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El abuelo Rojo ha
cumplido 98 años |
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18 de agosto de 2014 |
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Ignacio Huertas Buenadicha, «Rojo», ha cumplido 98 años. Nada conocido
tenía ni contra la izquierda ni contra la derecha. Un hombre bueno,
justo y cabal, sencillo. Rojillo lo fue, porque de niño su padre
comenzó a llamarle así por su pelo. Y la costumbre se hizo ley en el
pueblo. Ha vivido en dos siglos y tiene 98 años. Le conocí en el
setenta del siglo pasado. Es el abuelo de mis hijos y bisabuelo de mis
nietos, fue mi suegro. |
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Hombre serrano de Gredos. De la ribera del Tormes, donde el río se
junta con la garganta que baja de la Laguna Grande y Cinco Lagunas.
Sus ojos claros, todo lo tienen visto: la sierra plena, nieve y
solano, el puente, el río, Navajondonera, el Soto y Navasomera, su
patria grande, porque la chica es Navalperal de Tormes.
Se levantaba al alba si era invierno y si verano ni eso, porque no se
acostaba. Ha sido cabrero. De cabras nobles, ricas, recias, rojas,
como su nombre, dieron para criar a seis de familia, a costa de andar,
deambular, subir, bajar y ordeñar; para el cabrito asado y el queso
blanco que Fidela manipulaba. En la dehesa de Navalperal, a la ribera
del Tormes y con vistas a Risco Redondo, Fidela quedó para siempre,
donde nació. En Navalperal querrá descansar «Rojo». Qué mejor sitio
para reposar una vida dedicada a lo suyo, sin más miras que vivir para
vivir, de andar tranquilo, sosegado, hacia adelante, encorvado. Sus
sueños los desconozco. Pero los tenía, seguro, eran suyos, son
historias del tiempo.
Me contaba y me contó que en muchas ocasiones, con la nieve hasta las
rodillas, con frío y niebla, rescató a montañeros, que habían perdido
el respeto a la sierra. Un día fui yo el rescatado. Subiendo por unas
peñas, cerca del Almanzor, para conquistar la cima y otras cosas, un
mal paso produjo movimiento de piedras y el mal parado fue mi pie, el
izquierdo. El calcáneo crujió; sin agua para los labios, el ardiente,
lo puso el sol en lo alto. Mientras que la fiebre subía, llegó
«Canario», el burro de siempre, con «Rojo» tirando del cabezal.
Después de tres meses de muletas, conseguí lo que entonces había
perdido: la cornamenta de un montés, hoy en casa serrana, pero de
Moralzarzal.
Mi recuerdo y mi cariño, por un hombre sencillo, buena gente, querido
y respetado por todos, por sus hijos, nietos que algunos son mis hijos
y biznietos que son mis nietos. ¡Felicidades por tu vida, abuelo! |
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