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Principios del arte de torear
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Así lo dice Gregorio Corrochano:
"Vayamos ahora a referirnos al toro y
a su salida a la Plaza que nos avisará de muchas cosas:
«El toro sale del toril rápido o lento. Mira a la plaza
deslumbrado por el sol, extrañado del griterío, como si quisiera
saber adónde va, porque desde el encerradero va de sorpresa en
sorpresa. No anticipéis juicios sobre su bravura atendiendo a la
salida; podríais equivocaros. Con la salida del toro empieza el
interés de lo desconocido. Porque cada toro será distinto al
anterior. A pesar de ese ímpetu feroz, buscará una salida. No la
encuentra. Se para dispuesto a embestir: salió la bravura al
ruedo».
Se suele recibir al toro
con «largas afaroladas de rodillas», que «son una derivación del
cambio de rodillas que prodigó Fernando El Gallo. Cogía el
capote con las dos manos, citaba por el terreno de dentro y
cambiaba por el de fuera. Llamada *suerte del perdón* por
hacerse de rodillas, si venía precedida de una mala faena».
Y, enseguida, la
«verónica»: «Es el lance más serio y fundamental que se hace con
el capote. Los demás son derivados hacia el adorno. Con Belmonte
adquirió la verónica calidades insospechadas de temple y
emoción. Aquellas *cinco verónicas sin enmendarse* no las
borraron ni los escombros de la plaza derribada». Los lances «a
la verónica» suelen concluir con una «media»: «remate emocional
de las verónicas. Punto y aparte del toreo de capa. Debe
procurarse dejar al toro en suerte del picador, para evitar más
capotazos. Rematar en los medios y dejar el toro a los peones es
rematar mal, aunque se remate bien».
Y luego la suerte de
varas. «El picador ha de ser joven, alto, fuerte; buen
jinete; conocer el toro y el toreo; saber lidiar a caballo como
un torero de a pie; saber conjugar la garrocha y la mano de las
riendas. Y saber cómo necesita el toro su matador. La suerte de
varas es importantísima. Tiene una gran influencia en los demás
tercios. Los puyazos bien dados, castigan sin malherir, ahorman
los toros y facilitan la labor del espada. Los puyazos malos
resabian, deslucen y aumentan el peligro. Sin buenos picadores
no hay corrida buena. No me gusta cuando citan pegados a las
tablas y levantando mucho la puya. Así no se debe citar. No está
colocado el picador. Sepárese usted de las tablas, enderece el
caballo, salga por derecho; ahora cite abriendo un poco el brazo
de la garrocha. Así se va al toro. Como estaba usted citando,
cita el miedo. No sea tumbón».
Y los quites. Con petos es
raro que se produzcan caídas al descubierto. El picador cae
descubierto del lado del toro. El matador entra valerosamente al
quite y sale hacia atrás embrocado con el toro. El matador
peligra, pero el picador se ha salvado. Ésta es la grandeza del
quite, que suele concluir con «chicuelinas, la suerte a la
navarra, modernizada por Chicuelo, que le imprimió personalidad.
Desde entonces se llama *chicuelina*. Es una suerte de adorno
que hacen todos, con más o menos gracia, con más o menos
oportunidad y con más o menos abuso».
Y las Banderillas: «es una
suerte airosa, ágil, plena de gracia y destreza, como hecha a
cuerpo limpio. Banderillear pronto, en todos los terrenos sin
salidas en falso, es condición principal de buen banderillero.
¡Atención! En este tercio se resabian y
cambian fácilmente los toros. En el *quiebro* el banderillero
espera a pie firme la embestida recta del toro. Cuando llega,
saca un pie, carga la suerte y quiebra la recta embestida,
evitando el embroque. Al *cuarteo* es la manera más frecuente de
banderillear. Se sale al toro con un ligero cuarteo, para que el
toro no corte el terreno y tape la salida, con lo que se evitan
las salidas en falso. Por esto conviene salir sobre corto, si es
posible. Depende del toro».
Y llega el último tercio.
