El alcalde, el turismo y la limpieza

27 de enero de 2014

 

Corría 1982 por estas fechas del año, cuando el entonces alcalde de Madrid Don Enrique Tierno Galván, en uno de sus habituales bandos, venía a disertar sobre el vocablo turismo y la feria sobre el mismo que se celebraba. Aprovechaba para solicitar del vecindario y de las tiendas y compañías de comercio, que se abstuviesen de manchar fachadas de los edificios y de ensuciar las vías públicas, pues la limpieza era conveniente para el «lustre, prestigio y ornato de esta Villa».
 

 Todo esto viene a cuento, porque en Madrid se ha celebrando, como todos los años desde hace treinta y cuatro, la Feria Internacional de Turismo (FITUR); y también por estas fechas —el 19 de enero de 1986— fallecía el mejor alcalde que Madrid ha tenido. «La muerte en sí misma no es nada, es la vida la que acaba... la muerte no implica vitalidad alguna, llega y se acaba» y él como llegó se fue; ligero de equipaje, porque mucho dejó entre nosotros, entre todo, sus bandos a los «madrileños».

 La feria del turismo es una de las más exitosas del mundo, que alberga a empresas e instituciones públicas expositoras, procedentes de 165 países. Sus ofertas, para todos los gustos, bolsillos, incluso de inclinación sexual; viajes de aventura, culturales, gastronómicos, deportes de riesgo o turismo sanitario, promocionado por las privadas, con la bendición de la Mato. Es típico ver por estos días a representantes institucionales de comunidades autónomas y municipios, dándose un garbeo por Madrid, dándose a conocer e informarse a la vez, sobre lo que se va a llevar, a la moda me refiero.

 En FITUR hemos conocido, por boca de Fernández Díaz, que no tiene medida, que la santa de Ávila, Teresa, la del brazo incorrupto, está intercediendo ante dios por España «en estos tiempos recios». Estoy con mi amigo BorjaMariaZ; con ese brazo habría que hacer una barbacoa, por consentir los seis millones de parados. Más floreado y con más decencia que el ministro, el viejo profesor decía en su Bando del 3 de febrero de 1982: «Celébrase ahora en nuestra Villa una grande y concurridísima Feria dicha FITUR, en la que se hace pública ostentación de los bienes y satisfacciones que el llamado turismo procura, y que sirve de lonja para el negocio y tráfico que esta nueva industria exige.

 »Los muchos visitantes que la Feria procura, mas los que gracias a ella han de venir en el futuro a satisfacer el ocio con los apacibles placeres que Madrid ofrece, exigen de su Ayuntamiento, y particularmente del vecindario, especial esmero en cuanto atañe al cuidado y decoro de esta leal y Coronada Villa». Algo parecido a lo que quiso decir la alcaldesa Botella con su «Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor», cuando defendía la candidatura olímpica de Madrid 2020. Siempre ha habido diferencias culturales, políticas y de estilo. Tierno Galván, político, sociólogo, jurista y ensayista; doctor en Derecho, Filosofía y Letras, catedrático de Derecho Político en las universidades de Murcia y Salamanca; Ana Botella, política consorte y sin currículo conocido, tal como ha quedado demostrado en Davos.

 Comenzaba así Tierno su bando. «Madrileños: El mucho amor a nuestra lengua no nos debe llevar a aborrecer las novedades que con el tiempo se introdujeron en ella para designar con justeza cosas y comportamientos que no gozaban anteriormente de vocablo singular y adecuado. Así ha ocurrido con los que viajan por curiosidad y placer, que llámanse ahora «turistas», sin que la consulta de muchas, copiosas y autorizadas fuentes del castizo decir nos haya permitido encontrar palabra en nuestro natural castellano que signifique propia y ajustadamente lo que el nuevo vocablo expresa.

 »Es lícito decir, que el turismo o, lo que es igual, la concurrencia cuidadosamente ordenada de viajeros que, conducidos por la curiosidad y el placer, visitan nuestra patria, es hoy provechoso e insustituible caudal de abundantes bienes tanto para el espíritu, en cuanto que fomenta la paz y el entendimiento entre los pueblos, como para el material bienestar de todos, ya que acrecienta la moneda que nutre las arcas públicas y beneficia a la vez considerablemente a los sujetos particulares de esta monarquía».

 El Alcalde, encarece a sus moradores «que consideren cómo las muchas y repetidas visitas de los naturales de otras naciones a esta ciudad de Madrid han engrandecido su prestigio y divulgando sus virtudes y maravillas, de manera que se han puesto al uso no sólo de Europa, sino en todo el universo mundo, visitar nuestra Villa y elegirla para centro y lugar más propio de conferencias, congresos, esparcimiento y distracción».

 No sabemos que diría el alcalde ante la situación que presenta ahora Madrid. Arruinado y sucio, políticos cuestionados, noches culturales lánguidas y el turismo cayendo en picado. España gana y Madrid pierde. El año pasado, Madrid ha sido el único de los destinos principales de España que perdió visitantes. Ha retrocedido el 5,3%, hasta 4,22 millones de turistas, mientras que en total, España, repuntó el 5,6% respecto a 2012.

 Estaba en todo y con buen decir: «la razón y el común sentir aconsejan que el aspecto de nuestra ciudad sea de singular limpieza y adorno… Ocurre el caso insólito de que una parte de los vecinos tiran papeles y objetos menudos al suelo y el Ayuntamiento paga a otros vecinos para que los recojan. De seguir con esta conducta pudiera ocurrir que la mitad de los vecinos arrojasen papeles y otros objetos a la vía pública y la otra mitad los recogiesen». No se hablaba por entonces del poder de convicción de las multas ni de las privatizaciones de los servicios públicos. «Para que a tal situación no se llegue y las calles de esta Villa aparezcan tan limpias como deben, los vecinos cuidarán de no arrojar nada al suelo, de tal modo que podamos, en conjunto, ofrecer a nuestros visitantes turistas el grato espectáculo de una ciudad pulcra, acogedora y ordenada».

 Tierno no solo escribía bandos a los madrileños, sino que durante su mandato como alcalde (1979-1986), junto con un gran equipo, modernizó la capital de España, convirtiéndola en un modelo de convivencia. Abordó reformas importantes, como: el Plan 18.000, Mercamadrid, el Pasillo Verde, el Plan del Manzanares, el Campo de las Naciones, la Operación Atocha o el Planetario. Eran los ochenta y Madrid estaba en plena ebullición de su «movida» cultural. Tierno acudía a las fiestas populares, a la verbena de Las Vistillas o incitaba a los jóvenes rockeros a «colocarse y estar al loro».

«Me gusta vivir intensamente», diría en una entrevista en RNE, poco antes de que un cáncer de colon le arrebatara la vida. Aunque como él decía la muerte en sí misma no es nada, yo igualmente estoy en aquello de vivir lo que pueda y previniendo lo otro, estoy al loro. Un consejo, háganlo ustedes también.

 
 

 
 

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Víctor Arrogante
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