, es una
imperiosa necesidad de la guerra.
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia
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Al Pueblo Boliviano
Comunicado n° 3
Frente a la mentira reaccionaria, la verdad
revolucionaria
El día 8 de mayo, en la zona guerrillera de Ñacaguasu,
fueron emboscadas tropas de una compañía mixta al mando del subteniente
Henry Laredo. En la acción resultaron muertos el citado oficial y los
alumnos de la escuela de clases Román Arroyo Flores y Luis Peláez y
prisioneros los siguientes soldados:
José Camacho Rojas, Reg. Bolívar; Néstor Cuentas, Reg.
Bolívar; Waldo Veizaga, Esc. de clases; Hugo Soto Lora, Esc. de clases;
Max Torres León, Esc. de clases; Roger Rojas Toledo, Reg. Braun; Javier
Mayan Corella, Reg. Braun; Néstor Sánchez Cuellar, Reg. Braun.
Los dos últimos, heridos al no responder al alto
cuando se los interceptó en una operación previa. Como siempre, se los
dejó en libertad tras explicarles los alcances y fines de nuestra lucha.
Se capturaron 7 carabinas M-1 y 4 fusiles mauser. Nuestras fuerzas
salieron indemnes.
Son frecuentes los comunicados del ejército represivo
en que anuncian muertes guerrilleras; mezclando cierta verdad sobre sus
bajas reconocidas con fantasía sobre las nuestras y, desesperado en su
impotencia, recurriendo a mentiras o ensañándose con periodistas que,
por sus características ideológicas, son adversarios naturales del
régimen, imputándoles todos los males que sufre.
Dejamos expresa constancia de que el E.L.N. de Bolivia
es el único responsable de la lucha armada en que encabeza a su pueblo y
que no podrá acabar sino con la victoria definitiva, oportunidad en que
sabremos cobrar todos los crímenes que se cometan en el curso de la
guerra, independientemente de las medidas de represalia que el mando de
nuestro Ejército juzgue oportuno tomar ante cualquier vandalismo de las
fuerzas represivas.
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia
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Al Pueblo Boliviano
Comunicado n° 4
Frente a la mentira reaccionaria, la verdad
revolucionaria
En recientes partes el Ejército ha reconocido algunas
de sus bajas, sufridas en choques de avanzadas, adjudicándonos, como es
su costumbre, una buena cantidad de muertos que nunca exhibe. Aunque nos
faltan informes de algunas patrullas, podemos asegurar que nuestras
bajas son muy reducidas y que no sufrimos ninguna en las recientes
acciones reconocidas por el Ejército.
Inti Peredo, efectivamente, es miembro de la Jefatura
de nuestro Ejército, donde ocupa el cargo de Comisario Político y bajo
su mando estuvieron recientes acciones. Goza de buena salud y no ha sido
tocado por las balas enemigas; el infundio de su muerte es el ejemplo
palpable de las mentiras absurdas que riega el Ejército en su impotencia
para luchar contra nuestras fuerzas.
En cuanto a los anuncios sobre la presencia de
supuestos combatientes de otros países americanos, por razones de
secreto militar y de nuestro lema, el de la verdad revolucionaria, no
daremos cifras, aclarando solamente que cualquier ciudadano que acepte
nuestro programa mínimo, conducente a la liberación de Bolivia, es
aceptado en las filas revolucionarias con iguales derechos y deberes que
los combatientes bolivianos, los que constituyen, naturalmente, la
inmensa mayoría de nuestro movimiento. Todo hombre que luche con las
armas en la mano por la libertad de nuestra Patria merece, y recibe, el
honroso título de boliviano, independientemente del lugar donde haya
nacido. Así interpretamos el auténtico internacionalismo revolucionario.
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia
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A los mineros de Bolivia
Comunicado n° 5
Compañeros:
Una vez más corre la sangre proletaria en nuestras minas. En una
explotación varias veces secular, se ha alternado la succión de la
sangre esclava del minero con su derramamiento, cuando tanta injusticia
produce el estallido de protesta; esa repetición cíclica no ha variado
en el curso de centenares de años.
En los últimos tiempos se rompió transitoriamente el ritmo y los
obreros insurrectos fueron el factor fundamental del triunfo del 9 de
abril. Ese acontecimiento trajo la esperanza de que se abría un nuevo
horizonte y de que, por fin, los obreros serían dueños de su propio
destino, pero la mecánica del mundo imperialista enseñó, a los que
quisieron ver, que en materia de revolución social no hay soluciones a
medias; o se toma todo el poder o se pierden todos los avances logrados
con tanto sacrificio y con tanta sangre.
