Por la igualdad y contra la violencia


> Desmontando el mito de las denuncias falsas en violencia machista


> El CGPJ confirma que las denuncias falsas por violencia machista son mínimas



 

> Prevenir la violencia contra las mujeres


Víctimas



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Estadísticas

> Estadísticas sobre violencia doméstica y de género 2015

Informe Observatorio Violencia de Género 2015

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 Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género - Sistema VioGén

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Decálogo para el tratamiento informativo de la violencia machista

Violencias de género 2.0. Gredi.Dona

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Las cifras del #terrorismoMachista. @CuartoPoder
Violencia sobre la mujer en la estadística judicial. CGPJ 21 trimestre 2015

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Evolución Presupuestos en Violencia contra las mujeres 2010/2016. elDiario.es

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Fuente: Poder Judicial. Observatorio contra la violencia sobre las mujeres. Informe Primer Trimestre

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> Ver Macroencuesta


"BORRAR A LAS MUJERES DE LA VIDA PÚBLICA DEL PAÍS"
Al menos 14.000 mujeres asesinadas y miles secuestradas
en la guerra de Irak, según un estudio


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El CGPJ confirma que las denuncias falsas
por violencia machista son mínimas

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Poder Judicial ha propuesto una reforma legal para que se pueda acordar la libertad vigilada de los supuestos agresores desde el momento en el que una mujer denuncia malos tratos porque es cuando existe "mayor riesgo".

Se trata de una de las propuestas que hace el observatorio tras analizar 500 sentencias dictadas por las audiencias provinciales entre 2012 y 2014 para evaluar la aplicación de la Ley Integral de Violencia de Género y otras legislaciones en los casos de violencia machista para mejorar la respuesta judicial.

El falso mito de las denuncias falsas

El informe también confirma "el falso mito de las denuncias falsas", ya que de las 500 sentencias, solo en dos de ellas se abrió un proceso de falso testimonio contra dos mujeres que dijeron que no habían sido maltratadas, aunque en uno de los casos los agentes habían presenciado las agresiones.

"La mujer supuestamente mintió para proteger al agresor", ha explicado la presidenta del Observatorio, Ángeles Carmona, quien ha destacado que con este estudio aleatorio de casi 500 sentencias "podemos desterrar ese mito", ya que indica que sólo en el 0,4 por ciento de las sentencias estudiadas se acordó deducción de testimonio contra la mujer.

Pero la cifra de denuncias falsas es aún más pequeña según la memoría de la Fiscalía General del Estado en 2014, que contabilizó que solo son el 0,010% de las denuncias por malos tratos.

El 78 por ciento de las sentencias analizadas fueron condenas y los delitos penales más habituales fueron maltrato síquico, seguido de quebrantamiento de condena, amenazas, delitos contra la libertad sexual y homicidios.

El motivo de absolución más frecuente es la falta de pruebas por constar sólo en la investigación con la acusación de la víctima, lo que ocurrió en el 40% de los fallos absolutorios, aunque en un 20% de las sentencias se condenó con el testimonio solo de la víctima.

Además, en las condenas se aprecia una "escasa incidencia de los atenuantes", como embriaguez, "lo que confirma que se cometen estas agresiones con toda la frialdad del mundo", ha opinado Carmona.

Reincidencia

El Observatorio detecta un aumento de la agravante de reincidencia respecto a un estudio anterior, por lo que propone estudiar si están funcionando las medidas y programas de reeducación para los maltratadores.

La presidenta del Observatorio ha insistido en la importancia de aplicar las medidas de protección a los menores, porque ha recordado que en más del 75 por ciento de los hechos delictivos de violencia de género están presentes los niños.

El estudio detecta que en 268 sentencias se impuso la suspensión de visitas de los niños.

Otra de las propuestas es la reforma de la ley para que la violencia de género no requiera acreditar la intención del agresor de dominar a la víctima, es decir, que "baste el hecho de golpear o maltratar con cualquier intención".

eldiario.es


 

Los jueces analizan 500 sentencias que desmontan el mito de la denuncia falsa en violencia machista

La presidenta del Observatorio del CGPJ asegura que de los 500 fallos analizados sólo en dos hubo denuncia falsa

En esos casos las mujeres lo hicieron para proteger a sus parejas porque los testigos policías aseguraron haber visto cómo las maltrataban

La presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ),Ángeles Carmona, anunció este martes que el organismo que lidera ha analizado más de 500 sentencias dictadas por audiencias provinciales que desmontan la "auténtica falacia" de las denuncias falsas de mujeres que acusan a hombres de delitos de violencia de género, informa Europa Press. 

En declaraciones a los medios, tras inaugurar una Jornada por la Igualdad 'hacia la España 50-50', organizada por el sindicato CSIF en Madrid, Carmona explicó que se trata de un estudio "importantísimo" del Observatorio que se presentará previsiblemente en los próximo días.

Según avanzó, entre ese medio millar de sentencias judiciales, hay dos casos de expedición de testimonio de la mujer por una declaración falsa, "precisamente para proteger al maltratador" y evitar que le condenen. "Estas dos víctimas decían que no habían sido maltratadas y los testigos, en ambos casos policías, aseguraban que habían visto cómo las golpeaban", explicó la presidenta del Observatorio del CGPJ.

Carmona recordó sólo el 0,018% de las denuncias de mujeres por casos de violencia de género resultan falsas e insistió en que hay que "desterrar este mito total y absoluto" para poder "avanzar" en la erradicación de la violencia machista. "La mayor parte de las denuncias continúan adelante", remachó. Otro de los aspectos que destacó del informe sobre sentencias de audiencias provinciales es que se están elevando las condenas a los maltratadores, algo que, a su juicio, "es muy importante" teniendo en cuenta "la dificultad que hay para romper el principio de presunción de inocencia".

En este sentido, inidcñique "lo normal" es que no se apliquen atenuantes porque estos delitos no se cometen "por un arrebato o una enfermedad mental", sino que se llevan a cabo "con toda la frialdad del mundo".

