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Que
100 años no es nada ...
Manuel Ángel Vázquez Medel
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Testigo de la historia
Cien años, sin duda, dan para mucho. Sobre
todo para quien los vive, como Francisco Ayala,
con coherencia y plenitud, dedicado siempre al
ejercicio de la actividad intelectual y la
escritura. Cada uno de nosotros nos forjamos en
el crisol de nuestra época, y los cien años de
existencia de nuestro escritor y pensador han
sido de los más fascinantes y terribles de la
historia: abre los ojos a la vida en la Granada
(Andalucía) aún rural de comienzos del XX; forja
su criterio y su carácter en plena Gran Guerra
(I Guerra Mundial) entre su familia materna
progresista y aliadófila y su familia paterna
conservadora y germanófila, pero crece –sobre
todo- al impulso de grandes incitaciones
culturales; se ve trasplantado de su tierra
natal aún adolescente al Madrid de los felices
veinte, donde se inicia a la escritura y pronto
vivirá la fascinante experiencia de las
vanguardias; estudios de Derecho y Ciencias
Políticas, beca para ampliar estudios en la
Alemania en ebullición de los años previos al
nazismo; Cátedra y dedicación, como Letrado, a
las Cortes de la República; Guerra Civil;
Exilio: Argentina (el Buenos Aires de Borges,
Bioy Casares, Cortázar, Mallea, Francisco
Romero, Silvina O’ Campo y tantos otros), Brasil
(Río de Janeiro en el año final de la II Guerra
Mundial, con dedicación exhaustiva a los
estudios sociológicos), Puerto Rico (los años
dorados de la Isla con el Rector Jaime Benítez
en Río Piedras…), Estados Unidos (Chicago, Nueva
York)… Y los diversos retornos desde los años
sesenta hasta instalarse definitivamente en
España tras su jubilación… Y los tardíos –pero
justísimos-reconocimientos: Real Academia,
Premio Nacional de Narrativa, Premio de las
Letras Españolas, Premio Cervantes, Premio
Príncipe de Asturias, Hijo Predilecto de
Andalucía…
Ayala ha visto pasar la humanidad a la que
pertenece del carro tirado por bestias a la nave
espacial, de las sombras chinescas a las
imágenes tridimensionales de síntesis, de la
invención de la penicilina a la ingeniería
genética, del pregón callejero a la consumación
de la Aldea Global en Internet… Y siempre lo ha
hecho –observador privilegiado- con interés y a
la vez con mirada crítica y lúcida, no exenta de
capacidad anticipadora, profética. También con
el convencimiento profundo de que si, en la
ciencia y en la tecnología, los avances humanos
resultan innegables, en el ámbito de la ética,
del comportamiento, de las pautas de conducta y
de los valores esenciales, no hemos hecho
demasiados progresos desde nuestros antepasados
en las sabanas africanas. Y lo peor de todo, que
no estamos a salvo de retroceder en cada recodo
de la historia, que no podemos cortar la cizaña
sin cercenar el trigo, y que hemos de aprender a
vivir con nuestra parte oscura, individual y
socialmente.

