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Historia de
Las Ventas


La plaza
El proyecto

Las otras plazas de Madrid


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Diego Mazquiarán “Fortuna”; Marcial Lalanda; Nicanor Villalta; Fausto Barajas;
Luis
Fuentes Bejarano; Vicente Barrera; Fermín Espinosa "Armillita Chico" y
Manuel Mejías "Bienvenida"

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La Plaza

El 17 de junio de 1931, por fin, se inaugura la plaza de Las Ventas del Espíritu Santo; es la “nueva” plaza, la plaza que no atrae a los aficionados, la que está cerca del cementerio y de las chabolas, y a la que el Ayuntamiento ha negado su funcionamiento al no acondicionar los accesos hasta ella. Ningún organismo apoyó la construcción de la nueva plaza, y sin el empeño personal de Joselito y la ayuda esencial de José Espeliú (arquitecto del proyecto), la “nueva” plaza no sería hoy la cuna y el hogar de tantos y tantos toreros.

El 17 de junio se celebra en Madrid la discreta inauguración de la plaza de toros de Las Ventas, aunque no será hasta 1934 cuando se inicie de manera definitiva.

No se la llamará Monumental, pero desde luego lo es; es esbelta, gallarda y bien formada; es el sueño de Espeliú, que consiguió a su muerte y que se demuestra en graciosas líneas, comodidad y ligereza; en definitiva, es “un edificio trabajado con gusto y esmero, y muy bien logrado”.

Don Pedro Rico (alcalde socialista de Madrid) organiza este primer festejo con un fin benéfico: remediar el paro obrero.

Diego Mazquiarán "Fortuna" estoqueó el primer toro

Los espadas de la tarde serán: el estoqueador vasco: Diego Mazquiarán (“Fortuna”); el gran Marcial Lalanda; Nicanor Villalta, con el mayor  récord de orejas cortadas en Madrid; el genial banderillero Fausto Barajas; Luis Fuentes Bejarano, Vicente Barrera, Fermín Espinosa "Armillita Chico" (el “Joselito” mexicano) y Manuel Mejías "Bienvenida", uno de los mejores en su época.

“Los toros, aunque venían de distintas ganaderías, parecían hijos del mismo padre, ¡qué igualdad en la mansedumbre! Los toreros, faltos de recursos y casi de deseos, muy igualitos también”. ABC, 18 de junio de 1931

Todos ellos acompañados de toros tan dispares como: los de Juan Pedro Domecq (antes Veragua), Julián Fernández (heredero de Vicente Martínez), Manuel García-Aleas, Concepción de la Concha y Sierra, Graciliano Pérez-Tabernero, Andrés Sánchez (“Coquilla”), Agustín Mendoza e Indalecio García. Los toros de Aleas y del conde de la Corte fueron retirados a los corrales y en su lugar salieron sendos sobreros de Moreno López de Villena.

Parece un buen cartel, pero el resultado artístico no está a la altura: el toro más grande y manso de la tarde le correspondió a Fausto Barajas, seguido de Fuentes Bejarano que después de hacer una magnífica faena en los medios, la desluce pinchando cuatro o cinco veces.

Difícil fue su proyecto y difícil su primera tarde, quizá es lógico,
o quizá simplemente fue mala suerte

Con el toro de Martínez pudo ocurrir una desgracia, al obstinarse éste en saltar el callejón, pero afortunadamente todo quedó en un susto anecdótico y gracioso, ya que se comentaba que el guarda que devolvió al animal al ruedo fue el que más cerca estuvo de un toro esa tarde.

Nicanor Villalta

Sólo Fortuna da una vuelta al ruedo, y ya acabando la tarde, no queda más esperanza que el magnífico Manolito Bienvenida, pero un manso ilidiable hace que la tarde termine como empezó: triste, monótona y sin demasiado color.

Don Pedro Rico ocupa la presidencia, acompañado de Guerrita, Antonio Fuentes, Vicente Pastor, Machaquito, Guerrerito, Bienvenida y Torquito, y nada más comenzar la corrida reciben una gran ovación de las 26.000 personas que ocupan el lugar, quizá por el fin benéfico de dicha corrida, quizá por las esperanzas puestas en la nueva plaza, pero dicha ovación irá decayendo poco a poco, como la tarde, y sólo se verá recompensada por la vuelta al ruedo de Diego Mazquiarán (“Fortuna”).