Preguntada por la retirada de denuncias por parte víctimas contra sus agresores, la presidenta del Observatorio ha señalado que hay expertos que defienden la eliminación de este dispensa en los casos de violencia de género, siempre que no conlleve un perjuicio para la mujer, pero que se trata de un tema "muy complejo". "Lo más importante es que la mujer se sienta apoyada en este arduo proceso para salir del círculo de la violencia", añadió.

"Preocupante" aumento de menores enjuiciados 

Sobre el balance de 2015 publicado por este organismo la semana pasada, Carmona celebró el aumento de las denuncias de mujeres, de las condenas, así como la puesta en marcha de un mayor número de medidas de protección a las mujeres víctimas de malos tratos y sus hijos. Sobre estos últimos, subrayó que se han incrementado las retiradas de patria potestad de los agresores y se han suspendido más regímenes de visitas respecto al año anterior como consecuencia de la reforma de la Ley de Protección de la Infancia y la Adolescencia.

Sin embargo, la presidenta del Observatorio calificó de "preocupante" el aumento de menores de edad enjuiciados por violencia machista. "En anteriores estadísticas había más niñas que denunciaban por malos tratos a sus parejas o exparejas mayores de edad, pero ahora estamos viendo más agresores menores de edad", alertó.

infoLibre


Artículos de Opinión
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368.349 mujeres han generado 393.016 casos, desde 2007

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Por la igualdad

«Por un mundo donde seamos socialmente iguales,
humanamente diferentes y totalmente libres»

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Ayer no fue asesinada ninguna mujer

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Todos los días son 25N contra el
#terrorismoMachista

Víctor Arrogante

 

Los hombres y su pasividad ante la violencia de género
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Muertes evitables

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El suicidio machista

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La violencia machista
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Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género

> Ellas están cambiando, ellos, no
El precio de la libertad de las mujeres
no puede ser la muerte,
ni el de la vida la sumisión
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Generando igualdad contra la violencia de género:
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Una década de machismo: 658 asesinadas
María Sahuquillo
Terrorismo de género o contra las mujeres
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La violencia masculina
Ignacio Ramonet

Anacronismos     -     Terrorismo

Álvaro Escribano



   

La violencia machista es un problema público

Exposición de motivos de la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género

La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.

La Constitución española  incorpora en su artículo 15 el derecho de todos a la vida y a la integridad física y moral, sin que en ningún caso puedan ser sometidos a torturas ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Además, continúa nuestra Carta Magna, estos derechos vinculan a todos los poderes públicos y sólo por ley puede regularse su ejercicio.

La Organización de Naciones Unidas en la IV Conferencia Mundial de 1995 reconoció ya que la violencia contra las mujeres es un obstáculo para lograr los objetivos de igualdad, desarrollo y paz y viola y menoscaba el disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Además la define ampliamente como una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres. Existe ya incluso una definición técnica del síndrome de la mujer maltratada que consiste en «las agresiones sufridas por la mujer como consecuencia de los condicionantes socioculturales que actúan sobre el género masculino y femenino, situándola en una posición de subordinación al hombre y manifestadas en los tres ámbitos básicos de relación de la persona: maltrato en el seno de las relaciones de pareja, agresión sexual en la vida social y acoso en el medio laboral».

En la realidad española, las agresiones sobre las mujeres tienen una especial incidencia, existiendo hoy una mayor conciencia que en épocas anteriores sobre ésta, gracias, en buena medida, al esfuerzo realizado por las organizaciones de mujeres en su lucha contra todas las formas de violencia de género. Ya no es un «delito invisible», sino que produce un rechazo colectivo y una evidente alarma social.

Los poderes públicos no pueden ser ajenos a la violencia de género, que constituye uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución. Esos mismos poderes públicos tienen, conforme a lo dispuesto en el artículo 9.2 de la Constitución, la obligación de adoptar medidas de acción positiva para hacer reales y efectivos dichos derechos, removiendo los obstáculos que impiden o dificultan su plenitud.

En los últimos años se han producido en el derecho español avances legislativos en materia de lucha contra la violencia de género, tales como la Ley Orgánica 11/2003, de 29 de septiembre, de Medidas Concretas en Materia de Seguridad Ciudadana, Violencia Doméstica e Integración Social de los Extranjeros; la Ley Orgánica 15/2003, de 25 de noviembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, o la Ley 27/2003, de 31 de julio, reguladora de la Orden de Protección de las Víctimas de la Violencia Doméstica; además de las leyes aprobadas por diversas Comunidades Autónomas, dentro de su ámbito competencial. Todas ellas han incidido en distintos ámbitos civiles, penales, sociales o educativos a través de sus respectivas nor-mativas.

La Ley pretende atender a las recomendaciones de los organismos internacionales en el sentido de proporcionar una respuesta global a la violencia que se ejerce sobre las mujeres. Al respecto se puede citar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación sobre la mujer de 1979; la Declaración de Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia sobre la Mujer, proclamada en diciembre de 1993 por la Asamblea General; las Resoluciones de la última Cumbre Internacional sobre la Mujer celebrada en Pekín en septiembre de 1995; la Resolución WHA49.25 de la Asamblea Mundial de la Salud declarando la violencia como problema prioritario de salud pública proclamada en 1996 por la OMS; el informe del Parlamento Europeo de julio de 1997; la Resolución de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1997; y la Declaración de 1999 como Año Europeo de Lucha Contra la Violencia de Género, entre otros. Muy recientemente, la Decisión n.º 803/2004/CE del Parlamento Europeo, por la que se aprueba un programa de acción comunitario (2004-2008) para prevenir y combatir la violencia ejercida sobre la infancia, los jóvenes y las mujeres y proteger a las víctimas y grupos de riesgo (programa Daphne II), ha fijado la posición y estrategia de los representantes de la ciudadanía de la Unión al respecto.

