¿Recuerdan
ustedes al
primo de
Rajoy?, el
científico.
Rajoy
restó
importancia
al cambio
climático
aludiendo
a su primo
científico:
«Si nadie
garantiza
ni qué
tiempo
hará
mañana en
Sevilla
¿Cómo van
a decir lo
que va a
pasar
dentro de
300 años?»;
asegurando
que no se
puede
convertir
este
asunto
–del
que
ustedes me
hablan–
«en un
problema
mundial».
Pues diez
años
después,
Donald
Trump, lo
ha
convertido
en un
problema
mundial,
con su
retirada
del
Acuerdo de
París
contra el
cambio
climático,
para
frenar el
calentamiento
global y
sus
consecuencias,
con
argumentos
parecidos.
La
decisión
del
presidente
de EEUU de
retirarse
del
Acuerdo de
París, ha
sido
rechazada
por
líderes
políticos,
sociales y
empresariales
de todo el
planeta,
incluso en
su propio
país. El
compromiso
internacional
fue
alcanzado
en
diciembre
de 2015,
con la
intención
de
contener
las
emisiones
de dióxido
de carbono
y evitar
que la
temperatura
del
planeta se
incremente
más de dos
grados
centígrados
al final
de este
siglo,
algo que,
según los
científicos
climáticos,
tendrá
efectos
catastróficos.
En 2007,
Mariano
Rajoy dijo
saber poco
de este
asunto,
«pero mi
primo
supongo
que
sabrá». El
presidente
–que
sabe más
de plasma–,
ha
reiterado
el
compromiso
de España
con el
Acuerdo
del Clima
de París,
evitando
cualquier
crítica a
Trump.
Por su
parte el
flamante
secretario
general
del PSOE,
Pedro
Sánchez,
se ha
pronunciado
en las
redes
sociales,
manifestando
que
mientras
Trump «se
aísla y
fosiliza
su
economía,
Europa
tiene la
oportunidad
de
construir
alianzas
frente a
desafíos».
Desde Equo,
Juan López
de Uralde,
afirma que
la
transición
energética
hacia un
modelo
renovable
debe
seguir
adelante,
«A pesar
de Trump y
a pesar de
Rajoy».
El
Acuerdo de
París
tiende un
puente
entre las
políticas
actuales y
la
neutralidad
climática
que debe
existir a
finales
del siglo.
Es el
pacto
mundial de
lucha
contra el
calentamiento
global
firmado el
12 de
diciembre
de 2015,
dentro del
marco de
la
Convención
Marco de
las
Naciones
Unidas
sobre el
Cambio
Climático.
Lo
acordaron
195
países, la
práctica
totalidad
de los
Gobiernos
del mundo,
y el
objetivo
perseguido
es que el
aumento de
la
temperatura
a final de
este siglo
se quede
entre los
2º y 1,5ºC
respecto a
los
niveles
preindustriales.
Esa es la
frontera,
fijada por
los
científicos,
para que
las
consecuencias
del
calentamiento
no sean
tan
desastrosas.
Para
lograr ese
objetivo
se
comprometieron
a reducir
sus
emisiones
de gases
de efecto
invernadero.
Además, el
Acuerdo
reconoce
la
importancia
de evitar,
reducir al
mínimo y
atender a
los daños
y
perjuicios
debidos a
los
efectos
adversos
del cambio
climático;
y admite
la
necesidad
de
cooperar y
mejorar la
comprensión,
actuación
y apoyo en
diferentes
campos:
sistemas
de alerta
temprana,
preparación
para
emergencias
y seguro
contra los
riesgos.
En la
lucha
contra el
cambio
climático,
el Acuerdo
reconoce
la
importancia
de las
partes
interesadas
no
firmantes,
como las
ciudades y
otras
administraciones
subnacionales,
la
sociedad
civil o el
sector
privado. E
invita a
intensificar
sus
esfuerzos
y medidas
de apoyo
para
reducir
las
emisiones;
aumentar
la
resistencia y
reducir la
vulnerabilidad
a los
efectos
adversos
del cambio
climático
y mantener
la
cooperación.
Trump, que
dice
actuar «en
defensa de
los
intereses
nacionales»,
denigró el
pacto
climático
tachándolo
de
«desventajoso
e
injusto»,
además de
señalar
que
debilita
la
economía
norteamericana,
dejando
abierta la
posibilidad
de
negociar
otro pacto
que «sea
justo para
los
trabajadores,
contribuyentes
y
empresas».
Mientras,
parece que
China y la
Unión
Europea se
comprometen
con las
futuras
generaciones,
manteniendo
el
compromiso
con o sin
EEUU.
Frente a
la tibieza
de Mariano
Rajoy,
como nos
tiene
acostumbrados,
la firmeza
de los
líderes
europeos.
En un
comunicado
suscrito
por el
presidente
francés,
Emmanuel
Macron, la
canciller
alemana,
Angela
Merkel y
el primer
ministro
italiano,
Gentiloni,
calificaron
el Acuerdo
de París
como una
«piedra
angular de
la
cooperación
entre
países en
lo
referente
a atajar a
tiempo y
de forma
efectiva
el cambio
climático».
