¡BASTA YA!
Este
país necesita otras políticas
La izquierda merece otros líderes
Millones de
familias españolas en paro y a las puertas de la pobreza.
Decenas de
miles de jóvenes obligados a emigrar. Problemas territoriales de
calado sin resolver. Intolerables casos de corrupción y
comportamientos inmorales en la vida política. Ausencia de
mecanismos suficientes de transparencia y de sistemas de control y
participación ciudadana. Políticas
de ajuste severo
y continuidad en el descuadre de las cuentas públicas con
alarmante crecimiento exponencial de la deuda pública. Exigencia
por parte de la Unión Europea de nuevas medidas austericidas que
contrastan con el inquietante estado del sistema de pensiones y de
la tesorería de la Seguridad Social. Poder financiero sin
regulación. Órganos constitucionales de control, como el Tribunal
Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial o el
Tribunal de Cuentas politizados. Empobrecimiento
de las clases medias y de la población más humilde, injusto
reparto de sacrificios frente a la crisis.
Y ante este crudo escenario,
los políticos españoles
de los partidos mayoritarios
haciendo
manifiesta
dejación de
su función esencial y de espaldas a la realidad.
Un PP deslegitimado para el ejercicio del gobierno por la
multiplicidad de causas abiertas contra sus miembros y
la propia organización
por supuestas prácticas corruptas.
Con
un Presidente,
del partido
y
del Gobierno,
pretendiendo
no
sólo eludir cualquier responsabilidad por
ello,
sino
repetir
como líder
de un gobierno que debiera haber abandonado si en este país la
decencia política existiera. Un PP y un gobierno que se permiten,
por boca de su vicepresidenta,
decir:
“antes que la coherencia jurídica está la coherencia política
y
personal”, olvidando que
España
es un
Estado de Derecho.
Un PSOE
perdido, incapaz de ilusionar a millones de ciudadanos
que
soportan tantos sacrificios, cuya solución planteada
ha
sido
sumarse al mismo
mantra
de las otras fuerzas políticas:
“la culpa es de los demás”,
para no afrontar la realidad,
mermado y atrapado su
liderazgo en
una maraña de poderes fácticos internos. Adornado con un
discurso
incoherente y sin
relación con su peso como segunda fuerza política, que muestra a
una organización más preocupada en ser adelantada por su emergente
rival que en convencer a la ciudadanía de sus propuestas con
hechos. Un partido más centrado en no perder que en ganar,
renunciando a la gobernanza.
Unidos Podemos,
que olvida su
originaria idea de transformación radical por una oposición
acomodaticia. Que ha envejecido con celeridad, acabando en más de
lo mismo. Nuevas caras que no aspiran a un cambio real sino a
quitar a los que están para ser la nueva élite gobernante. Así,
parecen empeñados en seguir despilfarrando apoyos sociales e,
instalados igualmente en la impotencia del bucle, piden a los
demás que tomen una iniciativa sin que ellos den pasos:
facilitar acuerdos para una iniciativa de cambio real que la
ciudadanía espera como agua de mayo.
Ciudadanos,
ejemplo de la vaguedad y con el discurso cada vez más vacío, la
nada como ideario y la venta de sus escaños al mejor postor como
única oferta. Un día defiende la pluralidad y el progreso,
mientras al siguiente, girando, pretende otorgar sus votos al
continuismo más rancio. Ha renunciado a la regeneración y a la
lucha contra la corrupción, mostrando las premisas que en el fondo
subyacen en quienes están detrás de su inspiración.
En consecuencia,
una clase política que se muestra ser
incapaz de
dialogar, de negociar y de oír a la ciudadanía, que tan necesaria
anda de ser escuchada, para poder cerrar un gran acuerdo de
Gobierno de Progreso, acorde con la mayoría social salida de las
urnas del 20D y del 26J.