El ámbito de la Ley abarca tanto los aspectos preventivos, educativos, sociales, asistenciales y de atención posterior a las víctimas, como la normativa civil que incide en el ámbito familiar o de convivencia donde principalmente se producen las agresiones, así como el principio de subsidiariedad en las Administraciones Públicas. Igualmente se aborda con decisión la respuesta punitiva que deben recibir todas las manifestaciones de violencia que esta Ley regula.

La violencia de género se enfoca por la Ley de un modo integral y multidisciplinar, empezando por el proceso de socialización y educación.

La conquista de la igualdad y el respeto a la dignidad humana y la libertad de las personas tienen que ser un objetivo prioritario en todos los niveles de socialización.

La Ley establece medidas de sensibilización e intervención en al ámbito educativo. Se refuerza, con referencia concreta al ámbito de la publicidad, una imagen que respete la igualdad y la dignidad de las mujeres. Se apoya a las víctimas a través del reconocimiento de derechos como el de la información, la asistencia jurídica gratuita y otros de protección social y apoyo económico. Proporciona por tanto una respuesta legal integral que abarca tanto las normas procesales, creando nuevas instancias, como normas sustantivas penales y civiles, incluyendo la debida formación de los operadores sanitarios, policiales y jurídicos responsables de la obtención de pruebas y de la aplicación de la ley.

Se establecen igualmente medidas de sensibilización e intervención en el ámbito sanitario para optimizar la detección precoz y la atención física y psicológica de las víctimas, en coordinación con otras medidas de apoyo.

Las situaciones de violencia sobre la mujer afectan también a los menores que se encuentran dentro de su entorno familiar, víctimas directas o indirectas de esta violencia. La Ley contempla también su protección no sólo para la tutela de los derechos de los menores, sino para garantizar de forma efectiva las medidas de protección adoptadas respecto de la mujer.

Exposición de motivos de la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de
Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género

 

 
Naciones Unidas
Eliminación de la violencia
 

¿Por qué actúa la ONU?

«Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos...
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de sexo...»

Artículos 1 y 2
Declaración Universal de los Derechos Humanos

¿Qué es la violencia contra la mujer?

Además de las desigualdades entre el hombre y la mujer, uno de los asuntos más graves relacionados con la cuestión de género son las agresiones ejercidas contra ésta. Se consideran como tales: «Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.»

Esa definición está recogida en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, aprobada en 1993 por la Asamblea General, que contiene, además, una formulación clara de los derechos que los países deben aplicar para eliminar esa violencia.

Más allá de las acciones que cada Estado adopte, el 25 febrero de 2008, el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, puso en marcha la campaña «Unidos para poner fin a la violencia contra las mujeres» por considerar que se trata de un asunto que «no puede esperar».

Las Naciones Unidas también han tratado de sensibilizar sobre la cuestión en múltiples formas, por ejemplo, a través del Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo. En su edición de 2009 eligió como lema «Las mujeres y los hombres unidos para eliminar la violencia contra la mujer y la niña».

Después de las muertes por agresiones, dos de las formas más graves de violencia contra la mujer tienen un carácter sexual. Se trata de la mutilación genital femenina y las violaciones en tiempos de guerra. Para perseguir la impunidad de ésta última y propiciar la creación de instituciones que conciencien sobre ella, Ban decidió en 2010 nombrar como su representante especial a la sueca Margot Wallström.

MANIFIESTO
 hombres por la igualdad, contra la violencia de género

La violencia de género es una escandalosa realidad que cada día se extiende más y afecta ya a toda la sociedad. Es el claro síntoma de que algo no está bien, de que algo no marcha. Es la evidencia diaria de nuestras contradicciones y una exigencia inmediata para acometer los problemas que están en su origen.

Sus consecuencias son terribles; miles, cientos de miles de mujeres viven subyugadas y atemorizadas ante una continua situación de terror físico y/o psicológico en sus hogares y entorno más inmediato.

Decenas de mujeres mueren cada año, en nuestro país, a causa del sexismo, el miedo y el odio de los hombres. Al tradicional desprecio desde la supuesta superioridad masculina y al miedo a la libertad de las mujeres, ahora se une un nuevo odio, que brota de la envidia por su capacidad de mejorar y superarse a sí mismas. De esta combinación del horror, surge una situación en la que cientos de miles de mujeres viven bajo la agresión continua, física o psicológica, de sus parejas o exparejas. Sin duda alguna, es la situación más grave, por injusta y por extendida, que vive nuestra sociedad.

Sorprendentemente, los causantes de este mal, no son personas ajenas, extrañas a las víctimas. Todo al contrario, el problema tiene su origen, incomprensiblemente, en el entorno más cercano de estas mujeres y por quienes dicen amarlas; son sus maridos, novios o parejas los que maltratan a las mujeres que, supuestamente, más quieren. Son los hombres de la propia casa, los que provocan tanto dolor.

El origen de esta violencia hay que buscarlo en el intento de seguir manteniendo una situación de superioridad, un estatus de privilegio con respecto a la mujer. En la incapacidad de una buena parte de los hombres para adaptarse a los cambios que el avance hacia una sociedad igualitaria, está provocando. Esta situación está muy extendida y, en los casos extremos, desemboca en actos violentos, como la única respuesta que estos hombres dan ante una situación que no son capaces de asimilar.

Los agresores, en su gran mayoría, no son hombres diferentes, especiales o enfermos. Son hombres comunes, ciudadanos típicos, en muchos casos modélicos, amables y reconocidos en el vecindario y, a menudo, respetuosos y cordiales en su trabajo. Son hombres que basan su seguridad personal en valores que representan el estereotipo tradicional masculino; el poder a través de la fortaleza física, la competitividad, la agresividad y un estatus de superioridad y privilegio con respecto a la mujer. Son hombres que no están siendo capaces de reconvertirse hacia un tipo de relaciones igualitarias, basadas en el respeto mutuo.

Los agresores, aunque muy numerosos, es verdad que no son, ni mucho menos, la mayoría. No dejan de ser los casos extremos, pero... ¿y el resto? ¿dónde estamos y qué hacemos el resto de los hombres?.

