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Todo esto viene a cuento, porque en Madrid se ha
celebrando, como todos los años desde hace treinta y cuatro, la Feria
Internacional de Turismo (FITUR); y también por estas fechas —el 19 de
enero de 1986— fallecía el mejor alcalde que Madrid ha tenido. «La
muerte en sí misma no es nada, es la vida la que acaba... la muerte no
implica vitalidad alguna, llega y se acaba» y él como llegó se fue;
ligero de equipaje, porque mucho dejó entre nosotros, entre todo, sus
bandos a los «madrileños».
La feria del turismo es una de las más exitosas del
mundo, que alberga a empresas e instituciones públicas expositoras,
procedentes de 165 países. Sus ofertas, para todos los gustos,
bolsillos, incluso de inclinación sexual; viajes de aventura,
culturales, gastronómicos, deportes de riesgo o turismo sanitario,
promocionado por las privadas, con la bendición de la Mato. Es típico
ver por estos días a representantes institucionales de comunidades
autónomas y municipios, dándose un garbeo por Madrid, dándose a
conocer e informarse a la vez, sobre lo que se va a llevar, a la moda
me refiero.
En FITUR hemos conocido, por boca de Fernández Díaz,
que no tiene medida, que la santa de Ávila, Teresa, la del brazo
incorrupto, está intercediendo ante dios por España «en estos tiempos
recios». Estoy con mi amigo BorjaMariaZ; con ese brazo habría que
hacer una barbacoa, por consentir los seis millones de parados. Más
floreado y con más decencia que el ministro, el viejo profesor decía
en su Bando del 3 de febrero de 1982: «Celébrase ahora en nuestra
Villa una grande y concurridísima Feria dicha FITUR, en la que se hace
pública ostentación de los bienes y satisfacciones que el llamado
turismo procura, y que sirve de lonja para el negocio y tráfico que
esta nueva industria exige.
»Los muchos visitantes que la Feria procura, mas los
que gracias a ella han de venir en el futuro a satisfacer el ocio con
los apacibles placeres que Madrid ofrece, exigen de su Ayuntamiento, y
particularmente del vecindario, especial esmero en cuanto atañe al
cuidado y decoro de esta leal y Coronada Villa». Algo parecido a lo
que quiso decir la alcaldesa Botella con su «Relaxing cup of café con
leche in Plaza Mayor», cuando defendía la candidatura olímpica de
Madrid 2020. Siempre ha habido diferencias culturales, políticas y de
estilo. Tierno Galván, político, sociólogo, jurista y ensayista;
doctor en Derecho, Filosofía y Letras, catedrático de Derecho Político
en las universidades de Murcia y Salamanca; Ana Botella, política
consorte y sin currículo conocido,
tal como ha quedado demostrado en Davos.
Comenzaba así Tierno su bando. «Madrileños: El mucho
amor a nuestra lengua no nos debe llevar a aborrecer las novedades que
con el tiempo se introdujeron en ella para designar con justeza cosas
y comportamientos que no gozaban anteriormente de vocablo singular y
adecuado. Así ha ocurrido con los que viajan por curiosidad y placer,
que llámanse ahora «turistas», sin que la consulta de muchas, copiosas
y autorizadas fuentes del castizo decir nos haya permitido encontrar
palabra en nuestro natural castellano que signifique propia y
ajustadamente lo que el nuevo vocablo expresa.
»Es lícito decir, que el turismo o, lo que es igual,
la concurrencia cuidadosamente ordenada de viajeros que, conducidos
por la curiosidad y el placer, visitan nuestra patria, es hoy
provechoso e insustituible caudal de abundantes bienes tanto para el
espíritu, en cuanto que fomenta la paz y el entendimiento entre los
pueblos, como para el material bienestar de todos, ya que acrecienta
la moneda que nutre las arcas públicas y beneficia a la vez
considerablemente a los sujetos particulares de esta monarquía».
El Alcalde, encarece a sus moradores «que consideren
cómo las muchas y repetidas visitas de los naturales de otras naciones
a esta ciudad de Madrid han engrandecido su prestigio y divulgando sus
virtudes y maravillas, de manera que se han puesto al uso no sólo de
Europa, sino en todo el universo mundo, visitar nuestra Villa y
elegirla para centro y lugar más propio de conferencias, congresos,
esparcimiento y distracción».
No sabemos que diría el alcalde ante la situación que
presenta ahora Madrid. Arruinado y sucio, políticos cuestionados,
noches culturales lánguidas y el turismo cayendo en picado. España
gana y Madrid pierde. El año pasado, Madrid ha sido el único de los
destinos principales de España que perdió visitantes. Ha retrocedido
el 5,3%, hasta 4,22 millones de turistas, mientras que en total,
España, repuntó el 5,6% respecto a 2012.
Estaba en todo y con buen decir: «la razón y el común
sentir aconsejan que el aspecto de nuestra ciudad sea de singular
limpieza y adorno… Ocurre el caso insólito de que una parte de los
vecinos tiran papeles y objetos menudos al suelo y el Ayuntamiento
paga a otros vecinos para que los recojan. De seguir con esta conducta
pudiera ocurrir que la mitad de los vecinos arrojasen papeles y otros
objetos a la vía pública y la otra mitad los recogiesen». No se
hablaba por entonces del poder de convicción de las multas ni de las
privatizaciones de los servicios públicos. «Para que a tal situación
no se llegue y las calles de esta Villa aparezcan tan limpias como
deben, los vecinos cuidarán de no arrojar nada al suelo, de tal modo
que podamos, en conjunto, ofrecer a nuestros visitantes turistas el
grato espectáculo de una ciudad pulcra, acogedora y ordenada».
Tierno no solo escribía bandos a los madrileños, sino que durante su
mandato como alcalde (1979-1986), junto con un gran equipo, modernizó
la capital de España, convirtiéndola en un modelo de convivencia.
Abordó reformas importantes, como: el Plan 18.000, Mercamadrid, el
Pasillo Verde, el Plan del Manzanares, el Campo de las Naciones, la
Operación Atocha o el Planetario. Eran los ochenta y Madrid estaba en
plena ebullición de su «movida» cultural. Tierno acudía a las fiestas
populares, a la verbena de Las Vistillas o incitaba a los jóvenes
rockeros a «colocarse y estar al loro».
«Me gusta vivir intensamente», diría en una entrevista en RNE, poco
antes de que un cáncer de colon le arrebatara la vida. Aunque como él
decía la muerte en sí misma no es nada, yo igualmente estoy en aquello
de vivir lo que pueda y previniendo lo otro, estoy al loro. Un
consejo, háganlo ustedes también. |