Pero, ¿qué podemos esperar de una plaza que ha tenido un “proyecto interminable”, de una plaza por la que nadie apostaba y en la que nadie creía, una plaza “que es un encanto, pero tiene un emplazamiento horrendo (físicamente no caben ni los coches, ni los peatones, ni los tranvías)” y que siempre va a estar a la sombra de la vieja plaza y de sus aficionados?

Difícil fue su proyecto y difícil su primera tarde, quizá es lógico, o quizá simplemente fue mala suerte. Lo que está claro es que hoy día la Plaza de Toros de Las Ventas del Espíritu Santo ha superado la resistencia de los viejos aficionados, y que pese al mal emplazamiento, su mal inicio y su difícil ascenso, es la primera plaza española y del mundo.  

 
     
   El proyecto  
 

La Plaza de Toros de las Ventas del Espíritu Santo, que ahora los madrileños ven plenamente incorporada a la ciudad, no tuvo lo que se dice un alumbramiento fácil. La resistencia de los viejos aficionados a abandonar al antigua plaza de la Carretera de Aragón, y una polémica elección de terrenos hicieron que lo que debía ser un motivo de alegría para la afición taurina de la capital se convirtiera en una agria disputa y un pesaroso proyecto. 

la plaza en construcción

En 1919 la fiesta se encontraba en un punto álgido. José y Juan, Joselito y Belmonte llenaban las plazas y la pasión por los toros se adentraba en todos los ámbitos de la sociedad española. No era pues de extrañar que las plazas se llenaran y, que en los grandes eventos de la temporada, fuera casi más la gente que se quedaba fuera que la que podía presenciar el festejo. No olvidemos también que por aquel entonces la televisión no existía, y la única forma de ver las hazañas de los grandes héroes de la tauromaquia era en directo.

El “Gallito”, que tenía mucho mando en esto de los toros en aquella época, comenzó a sugerir la posibilidad de construir plazas monumentales que dieran cabida a más espectadores de lo que lo hacían las actuales plazas. De esta forma, puso su nombre y su empeño personal en dos proyectos para la construcción de nuevos recintos en Sevilla y Madrid.

La afición taurina, como es sabido, tradicionalista como pocos sectores en el mundo, no vio con buenos ojos la iniciativa de Joselito, ni en la capital hispalense, donde la torerísima Maestranza resultaba ser un auténtico templo del arte taurino, ni en Madrid, donde la plaza de la carretera de Aragón parecía a los aficionados suficientemente grande, cómoda y perfectamente ubicada en el entorno de la ciudad.

Pese a ello, desde las altas instancias que gobernaban en Madrid,  reconocía que para algunos espectáculos la plaza se queda pequeña, así que el diputado don Juan Aguilar, seguido de muchos aficionados de la capital, presentó y abanderó ante la diputación provincial un proyecto distinto al de Joselito, en el que se proponía como la mejor solución la ampliación de la plaza ya existente.  

Joselito puso su nombre y su empeño personal en
dos proyectos para la construcción de
nuevos recintos en Sevilla y Madrid

Debido a la amplitud del ruedo y a la magnífica cimentación del viejo coso, Aguilar propuso disminuir el tamaño del ruedo de forma que se pudiera dar cabida a dos filas más en los tendidos y a levantar un nuevo piso con lo que se daría cabida a todo ese público que al calor de la rivalidad se había acercado a la fiesta de los toros. La disputa fue importante, y se involucraron en ella todos los sectores implicados y algunos más. La prensa, las agrupaciones de aficionados, las instituciones y, por supuesto, los taurinos, tenían y mostraban sin recato su predilección por uno u otro proyecto.

Fachada principal

Los defensores de la vieja plaza, argüían que el lugar en que estaba  ubicada era idóneo, que ya existía la costumbre de ir allí a los toros y que la plaza era bonita, cómoda y funcional. Por contra, el nuevo proyecto se ubicaba en uno de los peores barrios del Madrid de aquella época, el de Las Ventas del Espíritu Santo. Por allí pasaban los cortejos fúnebres que se encaminaban al cementerio próximo, allí abrevaban las mulas y los caballos y allí se encontraba también un foco de chabolismo y población marginal. Además los terrenos, por su especial situación, eran difíciles de desmontar y, en el fondo, ninguno de los organismos que había de implicarse en la construcción de la nueva plaza tenía muchas ganas de acometer el proyecto. Fue tan solo el empeño personal de Joselito, apoyado por el arquitecto del proyecto, José Espeliú, amigo personal del diestro, lo que llevó echó a andar un sueño que parecía condenado a la muerte antes de haber sido ni tan siquiera alumbrado.