Hay que decir alto y claro que la violencia es posible porque el resto de los hombres mantenemos algún tipo de complicidad y cierta tolerancia hacia ella. Ya sea por miedo, por egoísmo, por rencor o por una malentendida solidaridad masculina, lo cierto es que muchos de nosotros no hacemos lo suficiente para acabar con la violencia de género. Lo cierto, es que muchos de nosotros, sencillamente, no hacemos nada.

Si los maltratadores se encontraran con un rotundo no, con un contundente rechazo social, especialmente por parte del resto de los hombres, la violencia de género se reduciría muy considerablemente. La violencia existente en el seno de una sociedad, no es más que la suma de las violencias individuales de cada uno de sus miembros; la que cada una de las personas que la componen genera y la que es capaz de tolerar y asimilar. Cada gesto, actitud o comentario peyorativo y discriminatorio contra las mujeres, aumenta la permisividad y abre el camino hacia los malos tratos.

Así llegamos a la cuestión clave: ¿Te has parado a pensar si puedes hacer algo más, de lo que haces, para luchar contra la violencia de género? Esta es la pregunta que lanzamos a los hombres. La mayoría, hasta ahora, nos hemos limitado a contemplar desde la distancia este gravísimo problema, sintiéndonos libres de culpa y pensando que bastaba con no ser nosotros los maltratadores. Pero eso no es suficiente, pues EL SILENCIO NOS HACE CÓMPLICES.

¿Qué hacemos cada uno de nosotros para acabar con la violencia de género? ¿es moralmente asumible que la inmensa mayoría de los hombres no nos movilicemos para acabar con esta plaga que nos invade?

Como cada día, como cada semana, como cada mes, como cada año... como siempre, en este mismo momento, millones de mujeres están siendo maltratadas por otros tantos hombres, en todo el planeta. Y ello ocurre para vergüenza de todos nosotros. Y es así, en gran parte, porque el resto no hacemos lo suficiente para evitarlo.

Ha llegado el momento de dejar atrás todas las excusas, los inconvenientes, los miedos, las reticencias, las comodidades. Es la hora de actuar. Los hombres no podemos seguir permaneciendo ocultos, pretendiendo no tener responsabilidad moral ante las víctimas.

Debemos alzar nuestra voz y hacer llegar a la sociedad un claro mensaje de rechazo absoluto de las raíces de la violencia,  negando cualquier razón que la justifique. No hay excusa posible. Los hombres violentos han de saber que sus actuaciones son inaceptables y que nos estamos movilizando contra ellos.

Lanzamos desde aquí una petición a todos los hombres: os pedimos que no miréis a otro lado, que no sigáis tolerando en vuestro entorno ninguna situación de violencia, sexismo o discriminación hacia las mujeres. Es vuestra responsabilidad actuar allí dónde se dé o se prepare el horror. Denunciad aquellos casos que conozcáis y apoyad, sin ninguna duda, a las víctimas pues necesitarán de toda vuestra ayuda.


Violencias masculinas

Ignacio Ramonet

Esto ocurre en Europa. La violencia que ejercen contra las mujeres sus compañeros de sexo masculino alcanza en el continente dimensiones alucinantes. Para las europeas de 16 a 44 años las brutalidades en el seno del hogar se han convertido en la primera causa de invalidez y de muerte, antes incluso que los accidentes de tráfico o el cáncer…

Según los países, entre una cuarta parte y la mitad de las mujeres son víctimas de sevicias. En Portugal, por ejemplo, el 52,8% de las mujeres declaran haber sido objeto de violencias por parte de su marido, amante o compañero. En Alemania, cada cuatro días tres mujeres son asesinadas por los hombres con quienes vivían, es decir cerca de 300 por año. En el Reino Unido cada tres días es asesinada una mujer en las mismas circunstancias. En España, una cada cuatro días, cerca de 100 por año. En Francia, debido a las agresiones masculinas domésticas, mueren seis mujeres por mes, una cada cinco días, la tercera parte de ellas apuñaladas, otra tercera parte abatidas por armas de fuego, un 20% estranguladas y un 10% molidas a golpes hasta la muerte (1)… En el conjunto de los quince Estados de la Unión Europea (antes de su ampliación a 25) mueren 600 mujeres por año -casi dos por día- debido a las brutalidades sexistas en el círculo familiar (2).

El perfil del agresor no siempre responde a lo que se imagina. Por deformación ideológica hay quienes tienden a asociar las conductas agresivas con personas poco educadas, surgidas de medios desfavorecidos. Es un error. El drama de la actriz Marie Trintignant, asesinada el 6 de agosto de 2003 por su compañero, un artista célebre, es una prueba. Un informe del Consejo de Europa afirma que “la incidencia de la violencia doméstica parece incluso incrementarse con los ingresos y el nivel de formación”. Subraya que en Holanda “casi la mitad de los responsables de actos de violencia contra las mujeres tienen título universitario” (3). En Francia, según las estadísticas, el agresor es mayormente un hombre que goza de cierto poder debido a su rango profesional. Se destaca una alta proporción de directivos (67%), de profesionales de la salud (25%) y de miembros de la policía o el ejército (4).

Otra idea preconcebida consiste en creer que las violencias de género son más frecuentes en los países machistas del sur de Europa que en los Estados del norte. Esto también debe ser revisado. Rumania se presenta efectivamente como el país europeo donde la violencia doméstica contra las mujeres es más grave: cada año, 12,62 por cada millón de rumanas son asesinadas por sus compañeros. Pero en la siniestra lista de los Estados más uxoricidas, inmediatamente después de Rumania se sitúan países donde paradójicamente los derechos de las mujeres son más respetados, como Finlandia, donde cada año 8,65 por cada millón de finlandesas resultan asesinadas en la intimidad del hogar, seguida de Noruega (6,58), Luxemburgo (5,56), Dinamarca (5,42) y Suecia (4,59). Italia, España, Portugal e Irlanda ocupan los últimos lugares.