Suele ir precedido del «brindis», que debe tener sus
condiciones: «Obligación cortés hacia la presidencia. Brindando
al presidente queda brindado el público. Si se quiere subrayar
el brindis al público desde el centro del ruedo, ha de hacerse
con un buen toro y una faena excepcional. No debe brindársele
toro y faena vulgares».
Y vienen los distintos
pases... El «pase por bajo es muy necesario en algunos toros;
antes se daba con las dos manos. Es eficaz si se da quieto hasta
rematar, para que el toro se rompa con la muleta, como se rompe
el mar en el rompeolas, cuando al toro y al mar se les gana
terreno».
«Pase de rodillas»: «Cuando Machaquito,
cargado de laureles, salió de rodillas a un toro peligroso, la
plaza de Madrid se asustó. Cuando Joselito salió de rodillas a
un toro bravísimo de Saltillo, que se revolvía y no le dejaba
levantarse, la plaza se asustó.
A mí me emociona más de pie».
El «natural» es «el pase clásico por
excelencia. Para que sea natural puro, debe darse totalmente
aislado del estoque, que sostendrá el matador a la altura de la
cadera derecha. Apoyar el estoque, es convertir el natural en
ayudado, recuerdo que puede admitirse en día de viento».
El «pase de pecho» es «el complemento del
pase natural. Si es obligado por el toro, pone a prueba el
temple y la serenidad del espada. Así como suelto, preparado y
porfiado es un pase cualquiera, sin valor de técnica y sin
eficacia; ligado con el natural es grandioso».
«El *ayudado por alto*, lo inventó Cúchares.
Es un pase espectacular, sin importancia. Se le llamaba
desdeñosamente *del celeste imperio*, porque está al margen de
la faena. La faena empieza luego. Hoy se dan muchos pases del
*celeste imperio* y se los llama *de la muerte*. ¡Qué miedo!».
El «afarolado», «es un pase de adorno
pasándose la muleta sobre la cabeza, girando para salirse de la
muerte. Es un pase sin quietud, movido, y, por lo tanto, de poca
calidad. Tiene un inconveniente técnico: acostumbra a los toros
a desarmar».
El «pase natural con la derecha». «Conviene
usar la derecha para equilibrar la faena y dominar. Con ambas
manos se pueden hacer las mismas cosas. Pero en la derecha la
*naturalidad* se transforma en ayudado por el estoque. Aunque se
admita por claridad, no me suena bien eso de *natural con la
derecha*».
El «pase de pecho con la derecha»... «Así
como en el verdadero pase de pecho (el de la izquierda) pasa el
toro por el pecho del torero (de ahí su nombre), en el pase con
la derecha rara vez cruza el pecho. Mejor definido está
llamándole *de costado*.
Cuando todo finaliza, vienen lo adornos:
«Coger un pitón a un toro es un adorno de más importancia de lo
que parece. Es demostrar que el toro está dominado. Porque a un
toro sin dominar no hay quien le toque un pitón impunemente. Si
el toro era difícil, aplaudid este adorno».
A la «estocada» se la denomina «suerte
suprema, porque fue suprema. Hoy la supremacía la tiene la
muleta;
pocas veces la estocada. Se le mata al toro
como se puede, no como se debe. Los toros mueren porque las
puñaladas matan».
Y tras la estocada... «El Triunfo. El toro
rueda de la estocada. El matador levanta el brazo de la muerte
como si quisiera parar el sol. En los
tendidos, los espectadores hacen de los pañuelos palomas que
revolotean. El usía saca también su paloma. La oreja esta
concedida. Triunfo». Se cumplen los sueños del torero y el deseo
del público.
Mucho de lo recogido del insigne Corrochano
es más que sabido por muchos. Lo malo es que, muchas veces,
también olvidado. Por eso quizás convenga un poquito de
ilustración.
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Diversos autores han definido la lidia. Así para
Pepe Hillo, quien identifica lidiar con " lides o contiendas ",
es "el acto de jugar con toros".
José María de Cossio dice que es "el conjunto de suertes que se
practican con el toro desde que se le da suelta del toril hasta que se
arrastra".
En semejantes términos se expresa Luis Nieto,
para quien es "el conjunto de suertes que se practican con el toro
desde la suelta del toril hasta que se arrastra", para hacer a
continuación distinción entre la de a pie y la de a caballo.
