Los
conflictos armados producen desigualdad y millones de personas
desplazadas y refugiadas. La concienciación de lo que ocurre en el
mundo empieza con la información, pero es tanta y tan poco rigurosa
que no se termina de entender la dimensión de la tragedia, salvo por
las cifras escandalosas. Escuchamos hablar en los medios de la
guerra de Siria y Afganistán, Irak, Yemen, República Democrática del
Congo, Libia o Somalia, pero existen más guerra en el mundo, sobre
las que va disminuyendo la información, hasta su desaparición total.
En la actualidad, se están dando los niveles
más altos de desplazamiento registrados.
Según datos de ACNUR; 70,8 millones de
personas, se han visto obligados a abandonar su hogar. Entre ellos
25.9 millones de refugiados de los que más de la mitad son menores
de 18 años. También hay millones de apátridas a quienes se les niega
la nacionalidad y el acceso a derechos básicos como la educación, la
atención médica, el empleo y la libertad de circulación. En el
mundo, casi una persona es desplazada por la fuerza cada dos
segundos, como resultado de un conflicto o persecución.
La guerra en Siria es una de las más largas y
cruentas de la región. Por el tamaño y la población del país,
ha generado una de las crisis de refugiados más graves desde la
Segunda Guerra Mundial. Todo empezó en el
año 2011, cuando miles de personas pidieron en las calles la
dimisión del presidente Asad y que se realizaran diversas reformas
políticas. Los opositores tomaron fuerza y se creó el Ejército Sirio
Libre. Con el paso del tiempo entraron en escena los partidarios del
yihadismo y el Estado Islámico. En el año 2014 se formó una
coalición internacional liderada por Estados Unidos que comenzó a
bombardear al Estado Islámico. El país se dividió en zonas, unas
controladas por el régimen de Asad y otras por los rebeldes.
Tras ocho
años de guerra, la ONU está tratando de crear un comité para
redactar una nueva constitución, el primer gran paso para lograr la
paz definitiva. En 2019, ocho años después del inicio de los
combates, 6,1 millones de personas están desplazadas de sus hogares
y 5,6 millones son refugiados en otros países de la región. La cifra
de refugiados sirios aumenta cada día, en la mayor crisis de
refugiados en el ámbito mundial de los últimos 25 años. Aunque
países como Turquía, Líbano y Jordania han abierto sus puertas a las
personas que huyen de los bombardeos en Siria, la ayuda humanitaria
escasea tras tantos años de conflicto.
Azotado por la guerra y la violencia política
desde los años 70 del siglo XX,
Afganistán ha sido uno de los grandes focos de inestabilidad y
desplazamientos forzados en Asia Central.
Tras la salida de las tropas soviéticas en 1989, comenzó una nueva
etapa de violencia interna que culminó con la intervención de la
OTAN en 2001. En octubre de 2017 se cumplieron 16 años desde que
Estados Unidos bombardeara por primera vez Afganistán tras los
atentados del 11 de septiembre. En este tiempo se han sucedido tres
presidentes: George W. Bush, que declaró la guerra; Barack Obama,
que la dio por terminada sin éxito en el año 2014; y Donald Trump,
que ha visto cómo se han intensificado las acciones terroristas en
los últimos meses. Para presionar en las negociaciones de paz, los
Talibanes impiden a las ONG hacer su trabajo, cerrando clínicas y
centros de ayuda.
El conflicto en Irak entre grupos armados y
fuerzas gubernamentales, en los últimos años ha generado que en 2018
hubiera 1,8 millones de desplazados internos en el país, de los que
el 53% son niños. A finales de 2017, la ofensiva gubernamental para
recuperar el control de la ciudad de Mosul llevó al conflicto a su
punto álgido. Aunque el país no se encuentra totalmente pacificado y
muchos desplazados siguen sin poder regresar a sus casas, Irak fue
el país con mayor número de retornados en 2018, con 945.000. Antes,
el 20 de marzo de 2003, se produjo la llamada guerra de Irak,
segunda guerra del Golfo, o conocida como
Operación Libertad Duradera. El Estado
Islámico ya no tiene el control efectivo de territorios, pero se
mantiene fuerte en zonas desérticas o montañosas, desde donde lanza
ataques estratégicos contra líderes tribales y políticos, tratando
de aumentar la tensión entre las comunidades árabes y kurdas.
Se da la circunstancia de que una parte
importante de la sociedad española se manifestó en contra del apoyo
a la intervención en Irak, mostrado por el entonces presidente del
gobierno José María Aznar. Este hecho y los atentados del 11-M,
entre otros, motivaron un cambio de gobierno en el que el PSOE
obtuvo mayoría tras las elecciones generales el 14 de marzo de 2004.
Una de las primeras medidas del nuevo Gobierno, fue ordenar la
retirada de España de Irak, restando apoyo internacional a la
ocupación. La coalición comandada por Bush,
no encontró ninguna de las armas de destrucción masiva que fue el
engaño para invadir Irak. (Ver
Guerra de Irak, participación de España y armas de destrucción
masiva).