En tanto,
Mariano Rajoy, Presidente en funciones, se niega a dar un paso
atrás y se retrata como ejemplo del miedo visceral a la exposición
pública y a la asunción de responsabilidad. Enmascara su propósito
de perpetuarse, sin cambio alguno, en sus políticas ni realiza
concesiones al resto de partidos, en una apuesta interesada que
contraviene la Constitución: negarse a presentarse a la
investidura si no consigue de antemano apoyos para gobernar, a
sabiendas de que una repetición electoral aumentaría la abstención
en el hastiado e indignado cuerpo electoral de la izquierda que
soporta el esperpento del bloqueo de su representación política
estéril mente enfrentada.
Asistiendo a
esta ceremonia de la confusión que conduce al descrédito
democrático, la ciudadanía perpleja observa
cada vez más
la consumación de su
divorcio con
la
clase
política, siente la impunidad y
la
irresponsabilidad de quienes se suponen sus representantes,
escucha sus mentiras
y ve cómo
incumplen
los
compromisos electorales.
En
consecuencia,
desconfía cada vez más del sistema institucional
para solucionar los graves problemas cotidianos que le acucian,
dejando
de
creer en las bondades de la democracia,
convirtiéndose
en
el objetivo perfecto del
populismo
demagógico, o
de
algo
peor.
En este sentido, nos indigna
la
debilidad
y la falta de
calidad
democrática de
nuestras instituciones políticas
y
de sus gobiernos, incapaces de garantizar la justicia social, la
igualdad y la aplicación de un reparto equilibrado de abnegaciones
a la hora de afrontar con más legitimidad la crisis.
El fortalecimiento de nuestro sistema democrático requiere
medidas consensuadas en el Parlamento para regenerar la
actividad
política,
que necesariamente pasan por
prevenir, perseguir y castigar la corrupción,
el fraude y la evasión fiscal,
hacer transparente la financiación de los partidos,
reformar el sistema electoral, apuntalar y reforzar la sanidad
pública, renovar el sistema educativo,
investigar
y depurar
la mala gestión de las entidades financieras, afrontar la crisis
con actitudes de diálogo hacia los movimientos y agentes sociales,
y profundizar en una democracia más participativa, transparente y
de más calidad. Y eso solo puede hacerlo un Gobierno de Progreso
sin la presencia de Rajoy ni del PP.
No tenemos en el Parlamento a quien eleve la voz de quienes
hacemos una reflexión crítica, libre de ataduras, de quienes
pensamos que la crisis de la política exige un nuevo marco de
relaciones y
de
compromisos entre los partidos y la ciudadanía. Una nueva Cultura
Política que nos conduzca a reformas normativas
de calado
en favor del fortalecimiento de la democracia tanto en la sociedad
como en el interior de los partidos.
No encontramos en los partidos mayoritarios los
líderes idóneos que encabecen nuestra necesidad
colectiva
de vincular el ejercicio de la política a la honestidad,
la ética, la
transparencia,
la
eficiencia,
la ilusión, y la reivindicación contundente de la
sujeción a la legalidad.
No entendemos tampoco cómo una sociedad que aparentemente dijo
basta, no reacciona ante la incapacidad de unas políticas y de una
clase política que además de no solucionar sus problemas, le crea
otros nuevos. Se echa de menos una mayor exigencia pública ante
una supuesta élite que está demostrando con creces su mediocridad.
Habría que evitar unas nuevas elecciones, pero no vale un acuerdo
a cualquier precio. Seguimos apostando por uno de Progreso, que
venga a dar solución a los males que nos aquejan, con dignidad y
decencia.
¡Basta ya de tanto desatino!
Reconozcan
con humildad sus errores desde el 20D hasta aquí y rectifiquen
180º
su rumbo, para volver a recuperar la confianza del cuerpo
electoral.
Y, si no son capaces de hacerlo, que se vayan y dejen paso a ot@s
que puedan hacerlo.
29 de julio de 2016
@foro26J
Foro26J@gmail.com