Por su parte, el lingüista José Carlos de Torres
define lidiar como
"La acción de dar lidia al toro o, correr, sortear al astado;
torearlo según las características que ofrece en cada momento de los
tres tercios".
Por último José Antonio del Moral la define
como "el aprovechamiento inteligente de todas las reacciones
espontáneas del toro, combinado con las que le provocan los toreros".
Desde el punto de vista de Miguel Angel Moncholi
la Lidia es el
"Conjunto" de decisiones, acciones y suertes que por parte del torero
se practican con el toro, para, de forma inteligente, obtener el
máximo rendimiento de sus reacciones". Así lo entiende por cuanto,
la lidia no se reduce sólo a la práctica de las suertes, ni a la
división en tercios de la misma. Tampoco cree que sea tan sólo jugar o
correr al toro sin más, sino de una forma inteligente, para obtener el
máximo rendimiento de las reacciones del toro.
Al igual que el genial Miguel Ángel expresaba que
el bloque de mármol contiene la escultura y que lo que tiene que hacer
el escultor es quitar lo que sobra, cada toro tiene su lidia, y lo que
tiene que hacer el torero es moldearla.
Tan importante es la lidia, que Corrochano
afirmó que: "sin lidia, no hay toro aprovechable".
La lidia de un toro, según estableció José
Delgado, "Pepe Hillo", en su Tauromaquia se divide, en función de las
suertes que menciona, en:
El toreo
El toreo se basa en la conjunción de dos líneas. La
horizontal del toro, que va y que viene, y la vertical del torero, que
gira sobre sí misma. Ambas deben complementarse gracias a la
inteligencia del hombre.
En su Enciclopedia, José María de Cossio
define torear como
"toda acción que se verifica en la plaza para burlar y dominar al
toro, bien a favor de engaño, capa, muleta u otro cualquiera, bien a
cuerpo limpio, entra en el amplísimo concepto", la versión
reducida de su obra se limita a definir el concepto torear tal cual lo
hace el Diccionario de la Real Academia, esto es, como "lidiar los
toros en la plaza" y añadir que Sánchez de Neira, lo amplía de la
siguiente manera: "Corriéndolos para hacer en ellos suertes, ya de
capa y las demás que se conocen de a pie".
En semejantes términos a los recogidos en la obra
reducida de Cossio se expresan otros autores.
No así, Gregorio Corrochano, quien la
completa afirmando que
torear es "mandar en el toro (...), si no se manda en el toro, si el
toro no va por donde quiere el torero que vaya, no torea el torero".
Por otro lado, Luis Nieto define torear
como: "Ejecutar suertes el torero con la capa y la muleta a reses
bravas; o el rejoneador a caballo".
Por parte de Moncholí entiende que torear es la:
acción de lidiar los toros, con naturalidad, mediante la ejecución de
las distintas suertes, considerando los terrenos, la distancia,
conforme a los cánones vigentes del toreo de parar, templar, mandar,
ligar y cargar la suerte con el fin de prepararlo para la suerte
suprema.
Considera por tanto, que torear es lidiar, conforme
a lo definido, con inteligencia, conforme a las condiciones del toro,
pero que lo es cuando se practican las suertes del toreo, conforme a
unos cánones heredados y establecidos, y todo ello practicado con la
naturalidad de quien así lo interpreta y transmite.
"Se torea como se es", decía Juan Belmonte. Y añadía:
"Como si no se tuviera cuerpo". Tal es la naturalidad.
El 20 de marzo de 1950, en su célebre conferencia
del Ateneo, Domingo Ortega afirmó: "Ustedes aficionados, a poco
que recuerden, habrán visto muchas veces en las corridas de toros
faenas de veinte, treinta, cuarenta pases y el toro cada vez más
entero... ¿Cómo es posible que con esa cantidad de pases que fueron
aparentemente bellos para gran parte del público, el toro no se haya
sometido?. La respuesta es muy sencilla: Lo que ha ocurrido es que el
torero ha estado dando pases, y dar pases no es lo mismo que torear".
Y es que, en el toreo, todo se hace para preparar al toro para la
suerte suprema.