Esto prueba que estas violencias son el flagelo mundial mejor distribuido, que existen en todos los países, en todos los continentes, y en todos los grupos sociales, económicos, religiosos y culturales. Cierto que hay mujeres violentas en sus relaciones con los hombres; no hacía falta ver las imágenes de mujeres soldados infligiendo torturas a detenidos varones en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, para saber que infortunadamente existen torturadoras de sexo femenino (5). Cabe añadir también que las relaciones homosexuales no están exentas de violencia. Pero en la abrumadora mayoría de los casos las principales víctimas son mujeres.

Esta violencia, sobre la cual las organizaciones feministas atraen desde hace mucho tiempo la atención de los gobernantes (6), alcanza a escala planetaria un grado de virulencia tal que es preciso considerarla como una violación primordial de los derechos de la persona humana, además de un considerable problema de salud pública.

Porque no hay sólo ataques físicos, por mortíferos que sean, hay también violencias psicológicas, amenazas e intimidaciones, y brutalidades sexuales. En muchos casos, por otra parte, se acumulan todas las agresiones.

El hecho de que estas violencias se ejerzan en el domicilio de la víctima siempre ha sido un pretexto para que las autoridades se laven las manos y las califiquen como “problemas que remiten a la esfera privada”. Esta actitud constituye una negación colectiva de asistencia a personas en peligro. Una hipocresía escandalosa. Todos sabemos que lo privado también es político. Y que ese tipo de violencia es el reflejo de relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres. Debidas en particular al patriarcado, sistema fundado en la idea de una “inferioridad natural” de las mujeres y una “supremacía biológica” de los hombres. Ese sistema es el generador de violencia. Y hay que liquidarlo con leyes apropiadas. Hay quienes objetan que esto llevará tiempo. Entonces, ¿por qué no empezar enseguida a instaurar, como reclaman muchas organizaciones feministas, un tribunal internacional permanente para las violencias que se ejercen contra las mujeres?

NOTAS:

(1) Rapport Henrion, ministerio de salud, París, febrero de 2001. Leer también Elisabeth Kulakowska,
“Violencia contra las mujeres”, Le Monde diplomatique edición Española, julio de 2002.
(2) Véanse los informes Mettre fin à la violence contre les femmes, un combat pour aujourdd’hui, Amnesty International, Londres 2004; Les violences contre les femmes en Francia. Une enquête nationale, La Documentation française, Paris, junio de 2002; y Rapport mondial sur la violence et la santé, especialmente el Capítulo 4 “La violence exercée par des partenaires intimes”, Organización Mundial de la Salud, Ginebra 2002.
(3)Olga Keltosova, Rapport à l’Assemblée parlementaire sur les violences domestiques, Conseil de l’Europe, Estrasburgo, septiembre de 2002.
(4) Rapport Henrion, op. cit.
(5) Leer Gisèle Halimi, “Tortionnaire, nom féminin”, Liberation, París, 18-6-2004.
(6) Ver por ejemplo el texto “La violence envers les femmes: là où l’autre monde doit agir”, presentado por la Marcha mundial de mujeres en el Foro social mundial de Porto Alegre en enero de 2002. Léase el texto íntegro en el sitio: http://www.marchemondiale.org/
 

Julio 2004

Los hombres y su pasividad ante
la violencia de género
(no es casualidad)
Miguel Lorente
 

Nunca han faltado hombres en las grandes revoluciones con independencia de su condición y de las circunstancias: ha habido hombres blancos luchando contra el racismo, aristócratas en las revoluciones del pueblo, hombres cercanos al poder contra las dictaduras, militares contra los golpes de Estado, hombres heterosexuales frente a la homofobia…. En cambio, apenas hay hombres en la erradicación de la desigualdad y en la lucha contra la violencia de género.

 Y no es casualidad.

La gran mayoría de los hombres están contra la violencia de género cuando se conoce su resultado, pero para que éste sea conocido tiene que haber adquirido una intensidad capaz de superar las paredes y el silencio que habitualmente la envuelve. Sin embargo, la gran mayoría de los hombres está ausente en todo ese antes que conduce al golpe y a la agresión que luego critican.

 Y no es casualidad.

 Estar en el camino que termina en la violencia es estar contra la identidad masculina y contra la cultura que la moldea con el barro de la desigualdad. Una cultura que hace sociedades donde los hombres ocupan una posición de referencia y poder, y en las que la propia condición masculina les otorga una serie de valores superiores a los de las mujeres. No hay que irse muy lejos para encontrar un ejemplo en las palabras del exministro Arias Cañete respecto a la “superioridad intelectual de los hombres”, no digamos ya si nos vamos al valor de la fuerza, la competitividad, la razón, el enfrentamiento, el carácter, la decisión… entonces vemos cómo toda esta vida está preparada, según ese modelo, para el liderazgo “natural” de los hombres, y para que la “limitada capacidad” de las mujeres se desarrolle con plenitud dentro del hogar por medio del cuidado, el afecto y el cariño.

Pero como las mujeres son “malas y perversas”, tal y como rezan los mitos de esa cultura, se vuelven rebeldes y osadas con el tiempo, de ahí que haya que controlarlas e incluso corregirlas por medio de la violencia cuando la situación lo exija. La insumisión se corrige volviendo a la sumisión… recordemos el Cásate y sé sumisa editado por el Arzobispado de Granada. Y si la corrección violenta no da resultado, entonces llega el castigo a través de un mayor grado de violencia.

Y todo esto no es casualidad.

 La desigualdad genera un espacio de ventajas y privilegios para los hombres por el hecho de ser hombres, y la mayoría se siente incómodo cuestionando el sistema que lo hace posible y su papel dentro de él. Unos por lo que perciben como “pérdidas”, valga como ejemplo, además de la recompensa que supone la presencia de hombres en la mayoría de los puestos de poder, el resultado del Barómetro del CIS de abril de 2014, que muestra cómo las mujeres dedican al día un 97,3% más de tiempo a las tareas domésticas y los hombres tienen un 34,4% más tiempo de ocio. Otros hombres, por el contrario, se sienten incómodos por la “desorientación” que les provoca salirse de las referencias rígidas e históricas que construyen esa masculinidad dominadora, sin encontrar una forma diferente de ser hombre, ausencia de modelo alternativo nada casual.