La trágica muerte de José en Talavera en 1921 no hizo más que entorpecer aún más el alumbramiento de la Monumental y hasta el 19 de marzo de 1922 no fue puesta la primera piedra. Las obras se llevaron a cabo con una lentitud asombrosa y se prolongaron hasta 1929, año en el que casi sin querer se terminó la construcción del coliseo.

Con el final de la obra no terminaron los problemas. A la vista del estado de los terrenos circundantes de la plaza, el Ayuntamiento de la capital se negó a autorizar su funcionamiento, negándose asimismo a correr con los trabajos de acondicionamiento de los accesos. Con la demora que esto supuso, no fue hasta 1931, en corrida especial a beneficio de los parados, cuando por fin la nueva plaza vio abierto su portón por primera vez. Esta inauguración resulta efímera, pues sus permanecen cerradas durante los tres años siguientes hasta que en 1934 se vuelve a inaugurar de forma oficial y se convierte ya de manera definitiva en el primer recinto taurino de la capital de España y del mundo entero.

 

 
  Las otras plazas de Madrid  
  Naturalmente, ni Madrid se fundó ya con la Plaza de Las Ventas en su conjunto de edificios, ni esta ha sido la única plaza en la que se han dado espectáculos taurinos desde el inicio de los tiempos en la capital del reino. Al principio, las fiestas se celebraban en las plazas públicas, y las que tenían mayor rango se destinaban a la Plaza Mayor.

Funciones reales celebradas con motivo de la jura de Isabel IIFelipe IV considera que estas fiestas deben de tener un lugar especial y más adecuado para su celebración y así, decide dar forma al primer anfiteatro con fines taurinos de que se tiene noticia en Madrid. El recinto se situó cerca del Palacio del Buen Retiro y sólo albergó espectáculos destinados a las clases más nobles, estando vedado su uso y disfrute al populacho. Las entrañas de este primer edificio taurino eran de madera y estaba cubierta por tejados fingidos de madera teñida de rojo.

La Puerta de Alcalá

Después de este primer intento nobiliario, se construyeron varios edificios más, pero ninguno de ellos perduró en el tiempo hasta que se planificó la construcción, allá por 1740, de la plaza de la Puerta de Alcalá. La decisión correspondió a Felipe V, pese a su poco gusto por los toros, y tuvo como finalidad inicial el pagar a los ministros de la corte con los beneficios que de la plaza se obtuvieran. La inauguración tuvo lugar en el mes de julio de 1743 con una corrida de dominguillos, perros de presa y banderillas de fuego. Fernando VI, de su propio bolsillo, erige una nueva plaza en el mismo sitio en que se encontraba esta anterior. En esta ocasión el fin era mucho más benéfico para con todo el pueblo, pues la plaza se construye, según la cédula firmada en 1749 para "mayor beneficio de los hospitales generales de Madrid". Algunos años más tarde, en 1754, les cede por decreto la propiedad de la plaza, dejando a su libre albedrío la forma de explotación o arrendamiento que considerasen más positiva para sus propios intereses. Don Ventura Rodríguez y Fernando Moradillo fueron los arquitectos encargados de llevar adelante el proyecto que quedó finalizado con su inauguración el 30 de mayo de 1754.

Vista de la Plaza de la Puerta de AlcaláLa plaza de la Puerta de Alcalá sufrió posteriormente algunas reformas, de las cuales, la más importante sucedió en 1833 cuando se terminaron los tendidos de piedra para sustituir a los originales de madera. Debido a esta reforma, de un aforo inicial de doce mil localidades se quedo reducido a tan sólo diez mil asientos. La plaza disponía de ciento diez palcos más el palco real, una grada cubierta y quince tendidos. Entre sus dependencias se encontraban una enfermería, habitaciones para los conserjes y carpinteros, corrales y taller. Con gran disgusto por parte de los aficionados melancólicos la plaza comenzó a derribarse el 17 de agosto de 1874. Los motivos del derribo no fueron otros más que la expansión de la ciudad hacia la zona ocupada por la plaza.

Al observarse este movimiento urbanístico se pensó en la construcción de una nueva plaza en otro emplazamiento y así, con una operación de especulación sobre el suelo de por medio, el banquero don José Salamanca permutó unos terrenos de su propiedad situados a la derecha de la Carretera de Aragón por los que ocupaba la plaza antigua para la construcción del nuevo recinto.