Yemen, con más de cuatro años de guerra,
se ha convertido en el escenario de una de las peores crisis
humanitarias del planeta. El alto el fuego
en Hodeidah en 2018 disminuyó significativamente la cifra de muertes
de civiles, pero no así en otras zonas del país. La extensión del
conflicto, el colapso de la economía, la inseguridad alimentaria y
el derrumbamiento de los servicios públicos básicos, han generado
que el 80% de la población necesite ayuda humanitaria para
sobrevivir. La ONU alerta de que la hambruna en Yemen, podría ser la
peor de los últimos 100 años en el mundo. El 53% de la población no
tiene nada que comer y más de un millón y medio de niños sufren
desnutrición aguda. La guerra se ha cebado con los más débiles, en
uno de los países más pobres del mundo.
Yemen sufrió un golpe de Estado en 2014, y
la guerra se ha convertido en un conflicto que enfrenta a las
diferentes entidades que quieren formar el gobierno.
En este caso también ha intervenido el Estado Islámico y Al-Qaeda.
El problema se agravó cuando una coalición de estados árabes
dirigida por Arabia Saudí comenzó a bombardear el país en el año
2015. Tras cinco años de guerra, servicios básicos como la Sanidad o
la Educación prácticamente ya no existen. Además, según la ONU, hay
más de tres millones de desplazados y el 80% de la población
necesita ayuda. Los más pequeños, como siempre, se llevan la peor
parte. Unicef ha calificado el país como "un infierno en la tierra"
para los niños, donde
miles de ellos se están convirtiendo en niños soldado.
Si hay una guerra que no termina nunca es la
de la República Democrática del Congo. Comenzó en el año 1996 y
todavía perdura, produciendo personas refugiadas, hambre y muerte.
La tensión aumentó gravemente a raíz de la
negativa del presidente Kabila a dejar el poder después de haber
sucedido a su padre en el año 2001. La
guerra ha arrasado los campos de cultivo, han aumentado los precios
y miles de personas se han visto obligadas a dejar sus casas. En
julio de 2019,
la OMS ha calificado como emergencia internacional un nuevo brote de
ébola. Esto se une a un brote de sarampión
con más de 115.000 afectados. Guerra interminable, epidemias,
campamentos de refugiados superpoblados e insalubres, donde la
situación es desesperada.
Otro conflicto vivo es el de Libia,
que se encuentra a un paso de la guerra civil y amenaza a toda la
región, sin signos de una paz en un futuro
cercano. El panorama muestra una probable fragmentación del país.
Durante 2019 ha ido fortaleciéndose el Ejército Nacional de Libia,
una facción bajo el mando de Khalifa Haftar, opositor al gobierno
reconocido internacionalmente, que cada vez cuenta con menos
territorio bajo su control. El ENL ha ampliado su presencia e
influencia en el sur de Libia desde mediados de enero. Ha firmado la
paz con grupos armados tuareg y se ha enfrentado con otros, para
mantener el control de campos petrolíferos.
Somalia,
considerado como ejemplo paradigmático de estado fallido,
lleva en guerra interna desde los años 90 del siglo pasado. La mayor
parte del país está fuera de control del Gobierno, que en los
últimos años ha logrado recuperar su influencia en el sur del país
tras una ofensiva apoyada por la Unión Africana. A la violencia
armada hay que sumar los estragos del cambio climático. Más de 2
millones de personas se han convertido en desplazados a causa de la
sequía, las inundaciones y el propio conflicto. Esto ha provocado
que la población desplazada se duplique hasta los 2,6 millones.
En la medida que EEUU deja de liderar el orden
internacional,
más países tratan de reforzar su influencia, mediante la intromisión
en conflictos de otros Estados. Desde el
inicio del siglo XXI las guerras se han multiplicado principalmente
en África y Oriente Medio, conflictos que provocan un mayor número
de desplazamientos forzados y víctimas en pleno 2019; conflictos
interminables que tienen consecuencias muy graves sobre los países y
especialmente sobre,
la población civil, que es siempre la principal damnificada
y las mujeres son las principales víctimas de los conflictos
armados.
Más de 24.000 niños fueron asesinados,
heridos, mutilados, reclutados a la fuerza y secuestrados, o
sufrieron abusos sexuales y otras violaciones de sus derechos
humanos durante el año 2018,
según el último Informe Anual del Secretario General sobre Niños y
Conflictos Armados. De esa cifra, más de
la mitad corresponde a quienes perdieron la vida o quienes
resultaron con graves heridas, como la pérdida de algún miembro de
su cuerpo, principalmente por incidentes de fuego cruzado, restos de
explosivos de guerra, minas terrestres y otras acciones de combate
perpetradas tanto por grupos no estatales, como actores estatales y
fuerzas multinacionales.
La paz es
el estado ideal de armonía, libertad, seguridad en un mundo
democrático. Podemos construir un mundo en el que impere la paz, la
justicia y la solidaridad, trabajando de manera colectiva,
enriqueciéndonos con las diferencias culturales y aprendiendo cada
día. Somos responsables de crear un mundo mejor.