A las milicias armadas del proletariado minero, único factor de
fuerza en la primera hora, se fueron agregando milicias de otros
sectores de la clase obrera, de desclasados y de campesinos, cuyos
integrantes no supieron ver la comunidad esencial de intereses y
entraron en conflicto, manejados por la demagogia antipopular y, por
fin, reapareció el ejército profesional, con piel de cordero y garras
de lobo. Y ese Ejército, pequeño y preterido al principio, se
transformó en el brazo armado contra el proletariado y en el cómplice
más seguro del imperialismo; por eso, le dieron el visto bueno al golpe
de Estado castrense.
Ahora estamos recuperándonos de una derrota provocada por la
repetición de errores tácticos de la clase obrera y preparando al país,
pacientemente, para una revolución profunda que transforme de raíz el
sistema.
No se debe insistir en tácticas falsas; heroicas, sí, pero estériles,
que sumen en un baño de sangre al proletariado y ralean sus filas, privándonos
de sus más combativos elementos.
En largos meses de lucha, las guerrillas han convulsionado al país,
le han producido gran cantidad de bajas al Ejército y lo han
desmoralizado, sin sufrir, casi, pérdidas; en una confrontación de
pocas horas, ese mismo Ejército queda dueño del campo y se pavonea
sobre los cadáveres proletarios. De victoria a derrota va la diferencia
entre la táctica justa y la errónea.
Compañero minero: no prestes nuevamente oídos a los falsos apóstoles
de la lucha de masas, que interpretan ésta como un avance compacto y
frontal del pueblo contra las armas opresoras. ¡Aprendamos de la
realidad! Contra las ametralladoras no valen los pechos heroicos; contra
las modernas armas de demolición, no valen las barricadas, por bien
construidas que estén. La lucha de masas de los países
subdesarrollados, con gran base campesina y extensos territorios, debe
desarrollarla una pequeña vanguardia móvil, la guerrilla, asentada en
el seno del pueblo; que irá adquiriendo fuerza a costillas del ejército
enemigo y catalizará el fervor revolucionario de las masas hasta crear
la situación revolucionaria en la que el poder estatal se derrumbará
de un solo golpe, bien asestado y en el momento oportuno.
Entiéndase bien; no llamamos a la inactividad total, sino
recomendamos no comprometer fuerzas en acciones que no garanticen el éxito,
pero la presión de las masas trabajadoras debe ejercerse continuamente
contra el gobierno pues ésta es una lucha de clases, sin frentes
limitados. Dondequiera que esté, un proletario, tiene la obligación de
luchar en la medida de sus fuerzas contra el enemigo común.
Compañero minero: las guerrillas del E.L.N. te esperan con los
brazos abiertos y te invitan a unirte a los trabajadores del subsuelo
que están luchando a nuestro lado. Aquí reconstruiremos la alianza
obrero campesina que fue rota por la demagogia antipopular, aquí
convertiremos la derrota en triunfo y el llanto de las viudas
proletarias en un himno de victoria. Te esperamos.
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia
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"Hasta
siempre Comandante" |
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Carlos Puebla
"Hasta siempre comandante"
(1965) |

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Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le
puso un cerco a la muerte.
Aquí se
queda la clara,
la
entrañable transparencia,
de
tu querida presencia
Comandante Che Guevara.
Tu mano
gloriosa y fuerte
sobre la historia dispara
cuando todo Santa Clara
se
despierta para verte.
Aquí se
queda la clara,
la
entrañable transparencia,
de
tu querida presencia
Comandante Che Guevara.
Vienes
quemando la brisa
con
soles de primavera
para
plantar la bandera
con
la luz de tu sonrisa.
Aquí se
queda la clara,
la
entrañable transparencia,
de
tu querida presencia
Comandante Che Guevara.
Tu amor
revolucionario
te
conduce a nueva empresa
donde esperan la firmeza
de
tu brazo libertario.
Aquí se
queda la clara,
la
entrañable transparencia,
de
tu querida presencia
Comandante Che Guevara.
Seguiremos adelante
como
junto a ti seguimos
y
con Fidel te decimos:
hasta siempre Comandante.
Aquí se
queda la clara,
la
entrañable transparencia,
de
tu querida presencia
Comandante Che Guevara.
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