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El
desinterés de Gabriela Mistral por adoptar fórmulas vanguardistas en sus
poemas se explica porque para ella la sensibilidad, la lengua poética y el
repertorio de temas tenían que estar enraizados en lo propio para ser
auténticos; la sujeción incondicional a normas estéticas foráneas era
símbolo de inautenticidad. Conforme pasan los años se acentúa su
escepticismo con respecto a los logros estéticos vanguardistas, sobre todo
el artepurismo de la imagen. Aceptando, pues, la singularidad e
independencia estéticas de Gabriela Mistral no es imposible rastrear en ella
algunas huellas vanguardistas. Cedomil Goic ha reconocido los rasgos
distintivos de la poesía nueva en una serie de poemas publicados entre 1919
y 1922. En particular, identifica algunos rasgos del creacionismo de Huidobro
en el poema «Cima» de Desolación (1922). Pero no es el único. Hay
toda una sección en Desolación denominada «Naturaleza», dedicada a
los paisajes de la Patagonia, donde se encuentran momentos poéticos,
imágenes y situaciones que pueden relacionarse con la primera vanguardia
hispánica, con el creacionismo y el ultraísmo. En particular, la táctica tan
común en Huidobro y en Borges de trasladar al paisaje y a los objetos las
emociones subjetivas, una de cuyas concreciones retóricas es la hipálage.
Dice la segunda estrofa de Desolación: «El viento hace a mi casa su
ronda de sollozos / y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi
grito. /Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, miro morir
inmensos ocasos dolorosos». Y la séptima: «Miro el llano extasiado y
recojo su duelo, / que vine para ver los paisajes mortales. / La nieve
es el semblante que asoma a mis cristales: / ¡siempre será su albura bajando
de los cielos!». En «La montaña de noche» un paisaje
expresionista poblado de criaturas fantasmagóricas representa los temores
nocturnos del hablante poético. En «La lluvia lenta»: «El cielo es como un
inmenso corazón que se abre, amargo. / No llueve: es un sangrar lento / y
largo». Las coincidencias no van más allá. Gabriela Mistral es en
Desolación una poeta interior y subjetiva que tiñe los elementos de la
Naturaleza con sus propias pasiones y así lo recomienda el mandamiento
octavo de su «Decálogo del Artista»: «Darás tu obra como se da un hijo:
restando sangre de tu corazón». Sin embargo, en el «Voto» que cierra
Desolación pide perdón por haber buscado alivio a su dolor en la poesía y
anuncia un giro en su poética: «Yo cantaré desde ellas las palabras de la
esperanza, sin volver a mirar mi corazón: cantaré como lo quiso un
misericordioso, para consolar a los hombres». Este voto se verá
cumplido en la temática más objetiva y externa de Tala (1938),
considerado por muchos la obra cumbre de la autora. |
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No
es Desolación el único libro de Gabriela Mistral que se ha asociado
con el vanguardismo. Según Jaime Concha, esta primera obra todavía conserva
un anclaje posmodernista, pero Tala (1938) pertenece con pleno
derecho al movimiento de los años veinte. Aunque el crítico puntualiza y
rectifica esta afirmación: «Tala pertenece a una vanguardia endógena,
casi indígena habría que decir, en el sentido de ser autóctona» (1987:
99-100). Más acertada nos parece la valoración de Cedomil Goic, para quien
la obra «está de lleno dentro de las formas de la poesía contemporánea con
rasgos absolutamente inconfundibles (...) una poesía cuya lengua poética se
mueve cerca de la invención, de la contradicción y la imagen alejada, fuerte
o visionaria» (1992: 30). El libro se publicó en beneficio de «los niños
españoles dispersados a los cuatro vientos» en los años de la guerra civil
española. Consta de once secciones entre las que destaca la primera, con los
poemas motivados por la muerte de su madre, que, según confesó la autora, era
su única amarra con Chile. En «Materias» funde su yo con la sustancia de las
cosas más elementales: el pan, la sal, el agua y el aire. Pero nada tienen
que ver estos poemas con las Odas nerudianas, precisamente por la presencia
de la subjetividad del hablante. Con los himnos americanos, en cambio,
Gabriela Mistral quiso incorporar el tono épico mayor al tema indigenista y
telúrico, más acorde con los tiempos, y adoptó una voz colectiva, aunque, a
veces, surge entre los versos la primera persona del hablante poético. Entre
ellos se encuentran el «Sol del trópico», en honor de las grandes
civilizaciones indígenas; «Cordillera», dedicada al paisaje andino y a las
culturas y pueblos albergados en él, y «El maíz» (un canto al maíz del
Anáhuac); himnos donde se funden indiscriminadamente los viejos mitos
americanos con los europeos. Esta veta telúrica culmina con el canto a los
accidentes geográficos del territorio chileno. En Tala cambia la
musicalidad de los versos con respecto a los primeros libros, y está más a
tono con una búsqueda poética basada en el retorno a los orígenes, a la
unión sagrada del hombre con la tierra: aumenta la rima asonante y se libera
de formas literarias del gusto modernista que todavía prevalecían en
aquellos; despreocupándose de ciertos criterios retóricos, conserva a veces
rimas internas que surgen de forma espontánea y recurre a expresiones
arcaicas recuperadas del habla rural que aprendiera en su infancia. Gabriela
Mistral comparte aquí la voluntad americanista y el interés por las
civilizaciones precolombinas con otros grandes nombres del siglo veinte,
entre los que figuran Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias. Cierran el libro
los «Recados», poemas que hacen las veces de cartas dirigidas por distintos
motivos a amigos de diversos países que había visitado, amigos que en su
imaginación quedaban asociados al paisaje del lugar. Intencionalmente los
coloca «en los suburbios del libro» por el tono coloquial tan ajeno a otros
poemas del libro. Sin embargo, la autora reconoce en ellos una parte muy
íntima de su decir poético, el «dejo rural» que la acompañaría a lo largo de
su vida. |
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Bibliografía citada Concha, Jaime: 1987. Gabriela Mistral, Madrid: Júcar (Colección Los poetas, 68). Figueroa , Virgilio: 1933. La Divina Gabriela, Santiago: Imp. El Esfuerzo. Goic, Cedomil: 1992. Los mitos degradados. Ensayos de comprensión de la literatura hispanoamericana, Amsterdam-Atlanta, GA: Rodopi. Mistral, Gabriela: 1976. Poesías completas. Edición definitiva, autorizada, preparada por Margaret Bates. Con introducción de Esther de Cáceres. Madrid: Aguilar (cuarta edición, segunda reimpresión). |
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