La Plaza NuevaVista interior de la Nueva Plaza de la Carretera de Aragón

(ver también La plaza de mi barrio)

El diseño del proyecto corrió a cargo de los arquitectos Emilio Rodríguez Ayuso y don Lorenzo Álvarez Capra. El estreno de la plaza se llevó a cabo con una Corrida Extraordinaria el 4 de septiembre de 1874 en la que se lidiaron diez toros. Dos de la ganadería del Duque de Veragua, dos de don Manuel García Puente, otros dos de don Carlos Navarro y uno de don Antonio Hernández, don Ildefonso Núñez de Prado, don Anastasio Martín y don Antonio Miura. La lidia de los diez astados corrió a cargo de los espadas: Bocanegra, Lagartijo, Currito, Frascuelo, Chicorro, José Machío y Valdemoro.

La plaza se construyó en estilo mudéjar siendo de planta circular de la que sobresalía un pabellón central con un arco de herradura de diez metros de altura y casi cinco de ancho finamente ornamentado. La construcción constaba de tres pisos y los tendidos eran de piedra sillería. La armadura de los pisos era de hierro. Vista de la fachada principal de la Nueva PlazaEn su interior cabían trece mil once espectadores sin contar con los palcos de honor y de presidencia que añadían doscientos espectadores más a la capacidad de la plaza. Tenía dos grandes corrales cubiertos para el ganado, otro cubierto de paso para apartar reses con cuatro jaulones. Corrales para caballos, arrastradero y depósito para caballos muertos hasta el fin de la corrida. Disponía además de doce chiqueros, caballerizas para cincuenta equinos, capilla y una enfermería ejemplar para la época. Otras dependencias de la plaza de la Carretera de Aragón eran la administración con vivienda, sala de toreros, conserjería, guadarnés, taller de carpintería, habitación para el carpintero mayor (siempre ha habido privilegios), almacenes de efectos, cuarto de vaqueros y otros compartimentos necesarios para la celebración de festejos taurinos.

Esta plaza, pese a las protestas del público madrileño, dejó de ofrecer corridas en 1934, cuando se puso definitivamente en marcha la nueva plaza de Madrid, emplazada en el Barrio de Las Ventas del Espíritu Santo.

 
 

 

Como ya se ha dicho, Madrid, antes de la plaza de las Ventas tuvo otros dos cosos principales donde se celebraban corridas de toros; la plaza de la Puerta de Alcalá y la más moderna de la Carretera de Aragón.

Pero además de estos recintos, hubo otros que albergaron espectáculos taurinos, contando alguno de ellos con momentos de importancia en la fiesta e incluso de rivalidad abierta con la plaza de Las Ventas.

El 23 de septiembre de 1884 se inauguró la plaza de toros del Puente de Vallecas. Estaba emplazada a dos kilómetros de Madrid y contaba con cuatro tendidos y una grada debajo de los palcos. Tenía caballeriza, corrales, desolladero, carnicería y seis chiqueros. Tuvo una vida efímera y nunca albergó festejos de gran importancia.

Posteriormente, en 1870 se comienza a construir la plaza de Tetuán de las Victorias. El asesinato de quien era su propietario hizo que la plaza se utilizara como corral para el ganado que venía al matadero de Madrid hasta la inauguración oficial en 1900. Tenía una capacidad inicial de 7.000 espectadores, pero las sucesivas reformas la llevaron a tener un aforo de 9.000 personas. Por su ruedo pasaron diestros importantes y en él se produjo la presentación de Manolete en Madrid como novillero. Quedó totalmente destruida durante la Guerra Civil.


Manolete matando al novillo de su presentación en Madrid

Por último, pero no menos importante, se construyó en el barrio de Carabanchel la plaza de Vista-Alegre. Su obra comenzó el 10 de agosto de 1906 para inaugurarse el 15 de julio de 1908 con una corrida a beneficio de la Asociación de la Prensa con Bombita, Machaquito y Gaona. Como pasó más veces a lo largo de la historia de la plaza, algunos diestros con diferencias con la plaza principal de Madrid actuaban en Vista-Alegre para que el aficionado madrileño no sufriera las consecuencias de las disputas empresa-toreros. Después de largos años de abandono total, la plaza se volverá a utilizar durante el mes de abril de este mismo año en lo que es una muy grata noticia para los aficionados madrileños.

 
 

de Beatriz Velasco, Diego Santos  las-ventas.com  

 

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