¡Por
fin! Las centrales sindicales toman conciencia y anuncian la
convocatoria de concentraciones en toda España, ante las
delegaciones del gobierno en las comunidades autónomas, el próximo
15 de diciembre y una gran manifestación en Madrid el día 18, para
exigir al Gobierno que presente en el Parlamento políticas
sociales, para acabar con la situación de miseria que viven
millones de trabajadores y trabajadoras, porque «no vamos a
conseguir avanzar y recuperar derechos sin movilización». El
objetivo es impulsar las propuestas sindicales en la negociación
con el Gobierno y la patronal.
El
anuncio se produce un día después de la reunión del Gobierno con
los agentes sociales. «Esta es una legislatura que tiene una pata
en las mesas de diálogo, pero también tiene una pata en la calle»,
dijo Pepe Álvarez. Para el secretario general de CCOO, Fernández
Toxo, Rajoy fijó tantos límites al diálogo que se alejan las
posibilidades de solucionar los problemas de desempleo, pobreza y
pensiones. Lo cierto es que el Gobierno vive en «una realidad
paralela» al no reconocer la pobreza laboral, los bajos salarios
como tónica general y la brecha salarial entre hombres y mujeres,
asociados a las modalidades de contratación de la reforma laboral.
No hay excusas; los problemas de las
personas no pueden esperar. «Son necesarios consensos básicos que
vayan más allá de una legislatura y que recojan soluciones
urgentes y eficaces a los problemas de la ciudadanía» dice Pepe
Álvarez, secretario general de la Unión General de Trabajadores.
El Gobierno debe negociar un nuevo contrato social para restituir
los derechos sociales y laborales, en el
marco del diálogo social. Sin lucha, no hay derechos.
El
movimiento obrero, desde su nacimiento organizado, ha utilizado la
Huelga General y la Huelga General Revolucionaria o Política como
último recurso para conseguir sus objetivos: reivindicar mejores
condiciones de trabajo y derechos laborales, y en particular ante
reconversiones económicas e industriales, o crisis económicas y
financieras. También se han convocado para subvertir el sistema o
para luchar en favor de un modelo social más justo. No siempre se
han conseguido los fines propuestos y no siempre han sido
pacíficas las reacciones de los gobiernos afectados.
En
1855, el gobierno del general Espartero, sufrió la que podría
nominarse como la primera huelga general en España. No podemos
dejar de mencionar la «Huelga General Revolucionaria» de 1917, o
la que se organizó con la Revolución de Asturias en 1934. A partir
de 1939, las tinieblas franquistas, hicieron difícil la
manifestación política, social o sindical y mucho menos huelgas
generales. Imperaba la represión.
Durante
la llamada Transición, hubo algunos conflictos sindicales sin
mayor relieve, pues todo estaba centrado en el diseño del modelo
de convivencia democrática. No es hasta el 14-D en 1988, cuando se
convocó la primera huelga general de la democracia y contra un
gobierno socialista. Se convocó contra una reforma en el mercado
laboral, que abarataba el despido e instauraba unas condiciones de
contratación para jóvenes, calificadas ya entonces como contratos
basura. El seguimiento fue masivo; y doloroso para muchos
socialistas que tuvimos que optar entre secundar al partido o al
sindicato. Significó la ruptura de las relaciones fraternales
históricas entre UGT y el PSOE.
El
célebre decretazo de José María Aznar en 2002, provocó la huelga
general del 20-J, contra una reforma laboral que recuerda a la
actual. En 2007, el decretazo fue declarado inconstitucional,
cuando Zapatero ya lo había derogado en 2004. Una Huelga General
Política se convocó en 2003, contra la participación de España en
la guerra de Irak. José Luis Rodríguez Zapatero vivió su propia
huelga general contra una reforma laboral en 2010, impuesta por
las «circunstancias de la crisis económica» y las presiones que
desde Europa le impusieron. Esta huelga permitió a la ciudadanía
expresar su malestar por la deriva política del gobierno
socialista y hasta hoy.
Cuando Mariano Rajoy dijo en Bruselas, que
la reforma laboral le iba a costar «una huelga general» sabía lo
que decía. La huelga general del 29-M se convocó contra una
reforma que desmanteló los fundamentos básicos del Derecho del
Trabajo. Convirtió el despido en un recurso fácil, rápido y
barato. Eliminó derechos adquiridos y pactados en los convenios
colectivos.. Una reforma laboral contra el futuro, que aboca a un
presente de precariedad y que Rajoy quiere mantener. Hasta el
presidente de AC Hoteles,
ha cargado contra la reforma laboral de Rajoy,
que permite despedir a camareras de hotel con poca indemnización y
subcontratarlas a empresas de servicios que las explotan.