Como aportación, estas son algunas reflexiones
sobre el toreo:
-
Domingo Ortega: "Torear es llevar al toro allá
donde no quiere ir".
-
Luis Francisco Esplá: "El toreo clásico es el
equilibrio entre la técnica y la estética".
-
José Alameda: "El toreo no es graciosa huida,
sino apasionada entrega".
-
Manolo Vázquez: "Se torea con la palma de la
mano".
-
José Bergamín: "El toreo se hace y se dice".
-
Rafael de Paula: "Lo más grande de torear es
soñar cuando se torea"

Parar
Acorde con la evolución del toreo, el concepto de
parar es, por un lado, tal como lo recogen la mayoría de los autores,
y entre ellos Pepe Hillo: "la acción que ejecuta el diestro, cuando se
está parado en el terreno sin mover los pies, hasta que el toro llega
bien a jurisdicción y le hace la suerte".
Es decir, parar no es otra cosa que quedarse
quieto, o como gráficamente define el maestro Andrés Vázquez: "cuando
se marca sobre la arena el número de las zapatillas".
En este sentido decía el matador de toros y poeta
Sánchez Mejías que "un hombre quieto vale más que dos hombres
en mal movimiento".
Dicho lo anterior cabe también aplicar el término
parar al hecho de aminorar la embestida del toro en el engaño, como
primer paso para llegar a templarlo.

Templar
Como segunda premisa de lo que es torear, se
establece el templar la embestida del toro.
Como regla general, templar es acompasar la
velocidad de los engaños a la velocidad de la embestida del toro. Como
complemento de lo anterior, para algunos, templar es también tratar de
lograr que dicha embestida se vaya acoplando poco a poco al movimiento
de las telas. "El temple es el fluido sosegado en el que se desarrolla
el buen toreo", dice Felipe Garrigues.
Así lo entiende Marcial Lalanda, quien afirma: "El
temple, que según mi padre comenzó a practicarlo El Guerra, es
acompasarte a la embestida del toro y, poco a poco, hacer que él se
acople a la tuya".
Para el maestro Santiago Martín "El Viti",
"El temple es algo más que torear con lentitud, es dar la impresión de
que paras al toro".
El temple no es torear despacio, y puede serlo a la
vez. No es torear deprisa y puede serlo a la vez. El temple lo marcan
las condiciones del toro, la velocidad del toro. Pero, insisto en que,
como dice el maestro Joaquín Bernadó, el temple es también "insuflar
tú con los engaños un cierto ritmo a la embestida del toro, para
llegar a ralentizarla". Algo que, como decía Pepe Luis Vázquez, se
produce "poco a poco, al ir reduciendo velocidad el toro".
En Andalucía se haba del "son del toro". Eso es el
temple, torear al son que marca el toro y a continuación imponer el
ritmo del son.

Mandar
El mando se consigue cuando se hace que "el toro se
movilice tras el engaño siguiendo la voluntad del diestro", afirma
Cossio.
Y es verdad. Pero, yendo más allá, hay que
considerar que mandar es la consecuencia de dominar en la embestida,
de ahí que se manda en tanto en cuanto se alargan los muletazos, y a
su vez se alargan en tanto en cuanto se manda en la embestida.
Pero ni lo uno, ni lo otro, - ni mandar, ni alargar
-, son términos baladíes, pues ambos son necesarios para poder
colocarse, tras el oportuno remate, y así poder ligar.
Por último, habría que considerar, según lo
definido, que se manda más a partir del segundo y tercer pases, o lo
que es lo mismo, que la acción de mandar tiene más mérito a partir de
dichos muletazos.

Ligar: Cite, Embroque y remate
La acción de ligar es la consecuencia de la
evolución del toreo, primero por el toreo en redondo, - aportación de
Joselito -, y más tarde por el toreo ligado - aportación de Belmonte
-, y que viene a ser definida como: "la serie de lances o suertes en
sucesión de continuidad".
La ligazón es lo que llega al tendido, al
respetable. Es el espectáculo hecho ritmo en movimiento.