La violencia de género es un instrumento más para organizar e imponer la convivencia sobre los valores e ideas que brotan de la desigualdad, por eso, a diferencia de otras violencias interpersonales, su objetivo esencial es controlar y dominar a la mujer; esa es la razón por la que los episodios se repiten y por lo que entre cada una de las agresiones el control continúa a través del rechazo, la crítica, el menosprecio o la humillación. Toda esta estrategia busca el aleccionamiento e introducir el miedo y el terror en las mujeres, para que recuerde qué puede ocurrirle ante la negativa u oposición a seguir los mandatos del maltratador, y hacer, de este modo, más efectivas las amenazas que lanzará ante la más mínima contrariedad. Y cuando esta estrategia de control fracasa, es cuando se produce el homicidio bajo el argumento posesivo del “mía o de nadie”.

La pasividad de los hombres ante esta violencia que ejercen otros hombres contra las mujeres no es casualidad, y llega a ser cómplice. Los hombres violentos utilizan al resto de los hombres para justificarse en su conducta, dicen hacerlo por todos y ante las “malas mujeres” que “no quieren aprender o que les llevan la contraria”, por lo tanto, si el silencio es el único que toma la palabra y la distancia es lo más cerca que se está del problema, se les estará dando la razón y ellos continuarán con sus lecciones de violencia a domicilio.

 Es por ello que los hombres tienen mucho que reflexionar y más que cambiar sobre esa identidad masculina “made in macho” y las consecuencias que se derivan de ella. No se trata de pedirles que dejen de ser hombres, sino que sean más hombres, y ello significa romper el anclaje absurdo y caducado de la hombría dominante para incorporar valores y elementos que destaquen el componente humano sobre el elemento primitivo de la fuerza y la violencia. Hace unos días conocimos la noticia sobre cómo los neandertales diferenciaban algunas tareas por sexo, el problema no es que ellos lo hicieran, sino que 40.000 años después algunos se empeñen en comportarse como neandertales.

 Los hombres tenemos que incorporarnos a la Igualdad y a la erradicación de la violencia de género. No hay posiciones neutrales ante esta realidad, o se hace algo para acabar con la injusticia que supone, o se está haciendo para que continúe. Y para ello los hombres necesitamos construir nuestra identidad sobre nuevas referencias que lleven a convivir en igualdad sobre valores y sentimientos compartidos, no sobre gestos y acciones individuales que luego se impongan a las mujeres y al resto de la sociedad.

 Miguel Lorente Acosta es médico forense, profesor de Medicina Legal y fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

   

8 de Marzo (2011)
Día de la Mujer. Machismo y terrorismo

Víctor Arrogante

En este día conmemorativo, de la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, quiero una vez más recordar a la mujer, en cuanto a víctima de la violencia machista.

Precisamente ayer murió una mujer, asesinada por su pareja (el presunto asesino tenía dos condenas pendientes de cumplir por violencia doméstica). La que ayer murió en Fuente el Saz del Jarama (Madrid), hace la número 14 de las mujeres muertas en lo que va de este año.

La víctima había interpuesto una denuncia por malos tratos en junio de 2010, por lo que al hombre se le aplicó una orden de alejamiento e incomunicación sobre la víctima que quebrantó en noviembre. La Guardia Civil y el Ayuntamiento de Fuente el Saz hacían un seguimiento de la situación de la víctima, con la consideración de peligro de “baja intensidad”

Si el terrorismo de ETA, hubiera cometido 14 asesinatos este año, el Estado temblaría. Son 14 mujeres y en ocasiones se escucha algún lamento. Miguel Lorente, Delegado del gobierno contra a violencia de género, publica hoy en Público un artículo bajo el título "Machismo y Terrorismo" que por su interés reflejo a continuación

Por qué se teme más al terrorismo de ETA que al machismo? ¿Por qué se busca acabar antes con el terror de una banda criminal que con las referencias de una cultura violenta? ¿Por qué cuando se habla de terrorismo nada vale y cuando se habla de machismo cualquier cosa puede ser aceptable?

¿Por qué razón cuando un portavoz del entorno de la banda hace referencias a ese mundo sus palabras son para ensalzarlo, y cuando alguien con pluma, voz o mando hace directamente alusiones al machismo los oídos se entornan y las miradas se desvían? ¿Por qué?

Desde el 28 de junio de 1960, ETA ha asesinado a 857 personas, muertes que suponen una media de 16,8 homicidios al año. Sin embargo, tan sólo desde 2003, año en que se unifican las estadísticas por violencia de género, el machismo ha asesinado en España a 545 mujeres en el ámbito de la relación de pareja, es decir, un 68,1 de media anual. En los cinco últimos años el terrorismo ha matado a 12 personas, mientras que la violencia de género ha acabado con la vida de 345 mujeres, y sólo hay dos años, 1979 y 1980, con 86 y 93 víctimas, en que ETA ha matado a más que la violencia de género.

¿Por qué, entonces, se teme más al terrorismo que al machismo? Sabemos algunas de las razones, aunque no entendemos muchas de las reacciones.

La violencia terrorista se vive como ajena al sistema y dirigida contra él. Esta percepción permite que cualquier persona sienta que puede ser víctima al verse alcanzada por un coche bomba u otra acción criminal, como parte de la estrategia de atentados indiscriminados que la banda necesita para generar terror. Este diseño hace que se acompañe también de un entramado visible y de reivindicaciones que puedan ser apoyadas desde otros frentes.