Los tres
líderes
europeos
declaran
su
compromiso
con las
obligaciones
asumidas,
incluidas
las
financieras.
Dentro de
EEUU,
numerosos
representantes
políticos,
encabezados
por el
expresidente
Barak
Obama
mostraron
su
rechazo.
Obama
acusó a su
sucesor de
haber
situado
EEUU «en
el pequeño
puñado de
países que
rechaza el
futuro».
Donald
Trum
falsea la
realidad
para
justificar
su salida
del
Acuerdo de
París,
usando
datos del
Instituto
Tecnológico
de
Massachusetts
para
menospreciar
los
compromisos
alcanzados
en París.
El
negacionismo
del cambio
climático
es más una
creencia
que una
teoría
política.
El
presidente
de EEUU
cree que
el
calentamiento
global
provocado
por la
acción
humana no
existe y
su Partido
cree que
el cambio
climático
no es un
problema;
algo
parecido a
lo que
Rajoy
defendió
en su día.
La
petrolera
Exxon
Mobil,
reniega
del
negacionismo
de Trump:
«El riesgo
del cambio
climático
es claro y
el riesgo
demanda
acción. El
aumento de
las
emisiones
a la
atmósfera
está
teniendo
un efecto
de
calentamiento».
La
española
Repsol
también ha
aceptado
que el
cambio
climático
necesita
ser
combatido,
comprometiéndose
a rebajar
las
emisiones
de sus
operaciones.
El acuerdo
de París
es un
texto
flexible,
que no
obliga
jurídicamente
a los
países a
respectar
los
objetivos
de reducir
las
emisiones
de gases
de efecto
invernadero.
Cada uno
se fija
sus
propios
compromisos
y debe
reevaluarlos
regularmente.
La
retirada
de un
miembro,
en sí
misma, no
acaba con
la
estructura
del
acuerdo,
pero
representa
un riesgo.
La salida
de EEUU
puede
invitar a
otros
países a
relajarse
en sus
compromisos.
Entre las
innumerables
reacciones
de las
ONG, de
responsables
políticos
e
investigadores,
algunos
esperan
que la
salida de
EEUU
vuelva a
movilizar
en torno
al clima a
las
ciudades,
las
comunidades
locales,
las
fundaciones,
las
empresas,
los
sectores
económicos
que ya han
entrado en
la
transición
energética.
El país
más rico
del
planeta es
también el
principal
emisor de
gases de
efecto
invernadero
y el
portazo de
Trump a la
comunidad
internacional,
para
contentar
a su
electorado
de extrema
derecha,
ha dejado
huérfano
al planeta
de un
liderazgo
mundial.
Nada hay
más
atrevido
que la
ignorancia,
y la
drástica
medida
adoptada
por el
presidente
estadounidense
y sus
explicaciones
para
justificarla
confirman
la
afirmación.
Pero no
solo es el
abandono
de la
lucha
contra el
cambio
climático.
Desde que
llegó a la
Casa
Blanca se
ha
propuesto,
con su
lema «América»
primero, hacer
añicos las
relaciones
con Europa
y los
países
vecinos de
EEUU;
ahora con
todo el
mundo.
Fiel a su
política
de
ensimismamiento,
Donald
Trump ha
decidido
que
Estados
Unidos se
desentienda
del futuro
del
planeta.
El
abandono
del
Acuerdo de
París es
una
decisión
irresponsable
cuyas
consecuencias
se harán
sentir en
todo el
mundo, y
especialmente
en EEUU.
El alcance
que tendrá
el
abandono
del
Acuerdo
va más
allá de
los
efectos
que esta
imprudente
decisión
tendrá
sobre el
cambio
climático.
El
secretario
general de
la ONU,
António
Guterres,
ha
aseverado
que
el
abandono
del
acuerdo
podría
socavar la
seguridad
nacional y
la
economía
de EEUU.
«El
Acuerdo
de París
es
esencial
para
nuestro
futuro
común. Es
importante
que la
sociedad
norteamericana
y el mundo
empresaria
se
movilice
para
preservar
el Acuerdo
de París
como
garantía
de un
futuro
para
nuestros
hijos y
nietos».
La salida
de EEUU no
tiene por
qué
suponer el
fin del
pacto de
París,
aunque
algunos
especialistas
prevén que
podría
tener
repercusiones
climáticas,
por
tratarse
el segundo
país mayor
emisor
mundial de
gases de
efecto
invernadero.
Aunque el
mayor
peligro
que
entraña la
grave
decisión
de Trump
es que se
produzca
un
efecto
llamada
a otros
países. El
reto que
se
presenta
es cómo
reconstruir
el
desafuero
norteamericano.
Trump ha
dado la
espalda a
la
comunidad
internacional,
convirtiéndose
en una
amenaza a
la
seguridad
y la
estabilidad
de la
humanidad.