Como dice Garrigues: "En el toreo ligado, a
diferencia del empalmado, debe haber cite y remate en cada uno de los
pases y no "retazos" de un mismo pase empalmados. Cada lance o
muletazo deben ser rematados, e iniciar después el otro".
Y es que para ligar es preciso marcar los tres
tiempos en que se fundamenta la interpretación de cada unidad del
toreo: el lance y el muletazo, y que son:
Para el cite se emplea el llamado "toque", y
también la voz, el golpe de zapatilla, etc. No debe abusarse de este
tipo de cites, y en cualquier caso deben emplearse, dentro de lo
posible, con la mayor naturalidad.
Se puede citar:
De frente, es la manera más añeja, cuya dificultad para
ligar radica en el fuerte movimiento de cadera y muñeca que exige.
Con el cite de frente la trayectoria del toro
es más en línea recta, y por tanto se manda menos en la embestida.
Dando el medio pecho, ligeramente oblicuo con respecto a la
línea imaginaria de los pitones del toro, y
De perfil, forma ésta que no es la más ortodoxa, sin que
ello quiera decir que nunca deba emplearse.
En el momento del embroque el diestro suele
acompañar la embestida con el movimiento de la cintura.
Dice Gregorio Corrochano que "el remate
de las suertes, dejar al toro donde se debe quedar, para seguir
toreando sin enmendarse, para ligar las faenas, es lo perfecto, la
quintaesencia del toreo".
El remate más ortodoxo en el toreo de muleta es
el que se interpreta sacando la muleta por debajo de la pala del
pitón, técnica que permite poder a los toros más enrazados.
Pero, puede ocurrir también que si el toro se nos
presenta justo de remos, sea necesario que se le alivie el final de
la embestida, rematando por tanto arriba, para que no se caiga o
pierda el celo del engaño. De donde puede deducirse que el toreo no
tiene la exactitud de las matemáticas.
Manuel Mejías Rapela, fundador de la dinastía de
los Bienvenida, definía el buen muletazo como el que se
interpretaba: "de fuera a adentro; de arriba a abajo; y cuanto
más despacio mejor". ¡No es mala definición!.
Abundando en ello, el maestro de Vaciamadrid,
Marcial Lalanda, dice que: "No hay que confundir ligar los
muletazos con dejar el engaño, tapando la cara al toro. Ligar una
suerte con otra supone terminarla, de una a otra".
Analizando qué es ligar, ¿debe quitarse mérito
al muletazo que se interpreta de frente, el llamado "unipase", como el
que interpretaba Pepe Luís Vázquez y en el que rompía la embestida del
toro a base de cintura y remate atrás?... El toro, sólo las
condiciones del toro, pueden permitirnos valorar el mérito o el
demérito. Una vez más hay que apelar a que en Los Toros dos y dos
pueden ser cuatro... o no.

Cargar la suerte
Anticuada queda ya la definición que de cargar la
suerte hizo Pepe Hillo, y que reza así: "Es la acción de
torear el diestro su cuerpo de perfil, alargando los brazos y teniendo
los pies en la mayor quietud para llamar al toro y hacerle la suerte a
un lado".
Anticuada, sin duda por la evolución misma del toro
y del toreo, que más próximo a nuestros días vivió Domingo Ortega. El
maestro de Borox (Toledo), en su conferencia del Ateneo, impartida el
29 de marzo de 1950, afirmó: "Parar, templar y mandar. A mi modo de
ver, estos términos debieron completarse de esta forma: Parar,
templar, cargar y mandar; pues posiblemente, si la palabra cargar
hubiese ido unida a las otras tres desde el momento en que nacieron
como normas, no se hubiera desviado tanto el toreo".
Lamentablemente, y aunque tuve el honor de
conocerlo en persona, desconozco si el maestro Ortega quiso decir
desviado a propósito, pero lo cierto es que para muchos, cargar es
"hacer descarrilar al tren", y así lo interpretan. El toro viene entre
las dos vías, el torero echa la "pata" adelante y con ella el engaño,
provocando un movimiento brusco que echa hacia fuera la embestida del
toro. ¿Es esto cargar la suerte?. Ciertamente, no.