La violencia machista, por el contrario, nace de los propios valores que la cultura ha establecido para la convivencia social, es lo que se denomina una “violencia estructural”. Desde ese punto de vista se percibe que no todo el mundo puede ser víctima de sus acciones, de hecho sólo las mujeres pueden serlo, y según esa misma idea, no todas las mujeres, sino aquellas que sean unas malas mujeres por no ser buenas esposas, madres o amas de casa; o si se mira al agresor, aquellas otras que se cruzan con un hombre alcohólico, drogadicto o con problemas psicológicos. También hay diferencias en la escenificación, nadie reivindica objetivos a conseguir, ya los tienen, lo que no quieren es perderlos, y tampoco salen a la calle, se quedan en sus casas ejerciendo la violencia.

Bien, ya conocemos algunas de las razones para que se muestre una actitud completamente diferente y ciertamente paradójica al mostrar mayor preocupación ante una situación menos grave en el resultado y en el significado, pues es mucho peor impedir la igualdad para toda la sociedad y ejercer la violencia desde esa posición de injusticia del machismo, que enfrentarse a la reivindicación de un grupo criminal y aislado, por más apoyo que tenga en un determinado territorio. Lo que sorprende, tal y como apuntaba al principio, es cómo ante esta situación y su dramático resultado existe una reacción tan débil por parte de la misma sociedad que se muestra tan dura con el terrorismo, y cómo, incluso, se llegan a criticar y a cuestionar los instrumentos y las acciones dirigidas a erradicar el machismo, la desigualdad y su violencia.

Sólo la gravedad del resultado debería llevar a decir desde cualquier ámbito de la sociedad y a cualquier ciudadano y ciudadana: “¿Qué tengo que hacer para contribuir a erradicar la violencia de género?”, pero la situación es muy diferente.

Está claro que no se quiere el resultado de la violencia de género, pero aún se quiere menos aceptar que su causa está en la desigualdad. No tiene sentido que en las circunstancias descritas se adopte una posición tan pasiva ante las medidas destinadas a combatirla y se sea tan beligerante en la crítica con argumentos como las denuncias falsas, que los hombres también sufren violencia o que hay que incluir en la ley a los menores como víctimas directas.

En realidad, lo que se pretende es desvirtuar el significado de la ley integral y apartar la mirada de su origen en la desigualdad. Imagínense, ahora que hemos conmemorado el Día Internacional contra el Cáncer, que al hablar de él alguien argumentara que no se hable tanto de cáncer y que se hable más de enfermedades infecciosas o metabólicas, o que si se lleva a cabo un programa sobre el cáncer de mama alguien dijera que habría que incluir en él al cáncer de próstata, o que se cuestionara toda la política sanitaria sobre el cáncer porque haya habido casos de personas que han simulado padecer esta enfermedad… sería absurdo, ¿verdad? ¿Por qué no lo es cuando se utiliza este tipo de argumentos contra la igualdad y la violencia de género?

Detrás del machismo no hay siglas, pero hay siglos de poder al que no quieren renunciar, y lo mismo que en momentos anteriores se han intentado cambiar la siglas para seguir con la estrategia, otros han intentando cambiar las palabras a lo largo de los siglos para mantener el silencio, pero todos con la violencia como argumento. Los terroristas adoptan conductas machistas en el recurso a la violencia como forma de poder, y el machismo es terrorista al instaurar el miedo y el terror como celda para las mujeres, y del mismo modo que se pide que no haya amparo para uno, no debe haberlo para el otro.

Ahora es tiempo de paz e igualdad, y para ello toda la sociedad es necesaria, toda salvo los violentos.

8 de marzo de 2011

 
     

Terrorismo de género o contra las mujeres
LAMITAD+1

Al hilo de los acontecimientos que estamos viviendo en los últimos días y que nuevamente vuelven a llenar las páginas de los medios de comunicación tradicionales, he recordado un artículo que escribí y me publicaron hace unos años y que rescato a modo - una vez más - de recordatorio para aquellas mentes hostiles y temerosas que niegan la mayor a la hora de reconocer sin ambages el carácter de la discriminación directa e indirecta que las mujeres de las sociedades "evolucionadas" seguimos soportando estoicamente, con el cuello dolorido de tanto tener que mirar a nuestra espalda para tratar de esquivar el golpe mortal que en cualquier esquina de la vida puede acabar con la nuestra.

" Los sucesos que nos golpean casi a diario con la muerte de alguna mujer a manos de un hombre que de una y otra forma ha creído tener derecho a tomar decisiones sobre su vida, nos derrotan el alma dejando en nuestras alas una capa pegajosa y espesa de pesar e impotencia que nos impide volar por encima del hecho en si para poder reconocer el autentico significado del término así como las situaciones que perpetúan esta lacra.

La Asamblea General de Naciones Unidas define la expresión violencia ejercida sobre las mujeres o Violencia de Génerocomo:“Toda conducta que atenta contra la dignidad e integridad física y moral de las mujeres, en base a la consideración social que tradicionalmente se le ha venido dando”

La VIOLENCIA DE GÉNERO o contra las mujeres es TERRORISMO y se nos muestra  .....

En el ejercicio de la vida pública.

Las mujeres, aún estando en condiciones de tomar parte activa en la vida política y económica tienen una presencia mínima en los puestos cualificados superiores y de alta dirección y responsabilidad.

En la privacidad de la familia.

Problema con mayor visibilidad en los últimos años y que conmueve a la sociedad a la que vez que la deja paralizada. Este hecho genera tal agravio comparativo por razón de género que ha obligado al Gobierno de España a aprobar una LEY que defina y regule las condiciones y consecuencias del mismo.

En el desempeño de su derecho a tener un puesto de trabajo.

Las condiciones de trabajo; el tipo de trabajo; las relaciones contractuales; el salario; la promoción; etc. Todo tiene tintes sutiles de discriminación por razón de género. No pareciendo eso suficiente obstáculo, el acoso sexual es una práctica habitual que es ejercida por los varones, incluso sin necesidad de ocupar una posición jerárquica superior.

En el tratamiento que recibe su imagen desde la publicidad y los medios de comunicación.