España es el país más antisocial de la OCDE.
En un informe destaca que la desigualdad aumenta, que ha crecido
el número de trabajadores pobres y que la redistribución de la
riqueza se ha estancado desde 2010. Los beneficios de las empresas
aumentan y los salarios no suben. «Los
niveles persistentemente altos de desempleo de alta duración, la
caída de los salarios reales, y la segmentación del mercado
laboral se han traducido en una disminución abrupta de los
ingresos laborales». No es cierta la
recuperación económica que nos venden. Según la OCDE en 2013 y
2014, las rentas más bajas siguieron por debajo de sus niveles de
antes de la crisis, mientras que los salarios más altos
recuperaron gran parte del terreno perdido.
El nuevo Gobierno no ofrece alternativas.
Fernández Toxo explica que Rajoy
ha marcado dos líneas rojas en lo que se refiere al diálogo social:
se puede hablar de todo mientras se cumplan los compromisos con
Bruselas y «no liquidar las reformas que se hicieron, y
funcionan». El secretario general de CCOO no se observa voluntad
del Gobierno de encarar el diálogo social. Bien venidas sean las
movilizaciones que no solo han de recaer en los trabajadores y
trabajadoras, sino en el conjunto de la sociedad, demandando
igualdad, justicia, solidaridad y más participación democrática.
No
podemos olvidar las movilizaciones del 15M y las marchas sobre
Madrid; huelgas sectoriales, movilizaciones, mareas y actos que
culminaron con otra Huelga General en toda España, porque el
Gobierno, con sus políticas de recortes y reformas, nos llevaban a
una situación de emergencia social, como ahora sufrimos. Las
movilizaciones tuvieron sus consecuencias en las elecciones
generales del 20 de diciembre de 2015. Más de cinco millones de
votantes, tuvimos la oportunidad de estar representados en el
Congreso de los Diputados por los nuevos movimientos y partidos
emergentes.
Rajoy y
el PP han desmantelado el estado social, desvirtuando la propia
democracia y el sistema de justicia para todos queda tocado.
Criminalizar las protestas y endureció el Código Penal son
síntomas de estado totalitario. Desaparecen prestaciones y
servicios públicos; destruyen el sistema de salud, educación y
protección social. Todo ha sido posible porque partidos en la
oposición, sindicatos y la mayoría ciudadana se lo hemos
consentido. Ahora es el momento de retomar la reivindicación.
Los
líderes sindicales invitan a las fuerzas políticas, especialmente
a las de izquierda, a sumarse a las reivindicaciones: «es la hora
de la unidad». El portavoz de Podemos, Íñigo Errejón, ya ha
anunciado que secundarán la iniciativa, no solo saliendo a la
calle, sino también con su trabajo en las instituciones. Desde el
PSOE, Rafael Simancas, entiende «perfectamente las razones que han
llevado a los sindicatos a convocar la manifestación». Mientras,
los medios de comunicación a lo suyo con variante: «Los sindicatos
echan el primer pulso de la legislatura al nuevo Gobierno», titula
El País. «Protestas contra los límites al diálogo socia», dice El
Mundo Según ABC, «CCOO y UGT ofrecen ruido en la calle como
respuesta al diálogo». Quien más da la nota, La Razón: «Los
sindicatos se 'podemizan' y eligen la confrontación». «CCOO y UGT
convocan por sorpresa protestas en diciembre», titula Cinco Días.
Es el momento de restablecer salarios,
recuperar derechos y libertades y recuperar la dignidad en el
trabajo en cuanto a la contratación y los derechos laborales y
sociales, así como abrir un debate con respecto al futuro de las
pensiones. Las movilizaciones y manifestación convocadas ahora,
deben ser el principio de una legislatura de lucha y
reivindicación, que prepare el camino ante una posible Huelga
General por partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales,
por el establecimiento de un modelo social democrático y
participativo, cuyos valores representen libertad, justicia
social, igualdad y solidaridad. La más importante jugada de la
derecha española, contando con la colaboración inicial del último
gobierno socialista,
ha sido la desunión de la clase trabajadora,
punto neurálgico de su fortaleza de ésta.
Ahora
más que nunca, es necesario que volvamos a las calles
movilizándonos en concentraciones, manifestaciones y denuncias,
exigiendo un cambio en las políticas del Gobierno. La movilización
tiene que ser sindical, política y social.