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La empresa española Sacyr Vallehermoso, que lidera el consorcio que
construye la ampliación del Canal de Panamá, anuncia que suspenderá
los trabajos por los sobrecostes generados. Mientras, el pueblo,
miembros de la oposición y el gobierno panameño, consideran un
chantaje las «amenazas» e instan al Grupo Unidos por el Canal a
terminar las obras. Aquí en España, acostumbrados a tanto tejemaneje,
vemos como la «marca España» se desagua por el sumidero del Canal.
Aquí es normal que las empresas constructoras presenten un presupuesto
para ganar la obra licitada, que nunca se cumple y sufre
modificaciones continuas, hasta que el coste final no se parece en
nada al presupuesto inicial. Todo un fraude contractual, competencia
desleal, buen negocio para el empresario y ruina para las arcas
públicas. La Ley de Contratos del Sector Público, obliga a detallar en
el pliego o anuncio de licitación, de forma «clara, precisa e
inequívoca» las condiciones en que podrá modificarse, cuando el
contrato se hubiese ejecutado, al menos, «en el 20 % de su importe y
hubiese transcurrido un año desde su adjudicación». Ni con estas.
El conflicto surge en Panamá, cuando el Grupo Unidos
por el Canal de Panamá (Gupc), envía a la Autoridad del Canal de
Panamá (ACP), una nota de preaviso de suspensión de trabajos en las
esclusas de ampliación del Canal, reclamando 1.625 millones de
dólares (1.196 millones de euros al cambio de hoy) por costes añadidos
en las obras. La oferta de Sacyr y la italiana Impregilo (3.118
millones de dólares), derrotó a la del grupo estadounidense Bechtel con
Taisei y Mitsubishi (4.185 millones) y el consorcio español formado
por Acciona, FCC, ACS-Hotchief y la mejicana ICA (5.981 millones). Era
una oferta «imbatible», mil millones de dólares inferior a la
siguiente; pero ha resultado ser una chapuza a la española. Con todo,
es una mala noticia para la «marca España» y el sector de la
construcción, dependiente de las obras en el exterior.
El presidente panameño Ricardo Martinelli ha anunciado un viaje a
España e Italia, porque «Hay una responsabilidad moral de los
gobiernos italiano y español», puesto que, en aquellos momentos,
dijeron que «esto contaba con la responsabilidad solidaria de
ellos». Desea que los trabajos de la vía interoceánica «se desarrollen
bajo el contexto en el que se negociaron» porque «no puede ser que una
empresa meta una cantidad de sobrecostes tan alta en una obra que es
de la Humanidad». Al final, en manos del Rajoy, el chanchullo Sacyr,
puede que lo paguemos entre todos los españoles, al tiempo.
«No se trata de un chantaje contra la administración
del Canal, sino contra la patria», manifestaba el presidente de la
Asamblea Nacional de Panamá. El ministro de Economía agregó que «deben
cumplir a cabalidad con el contrato y sus cláusulas». La ACP rechaza
«categóricamente» las presiones de Gupc, al tener como «único
propósito forzar a negociar fuera de los términos establecidos en el
contrato». Parecen muy seguras las autoridades panameñas. Al principio
del proceso, habían dejado claro que el sistema de «modificados al
alza» no sería de aplicación en este caso, por lo que eran números clausus,
y la empresa tendría que asumir los posibles sobrecostes generados.
Con esta aventura, las acciones de Sacyr se desploman
en Bolsa. Su expresidente José Manuel Loureda, parece que vendió 2,87
millones de acciones del grupo, 11 millones de euros, (según la
Comisión Nacional del Mercado de Valores), tres días antes del
conflicto y cuando ya se conocía que Sacyr había contabilizado el
sobrecoste como ingreso (1.625 millones de dólares), reduciendo con
ello sus pérdidas. Habrá escándalo.
El Gobierno español sigue con atención este asunto y
se ha implicado en la búsqueda de una solución, que posibilite seguir
con las obras de ampliación del Canal. Tanto el Ministerio de Asuntos
Exteriores como el de Fomento están trabajando a través de contactos
diplomáticos, con sus respectivos homólogos en Panamá y con Sacyr,
para llegar a un acuerdo que ponga fin a este «desequilibrio
comercial», para ello la ministra Pastor se desplazará a Panamá esta
semana. ¿Habrá rescate? Me temo lo peor.
En las calles de Panamá, la mayoría de la gente dice:
«Saquen a la empresa y que pague la penalización». Otros se preguntan:
¿Por qué si la empresa conocía bien los pliegos de peticiones se
«corrió a juego» presentar una propuesta un millón de dólares más
bajo? ¿Acaso había un arreglo bajo la mesa? Tú ganas la licitación, en
el camino te echamos una mano, ajustas el presupuesto y a cambio me
das una rebanada del pastel. Se está vendiendo la idea de que la ACP y
el Ejecutivo serán duros con la empresa. Veremos.
Es opinión popular de que puede haber una «mano que
mece la cuna», detrás de toda la crisis y que pronto puede aparecer.
Cuentan que Panamá es un país en el que se vive de pan y circo y este
conflicto puede ser un ejercicio de despiste. La gente del pueblo anda
preocupada de que le pique el mosquito del dengue, preocupada de la
basura que nadie recoge, cansada de correr tras los autobuses, para
poder llegar a tiempo al trabajo a casa o la escuela, haciendo largas
filas, durante horas, para poder comprar comida barata.
Todo lo que parece casual, al final resulta que no lo
es tanto. En noviembre visitó Panamá el vicepresidente de EEUU, Joe
Biden. Los comunicados que explicaban la visita se contradecían. Para
Washington iba a ver el progreso de la ampliación del Canal. Para el
gobierno panameño, firmar acuerdos. Lo cierto es que Biden dijo que la
quiebra del consorcio daría a EEUU y a sus empresas carta blanca para
intervenir en la fase final de las nuevas esclusas. Había un veto
directo a las empresas chinas dispuestas a participar frente al
fracaso del consorcio español. ¿La «mano que mece la cuna»?
El Frente Panamá Soberana (FPS), denuncia que desde un
principio, cuando se anunció que el consorcio ganador del proyecto
tenía problemas financieros, se cuestionó la decisión de escogerlo por
la insolvencia de la empresa española. Cuando se supo que el consorcio
pretendió utilizar una calidad inferior a la exigida por el contrato
se planteó, sin éxito, la necesidad de revisar los acuerdos. De otra
parte el proyecto de ampliación presentado en 2006 por el gobierno
«nunca tuvo como objetivo contribuir al desarrollo del país», ni
estaba entre sus objetivos, promover las políticas de inclusión
social, ni contemplaba la incorporación del país a una dinámica de
desarrollo.
El FPS, denuncia hoy la mala gestión de los intereses
del pueblo panameño por parte de la ACP y que «la quiebra de una de
las empresas del consorcio era parte de un riesgo calculado,
irresponsablemente asumido por los gobernantes panameños». Los grandes
intereses del comercio marítimo y del poder económico, pretenden que
la solución a la debacle administrativa de la ACP, la pague el pueblo
panameño. En ello están.
Aquí en España ya estamos sufriendo la política
privatizadora y el pueblo panameño debería estar preparado, para
cualquier figura de privatización del Canal que se presente, que iría
contra la propia soberanía del pueblo y sus intereses.
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