El uso que de la imagen de las mujeres hace la industria publicitaria tiene un efecto perverso sobre determinados varones y algunas mujeres, que refuerza la idea de secundariedad sosteniendo la creencia de que las mujeres se pueden “usar” y por tanto eliminar cuando ya no son útiles o cuando ejercen sus derechos a tomar decisiones.

En la utilización sexista del lenguaje.

El uso del género gramatical masculino como presunto englobador de ambos sexos genera invisibilidad de una de las partes – las mujeres – y provoca ambigüedad, forzando la visualización del pensamiento en masculino.

Todos estos elementos conforman un escenario hostil para las mujeres en el que los propios varones parecen verse impelidos a actuar de forma desconsiderada y de supremacía sobre ellas para ajustarse al rol que les viene impuesto por un modelo social que, mientras legisla y proclama la igualdad de derechos y reconocimiento de sus miembros, mantiene en sus costumbres y creencias una consideración desigual y diferente de UNAS frente a OTROS, que no se corresponden con nuestros auténticos deseos de convivencia en igualdad y que es nuestra responsabilidad eliminar."

Publicado por CyT. CCOO Canarias. 2005

http://pyfg.espacioblog.com/post/2011/10/26/terrorismo-genero-o-contra-mujeres

 

Terrorismo

Álvaro Escribano

 

Cuarenta y nueve semanas han transcurrido este año (2011).

Millones de mujeres sobreviven humilladas y vejadas por sus "parejas", en España, cincuenta y cuatro de Ellas con nombre propio ya no están entre nosotros: Ana María, Weili, Carmen, Lediyeini, Maria Jesús, Julia, Ramona, Esther, Carmen, Arianny, Susana, Gigliola; Montserrat, Marilyn, Natividad, Purificación, Viorela, Yanela, Mireia, Cándida, Arantxa, Marisol, Gloria, Yohanna, Miren, Inés, Teresa, Rosa María, Silvia, Angélica, Rosario, Eliana, Julia, Mónica, Fructuosa, Giovanna, Rosa María, Deisy, Isabel, Caridad, Elena, Esther, Lucía, Clementina, Mina, Mª Dolores, Salud, Yvonne, Cristina, Mara, Amaranta, Eunice, Tatiana, Sabrina

Unos terroristas acabaron con sus vidas dejando por el camino treinta y seis huérfanos con un futuro marcado por el horror y dos niños de 16 y 7 años que murieron desconcertados.
Esto no es producto de una furia pasajera, tampoco es una enfermedad mental, esto no es alcoholismo, no depende de clases sociales ni de procedencia geográfica y lo siento, tampoco es sólo cuestión de sexo o género.

Esto se llama terrorismo, el más vil de todos, es doméstico, es secreto y es cobarde, el verdugo actúa agazapado y nunca pone en riesgo su integridad física.

¿Por qué un lazo?
¿Por qué un día?

Muchos dirán que no sirve para nada, los más cínicos afirmarán incluso que es demagogia - que palabra tan pervertida - todos ellos son cómplices silenciosos de la mayor y más anacrónica lacra social que nos queda.
Las estadísticas - que no detallaré porque deshumanizan el horror - demuestran que entre las decenas de amigos, compañeros de trabajo, familiares y centenares de seguidores o contactos de redes sociales se encuentran alimañas que someten a sus víctimas y que un día u otro perpetrarán el último crimen de sus deleznables vidas.

Las frías estadísticas, también advierten de que entre esos mismos contactos será difícil encontrar a las víctimas. El terrorista comienza por hacer un control férreo a la libertad de su presa, la aísla de la sociedad, le requisa o vigila su teléfono y le corta cualquier contacto con el exterior aunque sea virtual. Esta semana el post de mi amiga Paloma sobre sus experiencias en un año en Twitter me hizo reflexionar sobre la suerte que tenemos de ser libres y sobre las mujeres que jamás conocerán esa herramienta ni nada que supere las cuatro paredes que protagonizan una existencia bajo encierro domiciliar.

Entonces, repito, ¿por qué un lazo, por qué un día?

Porque hoy, quiero que sepas que te vigilo, que me repugnas y que no pienso callar nunca ante la más mínima actitud agresiva o dominante que en ti observé sin importarme un carajo las consecuencias que ello pueda tener en nuestra "amistad". La gente como tú me revuelve el estómago y el único motivo por el que no te llamo hijo de puta es porque tu madre no es responsable de que te hayas convertido en un monstruo, ella jamás hubiera querido un hijo como tú.

 

No son ellas quienes deben estar atentas a las señales, somos todos, ellas dependen de nuestro olfato y nuestra valentía para denunciar, mientras sigamos pensando que esto pertenece a la estricta intimidad familiar nuestra sociedad se seguirá pudriendo inexorablemente.

Ya en marzo, tras un abominable asesinato, sentí la necesidad de hablar sobre esto, hoy se me agotan las palabras y sólo deseo no tener que volver a mencionar jamás el tema.

¿Utopía? Pensar en estos tiempos que acabar con el terror es utópico es caer en la complicidad.

Seamos intolerantes, generemos el clima social de repulsa acorde a la gravedad e invadamos las calles. Después, legislar y juzgar dependerá de otros pero serán conscientes de que la situación es de extrema trascendencia y requiere de medidas extraordinarias.

Antes o después venceremos.

Una vez más, recurro a Héctor Abad Falciolince y su Elogio a la Mujer Brava, a ver si nos enteramos de que la igualdad y el sometimiento no son iguales como tampoco lo son el feminismo y el machismo:

"A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientosA esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden."

Somos todos culpables de omisión de socorro, yo no volveré a serlo. ¿Vosotros?

PD: Un requerimiento a mi brava amiga Sofía, si conseguimos tipificar este crimen como terrorismo, entonces su apología será delito y podremos perseguir y juzgar a los sostreses de este mundo, que son muchos.

Publicado en http://turbutopia.blogspot.com.es/2011/11/terrorismo.html

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Víctor Arrogante
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