Para el maestro "Antoñete", "cargar la suerte es
cambiar el toreo lineal por la hondura y la profundidad, al cargar el
cuerpo sobre la pierna contraria". Según esto, cargar no es tanto
echar la "pata" adelante, cuanto cargar el peso del cuerpo sobre la
pierna contraria, la de salida.
Pero ¿por qué es tan importante cargar la suerte
dentro de la estética moderna del toreo?. Bien sencillo. Al insistir
en que cargar la suerte es echar el peso del cuerpo sobre la pierna de
salida, es decir la del sentido de salida del toro, lo que acontece es
que el hombre está volcado en su quehacer torero, lo que le permite
componer mejor su figura, al tiempo que, sin duda, expone más. De ahí
que descargar, si se admite el término, sea una ventaja.
Mas, ¿cuándo es preciso echar la pierna
adelante, a fin de conseguir ese máximo de entrega y exposición?
Y ¿ cuánto es conveniente abrir el compás ?. Porque
¿acaso no se carga la suerte con el compás cerrado?.
Pues, vayamos por partes:
La pierna debe adelantarse antes de que se inicie
el lance o el muletazo, con el compás tan abierto como dicte la propia
estética del toreo. Si bien, con el compás prácticamente cerrado es
posible cargar la suerte.
Tranquilícese el aficionado purista que acaba de
pegar un respingo sobre su asiento al leer la última frase.
Tranquilícese y piense. O si lo
prefiere póngase de pie:
1.- Eche la pierna contraria adelante y el peso
del cuerpo sobre la pierna de entrada. Comprobará que es posible
hacerlo. Eso es justo lo que hacen algunos diestros que,
aparentemente, cargan la suerte.
2.- Ahora, apenas abra el compás. Pero simule
un muletazo al viento y eche el peso del cuerpo sobre la pierna de
salida. Ve como es posible. Bueno, pues acaba de aplicar la misma
técnica de cargar que aplicara el mismísimo Manolete. No está mal
¿verdad?.
En definitiva, cargar es echar el peso del cuerpo
sobre la pierna contraria o de salida, lo que supone la máxima
expresión de entrega del torero y dominio del toro, sin que sea lícito
desplazar al astado hacia fuera en su embestida.

Terrenos, distancia y
colocación.
Un día dijo Andrés Vázquez que en el toreo eran
fundamentales la distancia y la colocación. No le faltaba
razón.
1.-
La distancia, es el espacio que media entre el toro y el
torero.
2.-
La colocación, es el espacio en el que se coloca el torero
con respecto al toro, para ejecutar la suerte, y
3.-
El terreno, es el espacio del ruedo en el que se desarrolla
la suerte.
De la importancia en la elección del terreno es
oportuno lo que un día escribió Gregorio Corrochano: "Cuando
va cada uno (toro y torero) por su terreno, anda por la plaza el
toreo. Cuando los terrenos del toro y del torero se confunden, se
mezclan con las pisadas comunes, anda por la plaza la muerte".
Y una vez más, cabría preguntarse si existen
fórmulas matemáticas. La respuesta de nuevo sería: sí, pero no.
Me explico. Cuando se dice que cada toro tiene su
lidia, se debe decir también que cada toro tiene su distancia, su
espacio, su terreno.
De la distancia dice el maestro "Antoñete":
"Es fundamental, entre otras cosas, para que surja la belleza de la
arrancada del toro y la repetición de la embestida".
Fijémonos que dice: para que surja la belleza de la
arrancada... es decir, para que se luzca el toro. ¿Cabe mayor
generosidad por parte del torero?. Claro que el sacrificio por la
exposición del torero tiene su recompensa inmediata: se incrementa
también la belleza del espectáculo.
Lo contrario de la distancia en el toreo es el
encimismo, del que Marcial Lalanda afirma en su Tauromaquia que: "este
toreo encimista es uno de los grandes males de la forma actual de
interpretar el toreo", y añade en sus reflexiones, con motivo de la
vuelta de Antoñete en los años 80, en medio del encimismo imperante de
la época, "Quizás ése ha sido uno de los secretos del éxito de
Antoñete, aparte de su gran calidad: muchos espectadores han
descubierto la emoción que supone llamar al toro de lejos, darle su
distancia, verle venir, aguantarle, darle la salida adecuadamente.