Vidas
sucesivas
Jurista
Hay quien dice que las líneas más vigentes del
actual derecho constitucional están apuntadas en
sus juveniles y sagaces estudios sobre libertad
y democracia, en los años en que fue Catedrático
de Ciencias Políticas en la Universidad de
Madrid y Letrado de las Cortes de la República.
Periodista
Ayala comenzó muy joven en el periodismo: su
proximidad a Ortega y Gasset le convirtió pronto
en editorialista de ese diario mítico que fue El
Sol. Y ha seguido cultivando el periodismo de
opinión y cultura hasta la actualidad, con un
papel fundamental en revistas desde Revista de
Occidente hasta Realidad o La Torre. No podemos
olvidar que hizo su ingreso en la Real Academia
con una antológica conferencia titulada
Retóricas del periodismo. Sus recopilaciones de
artículos como Mi cuarto a espadas, Contra el
poder y otros ensayos o En qué mundo vivimos,
por sólo citar las últimas, le acreditan como
uno de los grandes periodistas interpretativos
del siglo XX en lengua española. Por ello las
Asociaciones de la Prensa de Madrid y Granada le
han concedido sus Medallas de Oro y le han
nombrado Presidente de Honor.
Cinéfilo
Los investigadores que han trabajado sobre cine
y medios de comunicación consideran su librito
Indagación del cinema (1929) y sus numerosos
ensayos posteriores sobre cine, radio y
televisión, como el punto más alto de la
reflexión sobre medios audiovisuales.
Precisamente por ello fue investido como Doctor
honoris causa en Comunicación por la Universidad
de Sevilla y, muy recientemente, ha recibido el
primer reconocimiento institucional del Consejo
Audiovisual de Andalucía, que otorgará su nombre
al más importante Premio de Investigación y
Ensayo sobre Comunicación Audiovisual.
Sociólogo
Los mejores sociólogos del mundo hispánico le
consideran como uno de los padres de la
sociología moderna en nuestro marco cultural:
obras como su Tratado de Sociología –que tanta
vigencia conserva aún- o Introducción a las
Ciencias Sociales le valieron el reconocimiento
como Doctor honoris causa en Ciencias Sociales y
Políticas por la UNED. Y hay quien señala no
sólo las coincidencias, sino incluso sus
anticipos en relación con los mejores sociólogos
de su tiempo, especialmente la Escuela de
Frankfurt.
Traductor
Los expertos en Traducción e Interpretación
consideran a Ayala como un traductor de
referencia desde el francés, el inglés, el
alemán, el italiano, el portugués… Con autores
de la talla de Thomas Mann, Rilke o Moravia, que
algunos dicen suenan mejor en el español de
Ayala que en su lengua original. Su Breve teoría
de la traducción se considera como uno de los
textos antológicos de las nuevas tendencias en
el arte de llevar el significado de un idioma a
otro. Y el nombre de Ayala marca uno de los más
importantes Premios de Traducción de nuestro
país, impulsado desde su Granada natal.
Crítico literario
Desde que Antonio Sánchez Trigueros y Antonio
Chicharro convocaran en Granada el año 1991 un
gran Congreso Internacional sobre 'Francisco
Ayala: Teórico y crítico literario' está fuera
de dudas que nuestro autor es un punto de
referencia fundamental en el desarrollo de lo
más vigente de las teorías de la literatura en
el ámbito hispánico. Resulta difícil encontrar
claves más precisas para interpretar el complejo
fenómeno de la Literatura que las que Ayala nos
ofrece en volúmenes como sus 'Los Ensayos.
Teoría y Crítica Literarias' de Aguilar o 'Las
plumas del Fénix' y 'El escritor en su siglo',
en Alianza. Muy recientemente, el volumen 'La
invención del Quijote. Indagaciones e
invenciones cervantinas' nos mostraba hasta qué
punto ensayos escritos hace veinte, treinta,
cuarenta años, parecen hoy más actuales que
nunca. Ayala entendió como nadie –y sin
necesidad de términos y conceptos
ininteligibles- las aportaciones de la
narratología. Y en sus escritos se anticipa a la
nueva pragmática literaria, a la teoría de los
polisistemas, a las actuales formulaciones de la
hermenéutica.

Escritor
ejemplar
En todo caso, por encima de todo, en Franciso
Ayala destaca su talla incomparable como
narrador. Alguien que entronca con la gran
narrativa del XIX y de comienzos del XX con sus
dos juveniles novelas 'Tragicomedia de un hombre
sin espíritu' e 'Historia de un amanecer'; que
nos ofrece los mejores relatos de la vanguardia
hispánica en sus libritos 'El boxeador y un
ángel y cazador en el alba'; que marca el único
camino posible para la narrativa de posguerra en
sus conjuntos de novelas ejemplares 'Los
usurpadores' y 'La cabeza del cordero'; que
ofrece sus frutos de madurez con sus dos grandes
novelas sobre las miserias de la dictadura y las
corruptelas de la democracia con 'Muertes de
perro' y 'El fondo del vaso'… Y que tras los
relatos de 'Historia de macacos' y 'El rapto'
nos ofrece esa muestra culminante de la
narrativa posmoderna que es 'El jardín de las
delicias'…
Desearía terminar esta personal invitación a
la lectura de Francisco Ayala con las mismas
palabras con que presentaba uno de sus más
hermosos relatos: Tal es verdaderamente (y no la
victoria de Kurutsetra) el 'Glorioso triunfo del
príncipe Arjuna': aceptar su destino; actuar con
ecuanimidad; buscar un orden pacífico y justo...
superar los engaños de los sentidos, la avidez
de placeres, el miedo al dolor... aceptar la
muerte para vivir con dignidad y reconocer que
sólo es invulnerable quien ya está muerto. Pero
que, tal vez, en esa total extinción, en esa
nada, se alcance la felicidad prometida del
nirvana. Ayala es, por encima de toda
consideración, un escritor ejemplar: un clásico,
un modelo digno de imitación. La aceptación de
sus circunstancias vitales, la sabia distancia
que adopta ante una felicidad que sabe efímera y
un dolor que proclama inevitable, la capacidad
de indicarnos el camino desde nuestra situación
histórica hacia la radical pregunta por el Ser
(y hacerlo de manera tan hermosa)... su
conformidad ante la fatalidad de la muerte le
han hecho ya, de alguna manera, inmortal... En
ello consiste el glorioso triunfo de Francisco
Ayala.

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