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f e r n a n d o d
e r o j a s
acostado sobre su propia mano
EL
mar que nunca vi fue siempre, allá a lo lejos,
como un zumbido azul.
TOLEDO,
Toledo. Cerraba mis ojos: gritos y humo.
VIVO
con mi conciencia como quien vive a la
intemperie.
EN
la iglesia de San Miguel había una puerta
que daba a una sombra.
A la
hora de mi muerte que nadie me toque. Yo
sabré el momento en que debo girar mi cuerpo
hacia la pared.
LA
lentitud y la gravedad de un movimiento de
ajedrez. Así los movimientos más profundos de
mi corazón.
VOLVÍ
a verlo a los treinta años. <<Hernando de
Rojas, eres una sombra que a nadie pertenece.>>
HABLAR
preciso, fluido y solemne es materia que
enseñan los maestros. ¿Pero te enseña a
callar y a ser sencillo?
NO
es paz. Es quietud.
¡QUÉ
orfandad la del hablador!
¿EN
qué Academia enseñarán a vivir sin defender
cosa alguna?
QUIEN
tienen un amigo lleva la gloria de la mano.
El que sabe estar solo está sentado sobre ella.
AL
finan de mi vida he descubierto que las aguas
de los ríos también llevan sombras.
<<SOMOS
gentes de soledad.>> había dicho mi padre mirándome
a los ojos.
MI
mayor desprecio para el que más ofrece.
MIS
hijos comenzaron a hablar cuando me
acomodaba yo al silencio.
LA
afabilidad es la pobreza de los inteligentes.
LEÍ
a los hombres del latín: a Ovidio, a Virgilio.
Y también al hombre de la Toscana: a Petrarca.
Y entonces comprendí que sólo nos salva aquello que
se goza.
LA compasión:
palabras bellas dedicadas a un
carnero.
¿HAS
visto dormir en paz a un cerdo? ¿Suspirar
a un cordero? ¿Y la quietud de un río? ¿A una
piedra lamentarse? No esperes de los hombres
más allá de sus límites.
HAY
algunos que dicen en las plazas: <<Hablar es
un gesto en el aire. Y señalar es el aire mismo>>.
<<LO
mejor de ti es que tienes. No lo que te
falta>>, y movió firmemente su pieza de ajedrez.
YO
sabía que buscar y el silencio se compadecían.
ELLOS
pensaban que callar era sentir. En verdad
era la fuente de mi orgullo.
LA
ternura es la fiebre. La salud radica en la
indiferencia.
SI
alguien dijera la verdad aún en la lengua de las
tierras lejanas ¿no la entenderías?
LO
que me une a los demás no es verdaderamente
mío.
LA
sumisión es la sarna de los desprovistos.
¿EN
qué Academia enseñan la belleza de la nada?
SI
fuera infinitamente misericordioso, el dios de
los hombres nos hubiera abandonado en medio
de la mar.
DEBAJO
del puente hay un vacío como el de
algunos corazones.
HAY
quien necesita leguas que recorrer para sentir
que huye. A mí me basta con serenar el espíritu
y callar mi boca.
¿NO
hay tinajas donde guardar el odio?
NADIE
quiere enseñarte a olvidar.
LAS
palabras tocan la realidad más que tu mano.
LA
petulancia del hombre es la escama del pescado.
PIENSA
que el principio del mundo fue la noche.
MI
tiempo me ha quitado aquello mío que era
más humano.
POR
grande que sea el hombre al que imita, toda
estatua termina siendo un vacío dentro del aire.
YO
he visto hemos que no señalan llamas, sino
cuerpos.
ME
dijeron: <<Hernando, detrás de ti no va tu
sombra; vas tú mismo.>>
Y el
tiempo mismo era mi propia ceniza.
ESTOY
sin ropa soportando un frío que llevo dentro
de mí.
LOS
mozos me preguntaron: <<Qué es el infinito?>>
Les dije: <<Una desgracia.>>
A
veces la sangre es la boca de los cuerpos.
EL
mozo me preguntó: <<Hernando, ¿qué es el
número?>> Le dije: <<Un orden que no tiene
paz.>>
YO
sólo creo en el dios que nos desprecia.
LAS
palabras: única cosa abundante en la cocina
del pobre.
CON
sangre de murciélago escribieron mi destino.
ESE
viento helado, calle abajo, hacia la amplitud
del valle y el vacío era, en verdad, la imagen de
mi muerte.
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