Para muchos nuevos aficionados, resultaba, por desgracia, algo
insólito".
La distancia es espectacular, pero sin olvidar que
cada toro tiene la suya, y que hay que encontrársela. El buen toreo es
el que respeta la distancia del toro, el equivocado es el del diestro
que quiere imponer a toda costa la suya. Y por supuesto, siempre
teniendo en cuenta que la distancia puede ir variando a lo largo del
desarrollo de la faena.
En teoría, podemos considerar que:
-
Si el toro tiene recorrido, la distancia para
torear será mayor, citando con la muleta adelantada y rematando lo
más atrás posible, aprovechando en toda su extensión la largura de
la embestida.
-
Pero, si el toro es de los que tiene poco
recorrido y se queda corto, la distancia debe ser menor, la muleta
debe dejarse a la altura del cuerpo del torero y para el remate
debe considerar el realizar un juego de muñeca perfecto que le
permita dejar al toro colocado para el siguiente muletazo.
Permítaseme hacer referencia de nuevo al
pensamiento que sobre el particular tiene maestro "Antoñete":
"Hay que respetar el terreno de los toros, - dice -, como hay que
respetar el terreno de los hombres. Primero es el saludo, la lidia, el
poder. Y luego, toreando, ya se estrechan las distancias. Lo contrario
es una falta de respeto. Al toro y al hombre no se les puede avasallar
de salida. Siempre que el toro sea toro y el hombre sea hombre".
Y si la línea longitudinal nos mide la distancia,
la transversal con respecto al eje del toro, nos marca, la colocación.
Y de nuevo viene el lío. Pues ¿dónde debe colocarse
el torero?. ¿Al hilo del pitón, - el de dentro, por el que embiste el
toro -, o cruzado, es decir, colocado hacia el pitón contrario, el de
fuera?.
Una vez más hay que decir que depende del toro.
Como norma general puede decirse que es necesario cruzarse:
-
Con el toro complicado e incierto, y
-
Con el toro parado, para incitarlo en
su embestida.
Curiosamente, estar cruzado podría considerarse una
ventaja, toda vez que, al citar al pitón contrario del toro, éste
tiene que describir una curva hacia el exterior del eje del torero,
mientras que al hilo del pitón, el toro, en su trayectoria natural,
que es la línea recta, puede echarse encima del torero. Claro que,
cuando hablas con los toreros, te confirman que, psicológicamente, es
más duro meterse entre los pitones del toro, que quedarse al hilo.
El quedar al hilo con el toro que requiere cruzarse
se denomina "estar fuera de cacho".
Cuando el torero se cruza, y considerando que la
muleta debe ser una prolongación del brazo, cabe que el conjunto quede
ligeramente oblicuo a la embestida del toro.
Es entonces cuando se dice que el torero está "
metiendo el pico ". Mas, lo grave no es "meterlo" o, mejor dicho,
"ponerlo", sino usarlo. Es decir, el torero cruzado obligatoriamente
tiene que dejar oblicua la muleta, pero teniendo en cuanta que:
-
una cosa es torear "con el pico de la muleta",
llevando al toro mandado con dicho extremo exterior, y provocar un
desplazamiento hacia fuera, lo cual sí puede considerarse una
ventaja, y
-
otra cosa es hacerlo con la panza de la muleta,
describiendo la siempre estética y clásica curva natural, con la
que se rompe la línea recta, base de lo que es el concepto de
mando que define al actual toreo moderno.
Paquiro ya registraba la bondad del uso de la
muleta oblicua con los toros que se ceñían, con el fin de desplazarlos
hacia fuera.
Pero que no le engañe nadie. Cuando de verdad es
una ventaja es cuando se emplea durante la embestida del toro, y no
previamente. Vale más citar algo oblicuo y dejar la muleta así, que
ponerla plana para, a continuación, hacer uso del pico y echar la
embestida hacia fuera.
En cuanto al terreno tampoco vale con frotar la
varita mágica.
El ruedo está dividido imaginariamente en tres
tercios, que de dentro a fuera son:
a) Tablas o adentros,
b) Terrenos del tercio y
c) Medios o afueras.
A su vez, se considera que los terrenos del toro
son los medios, y, que los terrenos del torero son los adentros.
En el momento de elegir el terreno más adecuado
para la lidia de tal o cual toro debe tenerse en cuenta su querencia.
Tanto Pepe Hillo como Francisco Montes "Paquiro"
dedican en sus respectivas Tauromaquias una especial atención a las
querencias de los toros. Es digna de tener en consideración la
afirmación que al respecto hace "Paquiro": "Toda suerte que se haga
dejando al toro libre de su querencia, además de ser segurísima, es
muy lucida, y por consiguiente, las suertes que se efectúen sin este
requisito serán expuestas y desairadas".
El toreo debe hacerse en un primer intento en el
terreno del toro, es decir en los medios, y siempre a contraquerencia
del manso, esto es, fuera del abrigo de las tablas.
Pero, todo en el torero tiene un límite, pues dicho
lo dicho, al manso, una vez intentado en los medios, se deberá
intentar en tablas, eso sí, sabiendo que le costará trabajo tomar los
muletazos en sentido hacia los medios, por lo que se revolverá en
busca de su refugio, probablemente quedándose corto, con peligro para
el diestro.
Así pues, la norma de ganar terreno al toro con el
capote, sacándolo a los medios, y de realizar la faena de muleta en
los medios, sirve como norma general, pero ya sabe: en la lidia de un
toro, dos y dos pueden ser cuatro... o no.

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Sobre el pico (de la muleta) |
|
| Por:
Alfonso Navalón
El pico de la muleta es una de las trampas que se han
“legalizado” y ahora se admite como si formara parte
de la técnica. Antes se protestaba mucho en todas las plazas.
En Madrid a José Fuentes le
hicieron cortar toda la punta de la muleta pero como la seguía
componiendo atravesada al citar siguieron protestando por el
pico. El público y los cronistas vendidos tragaron
definitivamente con este fraude en la época de
Espartaco que además de citar con el pico adelantado,
retrasaba la pierna que debería adelantar. Aquello fue una
verdadera blasfemia pero a fuerza de repetir los cronistas
como Molés y Palabrero que eso era la
poderosa técnica del toreo, ya ves que la gente se lo ha
tragado. Ahora ya casi no se protesta el abuso del pico.
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Quedan muy pocos aficionados que saben
en qué consiste esa trampa y las ventajas que da al torero ¡destoreando!
con todo a su favor. Como escribo para buenos aficionados no
hace falta explicarlo. Si al frente de los principales medios
de difusión hubiera cronistas decentes y entendidos la trampa
del pico se acabaría en poco tiempo como acabé yo con ella
desde un periódico de tirada modesta como
“Informaciones”. Bastaron unas cuantas crónicas y
unas fotos para que el público reaccionara en contra de
aquella moda y por lo menos en
Madrid ningún torero se atrevía a meter el
pico porque se ganaba una bronca. Acordaros del calvario que
pasaba Dámaso González cuando le contaban los
pases y la cantidad de años que estuvo sin poder cortar una
oreja en Las Ventas. Con unas cuantas veces
que se explicara en Televisión la trampa del pico ningún
torero volvería a usarla.

Ahora en las Escuelas Taurinas se enseña a
los chavales a torear con el pico y dicen los
“profesores” que así se torea con más profundidad y
más mando. ¡Sinvergüenzas! Ahora en las
escuelas se enseña un toreo de “defensa”.
Toreando con el pico es dificilísimo que el toro pueda coger
porque siempre está fuera del viaje natural y el torero
siempre está engañando desde el cuello o los costillares. Por
eso ahora es casi imposible que a un novillero con cierta
experiencia le den una voltereta. Ni que veamos a ningún
matador con los pantalones de un monosabio porque le habían
destrozado la taleguilla. Toreando con el pico de la muleta y
vaciando la embestida hacia fuera es casi imposible que surja
la voltereta. Lo triste es que los públicos de ahora capten
por bueno lo que no sólo es trampa y se regalen orejas por
faenas que deberían ser abroncadas de principio a fin.

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